"Para ti, que llegaste de repente y cambiaste el argumento de esta historia y el de mi vida."

martes

El frío de la noche se mezcló con las espirales de sensaciones que el alcohol me estaba provocando. Sentadas sobre un banco, charlábamos y nos reíamos de cosas sin sentido. De pronto, alguien me tapó los ojos. Toqué las manos del desconocido, intentando reconocerle. Y supe quien era. Retiré la venda de mis ojos y me giré. Y allí estaba, una vez más y como siempre: alto, esbelto, con una sonrisa de oreja a oreja, su pelo más corto y un poco más oscuro. Pero había algo que no había cambiado: sus ojos. Grandes y azules, brillantes y mirándome como aquellas tardes de verano.

Me levanté y di un paso atrás. Había olvidado lo mucho que le quería, lo mucho que me gustaba aquella sonrisa y aquellos ojos, lo mucho que había echado de menos estar cerca de él. Él, sin embargo, se acercó a mí y, sin dejar de sonreír, me abrazó.

- ¡Qué ganas tenía de verte! -dijo al tiempo que su mano me acariciaba el pelo.

Su voz sonaba efusiva, demasiado, y cuando me besó en la mejilla pude notar el olor a alcohol. Se separó un poco de mí, pero agarró mis manos, con fuerza. Yo no era capaz de mirarle a los ojos.

- ¡Ey! ¿Qué te pasa?¿Estás bien? O me vas a decir que no tenías ganas de verme...

Compuse una sonrisa forzada y solté sus manos. Pero él agarró mi cara y, de repente, me besó. Cerré los ojos, sorprendida, enamorada, ilusionada... Pero al darme cuenta de lo que me estaba pasando, me separé de él y eché a andar hacia el lado contrario.

- ¡Irene, oye, qué haces!

Aceleré el paso pero él, claramente más rápido me alcanzó.

- Oye, no te entiendo, dijiste que me querías, que estabas enamorada de mí, y ahora ¿te rajas?

Estaba temblando. No sabía que hacer, si ignorarle o explicárselo. Estaba entre la espada y la pared.

- Joder, ¿quieres por lo menos mirarme a la cara?

Me giré y, después de un año, le miré a los ojos.

- ¡Es que eres imbécil! Joder, has bebido, no sabes lo que haces y mañana cuando te despiertes ni siquiera recordarás haberme visto... No puedes pretender que después de lo que siento me dejé utilizar de esta manera. No quiero entrar en este juego, no quiero seguir sufriendo.

Le di la espalda y seguí caminando. Pero él me agarró la mano y me hizo mirarle.

- Escúchame: no te he besado porque esté borracho. Te he besado por que, joder, estaba deseando hacerlo, porque me moría de ganas de verte y no sabía qué hacer para decírtelo; llevo mucho tiempo esperando este momento, creeme.

- No digas eso. No es verdad. Estás diciendo esto porque únicamente necesitas una tía a la que tomarle el pelo, alguien que te consuele esta noche. Pero sabes, estoy harta. Y aunque me estoy muriendo de ganas de que vuelvas a besarme, aunque desearía con todo mi corazón que esto que me acabas de decir fuera verdad, no lo es. Y no puedes jugar conmigo, no es justo.

Se quedó callado, mirándome. Pude leer la vergüenza en sus ojos.

- Te juro que te quiero, Irene.

Se me empañaron los ojos.

- Me quieres esta noche, mañana te habrás olvidado de mi nombre.

domingo

Llevo casi un año pensando en cual sería la mejor forma de despedirme del 2010. Casi 12 meses, 52 semanas y 365 días. Y he dedicado al menos una hora de cada día de este 2010 a intentar imaginar otro año sin ti. Otro comienzo de año sin recibir un 'Feliz año', otra comienzo sabiendo que no voy a volver a ver esos rizos dorados, esa sonrisa que hacía que mi respiración se cortase; otro comienzo de año sabiendo que nunca me vas a volver a mirar con tus ojos azules. Cada día he sentido un pinchazo en el corazón por culpa de esos recuerdos, he derramado lágrimas, he querido borrarte, he intentado odiarte, y he llegado incluso a pensar en irme lejos. Pero ninguna de esas cosas han hecho que deje de quererte. Así que comenzaré otro año más, en mi casa, con mis doce lacasitos, mi familia gritando y felicitando el año, y yo miraré por la ventana al primer minuto del día uno de enero de este año que viene, y volveré a pedir despertarme a tu lado, oliendo tu perfume, con tus brazos rodeándome y susurrándome con esa voz que hacía que mi piel se erizara: "Tranquila, ahora ya soy todo tuyo".

Querido Santa Claus:

Como este año me he portado muy bien, me gustaría pedir algunas cosas para mis seres queridos, que en estas fechas también se lo merecen.
En primer lugar quiero que, mi hermana, Alba, le traigas un poquito de buen humor, por que siempre está de morros, y en Navidad nadie puede estar de morros. Para mi padre me gustaría un soplo de suerte, y confianza, mucha confianza; ambas cosas le ayudarán. Para mi abuela, la que está ahí aunque parezca que no, quiero que se vuelva a sentir joven, y que esté a nuestro lado mucho más tiempo. También quisiera pedirte algo para Natalia, mi hermana aunque no lo sea, la que siempre ha estado ahí, hasta cuando no podía darme un abrazo: quiero que le traigas a alguien que la haga feliz, que se enamore perdidamente de ella, que le haga el amor y ella sonría, y se sienta feliz, alguien que la trate como a una reina, que le susurre palabras bonitas y que esté siempre a su lado cuando todo acabe. Por último, quiero pedirte algo para la que, quizás, es la persona más importante en mi vida. Una persona que me ha dado la vida, me ha ayudado a crecer, como persona, física y moralmente, que siempre me ha aconsejado y siempre ha querido lo mejor para mí; una persona que, por encima de todos mis errores, infinitos, me querrá siempre. Mi madre, esa mujer fuerte, guapa y mágica, una persona que siempre te hace ver el lado positivo, la que siempre me anima a seguir con mi sueño, la que no me ha fallado, nunca, la que, cuando estoy enferma, me arropa y me hace sopas calientes, y que, cuando me vuelvo a sentir una niña pequeña, me abraza y me besa en la frente. Para ella sólo pido una cosa: que todo le salga bien. Todo. Que sea feliz, siempre, que nunca se apague su sonrisa, que sus ojos nunca se cierren, y que sus lágrimas sean siempre de alegría. Y quiero que le regales un armario lleno de ropa, para que así tenga siempre algo nuevo que llevar, que yo sé que a ella le gusta.
Por último, y cómo tú eres mágico, y puedes con todo, aquí van algunas de las cosas que quiero. Me gustaría, lo primero de todo, seguir sonriendo siempre, aunque las cosas vayan mal, aunque el mundo se esté derrumbando, no perder nunca la sonrisa, por que es lo más importante. Quiero ir a Londres, por favor, es el único viaje que llevo deseando desde que tengo memoria. Quisiera un gran árbol de Navidad, de dos metros o aún más grande, llenas de bolas verdes, azules, rojas, doradas... Lleno de luces de colores y en la punta, una gran estrella dorada; además, quiero que huela a invierno, y que esté nevado. Otra cosa que me gustaría es un vestido de fiesta, rojo, un largo vestido de color rojo, con unos preciosos zapatos negros, elegantes, pero bonitos.
Además de esto, te pido una última cosa, por favor. Quiero conseguir mi sueño. Quiero acabar mi carrera con buenas notas y quiero dirigir mis propias películas, quiero que la gente vea mi talento, quiero vibrar con los rodajes, quiero cortar las escenas por un fallo en el diálogo, quiero que me inviten a la gala de los Goya, del Festival de San Sebastián, de los premios del Cine Europeo y de los Óscars. Quiero conseguir mi sueño, quiero ser directora de cine, por favor.
Gracias, Santa Claus, sé que son muchas cosas, y difíciles, pero también sé que tú podrás conseguirlo.

Feliz Navidad

Irene

miércoles

Había experimentado toda clase de sentimientos hacia él: amor, ira, lástima, angustia, melancolía, felicidad... Pero nunca esto. Ese sentimiento de que ya nada importa, de que todo da igual, de que sabes que, hagas lo que hagas y pase lo que pase, nunca le vas a olvidar. Por que es imposible borrar a alguien que se ha grabado a fuego en tu corazón. Es imposible olvidar las caricias, las miradas, las sonrisas, los momentos compartidos, los abrazos, los besos... Es imposible olvidar a tu primer amor. Por eso ya nada importa, todo me da igual. Sé que lo ha de pasar pasará, y lo que no, no. Mientras tanto seguiré aquí, esperando, quizás otro año más, o quizás no. Tal vez, el día que el destino quiero que nos encontremos, sea capaz de mirarle a esos ojos azules y, por fin, decirle: "Ahora ya no te quiero".

domingo

Eran las doce de la mañana cuando la puerta de la cafetería se abrió. Levanté la mirada de mi ordenador y, como cada miércoles a las doce de la mañana, mi corazón se olvidó de latir. Un chico alto y esbelto entró en la cafetería; llevaba aun abrigo de pana negro con las solapas levantadas para protgerse del frío Diciembre que azotaba las ventanas. Echó un vistazo a la cafetería buscando un sitio en el que sentarse. Cuando sus ojos recorrieron mi mesa, me lanzó un sonrisa y levantó la mano en forma de saludo. De repente, mi corazón aceleró el pulso y noté como mis mejillas enrojecían. Sonreí y le saludé con la cabeza.
Se dirigió hacia su sitio mientras mi mirada le seguía, recorriéndole de arriba abajo, recordando aquellos momentos que, diez años atrás habíamos pasado. Todavía me dolía pensar en aquel verano que habíamos pasado juntos, el mejor verano de mi vida, el verano en el que me había enamorado por primera vez.
Cuando se sentó, una de las camareras se le acercó y el le pidió lo de siempre: café con leche y napolitana. La camarera, alta, rubia y llena de curvas, no dejó de lanzarle insinuantes miradas, pero él parecía no inmutarse. Como siempre, sacó su ordenador y, al cabo de dos minutos, parpadeó en mi portátil el chat. Volvíamos al juego de cada miércoles.
- ¿Qué te pasó el miércoles pasado? Te eché de menos... - Me escribió.
Se me encogió el corazón. Mi padre había muerto hacía una semana, y por eso había faltado a nuestra "cita" de siempre.
- No me pasó nada -tecleé- simplemente no me apetecía venir.
- No me lo creo.
"No quiero que lo hagas." pensé. Me di la vuelta para mirar hacia su mesa. Él hacía lo mismo. Me miraba sonriendo, con aquella sonrisa que tanto me gustaba y que aún seguía grabada en mi mente a fuego. Su pelo estaba más corto y más oscuro, debido a la falta de sol, pero aún conservaba sus divertidos rizos de color rubio. Y sus ojos... aquellos ojos azules que se clavaban en los míos y que me hacían perder el control. Aquellos ojos azules en los que tantas noches me había perdido. Los ojos azules de los que me había enamorado con diecisiete años y que, diez años después, aún imaginaba que estaban a mi lado.
Volví a mi ordenador, intentando disimular el dolor que me producía recordar lo intenso que podía ser el amor de dos jóvenes de diecisiete años.
Diecisiete años... El verano de 2009, mi último campamento de verano. Lo recordaba como si hubiera sido ayer. Le conocí la primera mañana, mientras estábamos en la playa haciendo las pruebas de natación. Sentados en la arena, empezamos a hablar. Era simpático, muy simpático. Siempre bromeaba, y no sé que tenía, pero siempre conseguía sacarme una sonrisa. Y no sólo eso, sabía escuchar. En un mes fue la persona que más me ayudó y escuchó. Siempre aconsejándome bien, siempre intentando ayudarme, y siempre con esa sonrisa dibujada en su cara.
Sólo había sido un mes, pero había sido un mes maravilloso, nuestro mes, nuestro verano, nuestro primer amor de verano. Una relación efímera, pero intensa, llena de besos, caricias y abrazos pero también de discusiones que, al final, siempre acababan en otro beso. Un amor de dos adolescentes.
Mis ojos se empañaron y parpadeé para contener las lágrimas. No había dejado de quererle. En esos diez años, ni un día había dejado de pensar en él. No había olvidado aquellas frases que, escondidos entre las sábanas nos habíamos susurrado; no había olvidado las tardes tumbados en la arena, mirándonos el uno al otro, sin decir absolutamente nada; no había olvidado que había sido el primer chico del que me había enamorado, porque le había querido demasiado...
Había sido la persona más importante para mi durante mucho tiempo pero ahora... Ahora ya no era nadie para mi. Cerré mi ordenador, saqué el dinero y lo dejé sobre la mesa. Me levanté de mi sitio y, sin mirar atrás salí de la cafetería.
En la calle llovía y el viento azotaba con fuerza en los cristales de todos los locales. Respiré profundamente y me eché a caminar. Cuando llegué al final de la cristalera de la cafetería, eche una mirada al interior de la cafetería. Desde su sitio, me miraba con sus ojos azules, interrogante. Le sonreí y él hizo un amago de levantarse, pero negué con la cabeza.
Ya se había acabado. Ya no volverían los miércoles a las doce, ni el verano del 2009, ni los ojos azules... Le dije adiós con la mano y seguí caminando, sin mirar atrás, para olvidar, por fin, aquello que ya nunca volvería a ser.

sábado

- ¿Sabes? -me miró de soslayo, con esa mirada suya que tanto me gustaba-. En el fondo siempre lo he sabido, pero creo que me daba miedo admitirlo.

Alargó su mano y la apoyó sobre la mía. Le miré interrogante.

- ¿De qué hablas?

Sonrió. Como siempre, se me paró el corazón.

- ¿Recuerdas cuando las Navidades pasadas me dijiste lo que sentías por mí...? -dejó la pregunta en el aire.

Agaché la cabeza, sonrojándome. Claro que me acordaba, y era un recuerdo que me hacía muchísimo daño.

- En aquel momento pensé que no me importaba nada lo que tú sintieses, y así fue hasta que en verano, vi esas fotos que tenías con un tío... Quise pegarle una paliza.

Le miré, abriendo mucho los ojos.

- ¿Y eso por qué? Tú estabas con tu novia, ¿no? Y se supone que daba igual que yo estuviera enamorada de ti...

Se rió y sacudió la cabeza.

- Eso mismo pensé yo. Pero en aquel momento, me paré a pensar, en aquellas dos semanas que habíamos pasado juntos, todo lo que habíamos compartido... Y me di cuenta de que no quería perderte.

Se acercó a mí.

- Ahora lo sé, he tardado un año en darme cuenta, pero ahora sé que, pase lo que pase, quiero estar contigo. Y es por que te quiero.

Acercó su rostro al mío y, después de tanto tiempo, me besó. Y fue lo único que me importó, a pesar de que sabía que aquello era sólo un sueño y que, en cuanto nos separasemos, todo desaparecería, y nada de eso habría sido real.

- Feliz cumpleaños, con un par de meses de atraso -sonrió.

Y entonces, me desperté.

martes

Hoy es tu cumpleaños. Es tu día. El día en el que te haces mayor de edad, el día en el que sólo tú importas. El día en el que me gustaría estar a tu lado y poder tirarte de las orejas y felicitarte. Pero sé que es imposible, que estás muy lejos de aquí, y que lo más seguro es que no nos volvamos a ver. Así que, aquí está, mi pequeño regalo de cumpleaños: contarte porque eres tan especial para mí. Y supongo que debo empezar por el principio...

Fue hace ya un año, en verano. Era por la mañana, estábamos en la playa, haciendo unas pruebas cuando, por casualidad, comenzamos a hablar. Fue esa primera vez que vi tus ojos azules que supe lo importante que serías para mí.
Eras la persona con la que mejor me llevaba. Nos reíamos muchísimo, siempre con nuestras bromas. Doce días, solamente. Los mejores doce días de mi vida porque los pasé a tu lado.
Los días se me pasaban volando a tu lado, y cada vez que pensaba en volver a mi casa, notaba un fuerte dolor en el pecho. No quería que aquella amistad terminase nunca.
Intenté forjar una muralla dentro de mí, pero fuiste más fuerte que yo, y conseguiste colarte dentro de mi corazón.
Cuando me di cuenta de lo que estaba pasando, intenté borrarte de mi mente, sacarte de mi corazón, luché contra aquella que había empezado a nacer. Pero no pude remediarlo.
Imaginé tantas cosas... pero ninguna se hizo realidad. Tú y yo éramos sólo un producto de mi imaginación, nada más. Nunca llegaríamos a caminar juntos de la mano, nunca llegaríamos a besarnos, nunca llegaríamos a susurrarnos palabras cariñosas...
Día a día, me fui enamorando de ti. Sé que pensarás que soy rara, por que fue tan rápido todo, tan fugaz, que ni siquiera recuerdo cuando acepté el hecho de que lo único que quería era estar a tu lado.
Acabó el verano, y con ello, aquella amistad que en doce días me habían hecho enamorarme de un chico tan increíblemente especial como tú.
De repente, todo había acabado. Cada uno por su lado, cada uno su instituto, sus amigos, sus problemas...
Entonces me di cuenta de una cosa: no quería perderte. Y me arriesgué, por que tú me habías dicho "El que no arriesga no gana"; y yo me arriesgué, y perdí. Perdí tu amistad, perdí hablar contigo, perdí pasar aunque fueran cinco minutos a tu lado, perdí mirarte a esos ojos azules e imaginarme como tantas otras veces que tú sentías lo mismo por mí. Perdi mucho.
Sin embargo, un año después, no me arrepiento de nada. Hace un año tú no sabías nada, y hoy lo sabes todo. Pero para mí, lo más importante, es que tú seas feliz. Y si tú eres feliz con otra persona, a mi me da igual. Si eres feliz viviendo tan lejos a mi me da igual. Por que, lo único que he deseado durante este año, es que tú seas feliz.

Y ya está, se acabó. Esta es mi felicitación de cumpleaños. No es mucho, pero tampoco es nada. sólo quiero que sepas lo que has significado para mí. Gracias por hacerme entender tantas cosas.

Feliz cumpleaños, ojitos azules.
Abrí los ojos lentamente. Una luz blanca me cegó. Parpadeé un par de veces hasta que, por fin, me acostumbré. Estaba acostada en una cama que no conocía, en una habitación que tampoco conocía y a mi lado, sentado en una silla estaba él. Dormía profundamente. Sus brazos estaban sobre la cama, y su cabeza apoyada en ellos. Alargué mi mano para acariciarle el pelo. Se revolvió en sueños, pero no se despertó. Deslicé mi mano hasta apoyarla sobre su mejilla: tenía la piel muy fría. Le miré enternecida. ¿Cuánto tiempo debía de llevar a su lado?
Con cuidado le cogí la muñeca izquierda, en la que llevaba un reloj, y miré la fecha: lunes. Habíamos tenido el accidente el domingo por la mañana. Suspiré y me acomodé en la cama, sin soltar su mano.
Habíamos quedado para vernos, después de diez meses sin tener noticias el uno del otro. Cuando le vi al otro lado de la calle, no pensé en nada. Sólo pensé en él, en sus ojos azules, en su sonrisa, en sus rizos de color trigo, en su perfume… Crucé la calle, sin mirar si venía algún coche. Y lo único que recuerdo es el sonido de un claxon, sus ojos azules atemorizados y un fuerte golpe.
Examiné mi cuerpo, pero sólo encontré un par de moratones en las piernas y un corte en el brazo. ¡Qué suerte había tenido!.
De repente, alguien agarró mi mano. Giré la cabeza y le vi. Había despertado. Me miraba fijamente, con sus ojos azules empañados en lágrimas. No tuve tiempo de reaccionar; se tiró sobre mí y me besó. Nunca me había sentido así, tan viva, tan contenta, con tantas ganas de vivir. Eran aquellos besos suyos, no había duda.
Cuando nos separamos, él seguía llorando. Le miré fijamente. Tenía la cara muy pálida, blanca como el papel, unas ojeras muy marcadas y una expresión de dolor que me asustó. Me incorporé y le abracé. Él hundió su cabeza en mi pecho y comenzó a sollozar.
- Ey, estoy bien, ¿ves? No ha pasado nada, todo va a salir bien, estamos juntos, por fin –le dije cariñosamente.
Pero él no paraba de llorar. Y cada vez con más ganas, con más angustia, con más dolor. Le cogí el rostro con ambas manos y le obligué a mirarme. Pero de pronto, noté como si, entre mis manos, no hubiera nada más que aire, sólo era una sensación, sentía su piel en mis palmas, pero no lo podía tocar.
Sus ojos azules me miraron.
Lo siento, lo siento mucho… Lo hice para salvarte. Te vi allí, en medio de la carretera, ese camión enorme yendo hacia ti… Sólo quería protegerte y sin embargo… -su voz se quebró.
Y, de repente, lo entendí todo. Yo estaba sana y salva. Y lo estaba porque él había arriesgado su vida para salvar la mía.
Sentí como mi corazón se rompía en mil pedazos, e intenté retenerle a mi lado. Pero su imagen se iba difuminando cada vez más.
- Te quiero mucho –su voz sonó lejana, casi como el sonido del viento-. Adiós.
Y entonces, se fue. Ya no estaba a mi lado. Su imagen desapareció y sólo sentí en mis manos el rastro de su tacto, de su piel, de aquel perfume. Y cerré los ojos, y vi sus ojos azules mirándome. Y, entonces, me dormí para siempre, con aquella mirada del color del cielo a mi lado.

viernes

Te has ido. Al final, lo has hecho. Ni un mensaje, ni un “bueno, ya nos veremos”. Nada. Te has marchado, 500 km lejos de mí, y ahora sé que esto nunca debió empezar. Ahora sé que no ha valido la pena arriesgar por ti, que no ha servido de nada intentar mantenerme visible ante ti. Para ti, yo no he significado nada. ¿Y sabes qué es lo peor de todo?. Que duele, duele muchísimo. Al enterarme ni siquiera he reaccionado. Me he quedado parada, y de repente lo he entendido y todo se ha roto en mil pedazos. Pero ésta ha sido la última vez que lloro por ti, porque de ahora en adelante, tú no eres nadie para mí. Adiós, hasta nunca.



“Gracias por curarme de mi ridícula obsesión por el amor.”

miércoles

- Espera, ¿de verdad piensas lo que has dicho?
- Sí. Cuando tu tío me echó yo...
- ¡¿Qué?! ¿Que te echó? ¿No llegasteis a...?
- ¿Por qué te sonríes?
- ¡Porque no pasó nada!¡Todo esto es por nada!
- No, no es por nada, no lo hice, ¡pero lo habría hecho!
> Quiero lo que tienen Dorota y Vanya: amor de verdad. Amor puro y simple.
- Te aburrirías a los cinco minutos.
- Mejor aburrida que avergonzada de mi misma.
> Haría cualquier cosa por ti, pero ¿y si eso es malo?. Nunca pensé que fuera posible querer demasiado a alguien pero puede que sí. No me gusta en lo que me he convertido.
- Espera, Blair, no me dejes tirado, tenemos que llegar hasta el final.
- Éste es el final, Chuck.

jueves

¿Sabes qué es lo que quiero? Quiero alguien que esté a mi lado hasta cuando nadie sea capaz de estarlo, que me entienda incluso cuando yo no me entiendo, que por las mañanas, al levantarme, me diga lo guapa que estoy. Alguien con quien compartir la pasta de dientes, alguien que me mire, que se eche mucha colonia, que sea alegre y divertido, que sepa contar los días de la semana con los dedos de los pies y no con los de la mano; alguien que al acostarse me dé las buenas noches, alguien que cuente las estrellas por mí. Alguien que teclee muy rápido, que huela a lluvia y a quien le guste el chocolate tanto como a mí, que se ría cuando me ponga celosa, que me preste sus camisas, que use gafas de sol. Alguien a quien le gusten las películas de terror, alguien que me bese bajo la lluvia y me refugie bajo su paraguas, alguien que compre una botella de fanta para compartir, que me escriba cartas en color rojo, que use gorros, alguien que adore a los perros tanto como yo, que duerma en calzoncillos, que no se depile las piernas, que le guste leer. Alguien que en las noches de tormenta me abrace muy fuerte, alguien que escuche la música de los 70, alguien que se siente en el sofá con una manta, alguien que se lave 5 veces al día los dientes, alguien que me lea un cuento antes de irme a dormir, alguien que cuando me ponga histérica me grite, que juegue a la consola, que lleve una pulsera y que use boxers. Alguien que en los días que estoy fea me diga que estoy preciosa, alguien con quien viajar a Londres, alguien que me eche crema solar, que le gusten los polos de fresa. Alguien que llore conmigo, que me sonría, que me grite, que me cante, que me componga una canción, alguien que me provoque fiebre. Alguien que unte la tostada con mantequilla y mermelada, y luego me la deje morder, alguien que use sudaderas anchas, alguien a quien le guste el color verde, que fume, que le guste la historia, que sepa hablar italiano. Alguien que se quede dormido viendo los programas del corazón, alguien que compre el periódico todos los domingos, que le guste el vodka con limón, que esté guapísimo con esmoquin. Alguien que tenga miedo al fuego, que le guste el campo, que masque chicles de menta, alguien a quien le guste caminar por la playa, los niños pequeños y las pizzas. Alguien con quien compartir secretos, alguien que de vez en cuando me llame ‘’princesa’’, alguien que llore, que toque el piano, que tenga la voz grave y se le note la nuez. Alguien que beba el agua a morro de la botella, alguien que odie el pescado, que use calcetines de colores, que me mire a los ojos, que se bañe con mucha espuma, que le guste la fotografía. Alguien que tenga las manos bonitas, que me de besos de esquimal, alguien que cierre los ojos y siga viendo. Alguien que sea olvidadizo, torpe y no tenga vergüenza a cantar en público. Alguien a quien le gusten los besos en la oreja y que le susurren al oído, a quien le guste la filosofía y que entienda a Platón, alguien que sepa hacer tartas. Alguien que cada día me haga saber que me quiere.

lunes

Un año. Ya ha pasadoun año. Es increíble, ¿verdad?. Ha pasado un año desde el día en el que te conocí. Y te prometo que recuerdo ese día como si lo estuviese viviendo ahora mismo. Era por la mañana, y estábamos en la playa, haciendo las pruebas, de repente tú mencionaste lo fácil que parecía y comenzamos a hablar. Y te juro que, cuando, por primera vez, puse mi mirada en tus ojos azules, supe que ya nunca podría borrarlos de mi corazón. Puede que suene cursi, romántica o infantil, y seguramente esos sean los tres adjetivos que mejor me definan, pero es así, y no puedo evitarlo.
Durante todo este año he pensado en ti, he llorado por ti, me he reído contigo, he escrito sobre ti, me he acordado de ti, he soñado contigo... Y ha sido un tiempo que he perdido. Aún no soy tan valiente como para mirarte a esos ojos azules y decirte lo que te dije en Navidad, en un mensaje, simples palabras que no tuvieron valor alguno para ti. No he sido capaz de ponerme frente a ti y decirte que estoy enamorada de ti, que te quiero y que quiero pasar contigo el resto de mi vida. Suena antiguo y estúpido, lo sé, pero nunca me he considerado una persona moderna, que no cree en el amor y que prefiero coquetear con un tipo cada día. Para mí, el amor existe, y sé que todos tenemos una media naranja esperándonos en algún sitio.
Durante este año, durante estos 365 días he creído que tú eras esa persona especial, mi media naranja, pero hoy, un año después, me he dado cuenta de que no vale la pena seguir pensando en ti. Simplemente por que alguien que te ignora durante nueve meses no puede ser mi alma gemela, estoy segura.
Ojalá nunca te hubiera conocido, ojalá. No habría desperdiciado todo este tiempo pensando en que un año después, tus ojos azules brillarían por mí. Nunca más volveré a pensar en ti, ya no.
Adiós.


viernes

Yo elegí quererte y todas las consecuencias que eso conlleva, elegí que tu fueses la persona que llenase mis días de sonrisas, elegí que tu olor era el que mejor le venía a mis sabanas, yo elegí que me comieras a besos, elegí también tu voz al otro lado del teléfono. Elegí llorar por ti de vez en cuando, elegí creerme tus verdades y creerme a medias tus mentiras. Elegí que no quería otros abrazos, que no quería otras manos agarradas a las mías, que no quería ver por la mañana otra cara que no fuese la tuya. Elegí nuestro mes del año y nuestro día del mes. Elegí que tú fueras mi locura y mi cordura, elegí llenar el silencio de la noche de nuestra risa. Elegí las idas y venidas, las despedidas. Elegí la impotencia, la incertidumbre. Elegí el miedo a fallar y los impulsos, elegí las miradas, elegí temblar, elegí hacerme adicta a sus palabras, al corte de tu voz. Elegí conservar intacto cada momento, y dejar huella de lo que algún día fue. Elegí que mi mayor hobby era verte dormir entre sabanas blancas, elegí no callarme nada, elegí darte todo, elegí hablar de nosotros cuando hablaba de ti, elegí ser fuerte y luchar por un solo motivo. Elegí darte todas mis oportunidades, elegí quedarme con tus manías, tus defectos y tus carencias. Elegí la pasión a gran escala, elegí estremecerme solo y únicamente con tus caricias, elegí no ponernos límite. Elegí el sabor agridulce de las discusiones que acababan en abrazo, elegí derrumbarme cuando ya no aguantaba más, elegí encontrarte en lugares donde nunca estarías, elegí seguir queriéndote aún enfadados. Elegí arriesgar y jugármela por ti. Y no me arrepiento de nada.

jueves

- Ojalá no nos hubiéramos conocido, nada de esto habría pasado...
- Pocahontas, mírame. Preferiría morir mañana que vivir cien años sin haberte conocido.

- Quiéreme, ¿capaz o incapaz?
- Capaz, por quererte iría hasta el mismísimo infierno

viernes

Hoy es mi cumpleaños. Hoy, cumplo 18 años. Una cifra importante, ¿Verdad?. Y todo el mundo me dice: "Celébralo a lo grande". Una gran celebración, mucha gente, regalos especiales... Y sin embargo, lo único que ha rondado en mi cabeza durante estos días ha sido... esos ojos azules, ¿se acordarán de mi cumpleaños? Como siempre, estoy segura de que no, de que estará en Australia, pasándoselo genial, dejando mcuhos corazones rotos a su paso y disfrutándolo. Pues he de decirte que, para mí, ese sería el mejor regalo de cumpleaños. Gracias por nada.






Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz, me deseo a mí misma, cumpleaños feliz....

martes

¿Qué siginifica "me gustas"?. Porque estoy intranquila. Da escalofríos. Ríe. ¡Eso son ganas! ¡Soy feliz! ¿Un sueño...? Parece que no teme a nada. Lo supe por primera vez. Lo sé. Quiero estar siempre contigo. ¡Tonto! ¡Ah! ¿Qué voy a hacer? ¡Es insoportable! ¿Aunque me traiciones? Maravilloso. ¡Yo no soy así! Se lo diré. Quiero escapar. No puedo dormir. ¡Me gustas mucho! ¡A ponerse las pilas! Está alegre... No servirá de nada. Soy yo la que quiere llorar. No hay quién entienda a los chicos. ¿Mona? No es lógico. ¡Ja, ja, ja!¿En serio? ¡Confío en ti! ¡Fíjate en ti misma! ¡¿Y te consideras una mujer?!

¿Hay algún sentimiento que no hayas experimentado?

jueves

Noche cerrada. Miradas avergonzadas que se cruzaban. Dos corazones latiendo aceleradamente. Palabras que intentaban salir. Y por fin, él alzó sus ojos azules y me miró.
-Tenemos que hablar.
Lo soltó así. De repente. Sin ningún motivo. Después de no habernos visto en diez meses había tenido la “buena” suerte de encontrarme con él. Y había insistido en hablar conmigo. ¿De qué? Eso es algo que nunca entenderé.
Levanté la vista y le miré fijamente. Sus ojos azules despedían un brillo extraño… vergüenza. Sí, eso es lo único que veía.
-No sé de qué quieres hablar-quizás fui muy brusca, pero estaba enfadada, muy enfadada.
Él río nervioso y se acercó a mí. Tenía las manos escondidas en los bolsillos y se miraba a los pies. Estaba histérico.
-No me lo pongas más difícil, por favor- me miró una vez más con sus malditos ojos azules.
Aparté la mirada y me crucé de brazos. Me pareció ver como sonreía y dio otro paso hacia mí, al tiempo que, con sus manos, me hacía girar la cara.
-Es algo serio,- sus ojos azules se clavaron en los míos. No recordaba lo mucho que me gustaban…- así que mírame a los ojos por una vez.
Tragué saliva. Él resopló.
-Mira, ya sé que ha pasado mucho tiempo desde que tú…
-Diez meses –le interrumpí de forma cortante.
-Está bien, han pasado diez meses. Diez meses desde que la última vez que te vi, diez meses desde que me dijiste que estabas enamorada de mí, diez meses desde que cada mañana, al despertarme pienso en ti, en cómo estarás, en si me seguirás queriendo o me odiarás…
Seguía mirándome a los ojos mientras yo enrojecía.
-Lo siento. Lo siento muchísimo. Está bien, no me di cuenta de que al evitarte te hacía daño. Sólo pensé en mi mismo, pero ahora es distinto. Me he dado cuenta de muchas cosas durante todos estos meses.
“Eres un idiota, eres un idiota, un maldito y desgraciado idiota que me partió el corazón.” Me repetía a mi misma.
-Han pasado diez meses, sí. Y han sido los peores diez meses de mi vida porque tú no has estado a mi lado.
Levanté la cabeza y le miré. Y por fin, después de tanto tiempo, vi en sus ojos azules lo que había deseado ver hacía tiempo.
-Te quiero. Me ha costado entenderlo y, sobre todo, me ha costado decírtelo, pero es la pura verdad: estoy enamorado de ti.
Ahora era yo la que no sabía cómo reaccionar. Me quedé parada, perpleja, mirándole fijamente a los ojos, a aquellos ojitos azules que me miraban esperando una respuesta. Por dentro me sentía feliz, quería besarle, abrazarle y no separarme de él nunca más. Pero mi orgullo era más fuerte que todo aquello.
- ¿Y qué quieres decir con eso, eh? ¿Te crees que todo es tan fácil? ¿Qué ahora vienes y me dices “te quiero, estoy enamorado de ti” y yo me voy a tirar a tus brazos? Las cosas no son así.
Me di la vuelta, dispuesta a marcharme, pero él me agarró el brazo, reteniéndome.
-Por eso te quiero.
Le miré.
-Te quiero porque eres tú misma, porque eres más fuerte que todo esto; te quiero porque en estos momentos estás deseando besarme, y por tu maldito orgullo lo estás evitando a toda costa; te quiero porque, cuando te ríes, parece que una parte del mundo, aunque sea muy pequeña, es mejor. Te quiero porque eres pura magia, porque eres la mejor persona que he conocido nunca. Estoy loco por ti.
Por una vez sonó sincero. Me acerqué a él y le abracé, le abracé tan fuerte que parecía que nos quedaríamos así siempre. Nunca había imaginado que, por fin, aquellos ojos azules me iban a querer a mí. Y ahora eran míos, al fin, mis ojos azules estaban a mi lado.

martes

Todo me recuerda a ti. Sigues aquí dentro, en algún lugar de mi corazón, quemándome, arañándome, expandiéndote… No sé qué hacer para sacarte de ahí. No puedo evitar caminar por la ciudad y verte en cada esquina, verte caminando hacia mí, tan guapo como siempre, tus rizos teñidos de dorado por el sol, tu preciosa y tímida sonrisa dibujada en tu cara, y tus ojos azules mirándome como si fueras mío. Cada esquina, cada edificio, cada árbol, cada paso que doy me recuerdan a ti. A ti y a esos malditos ojos azules que siguen clavados, mirándome, como aquella primera tarde de verano en la que cambiaste mi vida. No puedo olvidarte; no puedo, pero tampoco quiero.

lunes

Felicidad en estado puro, brutal, natural, volcánico, qué gozada, era lo mejor del mundo... Mejor que la droga, mejor que la heroína, mejor que la coca, chutes, porros, hachís, rallas, petas, hierba, marihuana, cannabis, canutos, anfetas, tripis, ácidos, lsd ,éxtasis... Mejor que el sexo, que una felación, que un 69, que una orgía, una paja, el sexo tántrico, el kamasutra, las bolas chinas... Mejor que la nocilla y los batidos de plátano... Mejor que la trilogía de George Lucas, que la serie completa de los Teleñecos, que el fin del Milenium... Mejor que los andares de Ally Mcbeal, Marilyn, la Pitufina, Lara Croft, Naomi Campbell y el lunar de Cindy Crawford... Mejor que el pequeño paso de Amstrong sobre la Luna, el Space Mountain, Papá Noel, la fortuna de Bill Gates, las malas experiencias cercanas a la muerte, la resurrección de Lázaro, todos los chutes de testosterona de Schwarzenegger, el colágeno de los labios de Pamela Anderson, mejor que los excesos de Morrinson... Mejor que la libertad... Mejor que la vida.



Jeux d'enfants

jueves

Dos de la madrugada. Noche de San Juan. Una de esas noches memorables, que esperas cada año que lleguen para pasarlo bien, celebrar el fin de las clases y la llegada del verano: una noche mágica. Sin embargo, para mí no fue mágica.
Después de dos horas de beber y reír, notaba el alcohol fluyendo de arriba abajo. Lo notaba palpitar en mis venas. Me sentía eufórica y eléctrica. Tenía ganas de reír, de gritar, de saltar, de cantar… Pero sobre todo, tenía ganas, muchísimas ganas de él. Saqué el móvil del bolsillo y busqué su nombre en la agenda. La respiración se me cortó. ¿Qué debía hacer?. Sabía lo que me jugaba llamándole, sabía que volvería a caer, que otra vez aquello que me había llevado tantos meses esconder volvería a aparecer, sabía que oír su voz sólo me haría daño… Pero aún así, las ganas vencieron mi pequeña muralla. Pi, pi, pi… El teléfono conectó y de pronto… “¿Diga?”. Colgué. Sólo había sido una palabra. Un segundo. Pero ya había conseguido hacer que mi corazón acelerase aún más el ritmo. Guardé el móvil en el bolsillo y di un trago más del vodka con limón que sostenía con la otra mano.
Y de repente allí estaba. Quieto, frente a mí, y sujetando el móvil a la altura de la oreja. Y, oh Dios, estaba tal y como le recordaba. Su pelo estaba un poco más corto y oscuro, pero seguía manteniendo aquellos divertidos bucles trigueños. Había crecido un par de centímetros e incluso su cara parecía más adulta. Y sus ojos… aquellos ojos azules que me miraban con incertidumbre. Por un momento ambos nos quedamos quietos. Yo no sabía qué hacer, qué decir, cómo actuar… Fue él quien tomó la iniciativa. Avanzó hacia mí y se paró apenas unos centímetros cerca de mí. Noté como mis ojos se empañaban en lágrimas. Intentaba contenerlas. No podía llorar, tenía que ser fuerte. Pero no lo fui. Solté el vaso y me llevé las manos a la cara. Y comencé a llorar, no sé muy bien por qué, pero lloré como nunca antes… Oí como su respiración se aceleraba y entonces, con dulzura, apartó mis manos, me agarró el rostro con ambas manos y, por primera vez en diez meses me besó. Y fue el mejor beso de toda mi vida. Me dejé llevar, me perdí en aquel beso, en nuestro beso, bebiendo de él. Me abrazó con fuerza y yo le acaricié el pelo, enterrando los dedos en sus rizos. No puedo describir cómo me sentí.
Pero él se separó, se separó con brusquedad y sequedad. Se dio la vuelta, dándome la espalda.
-Esto es todo lo que puedo darte. No esperes nada más de mí. Deberías haber entendido que nunca seré tuyo.
Se giró para mirarme por última vez, me miró con sus ojos azules, y por primera vez, no vi en ellos la belleza que siempre había creído ver; lo que vi fue que, aquellos ojos azules, no estaban dispuestos a estar a mi lado, nunca.

lunes

Quiero que me hagas una promesa: quiero que, por una vez, me mires con esos ojos azules y me escuches, aunque sólo sea por esta vez, sólo una vez en toda tu vida quiero que te quedes a mi lado para oírme decir porque te quiero.
Te quiero porque cada vez que me miras con tus ojos azules siento que podría perderme en ellos para siempre; te quiero porque con sólo verte feliz, yo lo seré siempre; te quiero porque me rechazaste; te quiero desde hace un año, y soy tan idiota que creo que algún día vas a volver; te quiero por todo esto y más, porque tú eres mis ojos azules, eres mi guinda en un pastel, mi leche con cola-cao, mis suspiros y mis sueños. Y no soy capaz de dejar de querer a esos ojos azules, no puedo.

viernes

Quiero decir que esta es la última vez que escribiré sobre esos ojos azules… Pero me engaño a mí misma. Me engaño porque cada vez que cierro los ojos, le veo mirándome, con sus ojos azules clavados en mí; unos ojos por los que daría mi vida. Me engaño porque no se puede olvidar a alguien que te ha hecho llorar tanto, no es tan fácil. Me engaño porque a pesar de saber que él ni se acuerda de mí, yo me sigo acordando de él, sigo pensando en él, sigo escribiendo sobre él. Y es por culpa de esos ojos azules que se han instalado en algún rincón de mi corazón.








(Es la última vez que escribo sobre tus ojos azules, ¿ te lo prometo?)

miércoles

Era media tarde. Un día frío de otoño. Comenzaba a oscurecer. Estaba sentada en uno de los columpios del parque, esperando. El viento agitó los árboles y las hojas se arremolinaron a mis pies. Una sombra apareció detrás de mí. No me hizo falta levantar la cabeza para saber de quién se trataba. Sonreí y me acomodé en mi sitio, balanceándome ligeramente de atrás hacia delante. Por fin, se decidió a hablarme:
-Hola.
Esperé a que dijese algo más, pero de su boca no salió nada más que un leve suspiro. Agarró el columpio vacío y se sentó, quieto, con la vergüenza reflejada en su semblante.
-Hola- le respondí amablemente-. ¿Qué haces aquí? Pensaba que habías dicho que no te gustaban los parques.
No respondió. Permaneció quieto, con el rostro colorado y mirándose los pies. Me levanté del columpio y caminé hacia la salida del parque. Su mano agarró mi brazo con fuerza, reteniéndome.
-No te vayas- su voz sonó suplicante.
-Es tarde, está oscureciendo y me queda una hora de camino hasta casa.
No me soltó el brazo, me agarró con más firmeza, se levantó del columpio, y aferrándose a él aún tenazmente, me hizo dar la vuelta.
-Quería hablar contigo- dijo mirándome a los ojos, y ruborizándose cada vez más.
Aparté la mirada. Temí que aquel rostro que tanto quería pudiera hacerme daño.
-¿Y de qué querías hablar? -pregunté intentando contener las lágrimas.
Titubeó un momento, pero tras esa pausa me soltó el brazo y con ambas manos tomó mi rostro, alzándolo para poder mirarme a los ojos. Parpadeé para impedir las lágrimas; no quería que me viese llorar. Él no.
-Quería hablar de nosotros -respondió a mi curiosidad con su suave voz, pronunciando 'nosotros' con mucho énfasis-, de lo que tú sientes por mí, y de... de lo que yo siento por ti.
Me las arreglé para apartar la mirada y agaché la vista, dejándola perdida mirando hacia al suelo.
- Sé que te he hecho mucho daño. Me he comportado fatal, te he avergonzado y te he herido, pero, por favor, quiero que me escuches.
Seguí mirando al suelo, pero asentí levemente. Oí cómo tomaba aire y lo soltaba. Estaba nervioso.
- Desde que te vi, siempre me has gustado, desde aquella primera vez que hablamos. Cuando estaba contigo era como estar en una nube, contigo siento que puedo ser yo mismo, que puedo ser quien de verdad quiero ser. Nunca quise hacerte daño, de verdad, nunca. Y sé que no te merezco, sé que soy un mierdas por haberte hecho tanto daño, pero de verdad, te quiero. Te quiero como nunca he querido a nadie.
Soltó todo aquello que durante mucho tiempo se había guardado dentro. No le miré a la cara, no pude contener las lágrimas que empezaron a caer por mis mejillas. No dije nada, me quedé callada, llorando en silencio, asimilando aquello que siempre había deseado escuchar de sus labios. Entonces noté cómo se acercaba a mí, cómo me rodeaba con su brazos y me apretaba contra su pecho. Me abrazó, y apoyó su cabeza sobre mi hombro.
- ¿Lo ves? No tengo derecho a pedirte que me quieras. No soy perfecto, no soy para ti, soy una porquería.
No pude soportar oírle decir todo aquello, le aparté suavemente y busqué sus ojos con los míos. Una vez más, me perdí en aquellos ojos azules que tanto quería, unos ojos que me habían hecho sufrir como nunca. En esa mirada, ambos expresamos todo lo que nunca habíamos sido capaces de decir, no hacían falta palabras, porque ya sabíamos todo. Me cogió el rostro y con mucho cuidado, me besó, con dulzura, con cariño, con amor. Nos separamos y él me abrazó de nuevo. Acerqué mis labios a su oído y muy bajito le susurré:
- ¿Sabes qué?
- Dime.
- Me gustan las cosas imperfectas.

lunes

Mientras ataba la canoa, miró a Allie y contuvo la respiración. Estaba increíblemente hermosa, mirándolo con serenidad bajo la lluvia. No intentaba protegerse ni taparse, y vio el contorno de sus pechos a través de la tela del vestido ceñido a su cuerpo. El agua de la lluvia no era fría, pero de todos modos notó sus pezones erectos y protuberantes, duros como pedruscos. Sintió un hormigueo en la entrepierna y se apresuró a volverse de espaldas, avergonzado, murmurando para sí, agradecido de que la lluvia ahogara cualquier sonido. Cuando terminó y se levantó, Allie lo sorprendió cogiéndole la mano. A pesar del aguacero, no corrieron hacia la casa, y Noah fantaseó con pasar la noche con ella.
Allie pensaba en lo mismo. sintó la calidez de sus manos y las imaginó tocando su cuerpo, acariciándola entera, recreándose en su piel. La sola idea la hizo respirar hondo; sintió un hormigueo en los pezones y un calor nuevo entre las piernas.
Entonces comprendió que algo había cambiado desde su llegada. Aunque no podía precisar el momento en que había comenzado - el día anterior después de la cena, aquella misma tarde en la canoa, acaso cuando habían visto los cisnes o ahora, mientras caminaban cogidos de la mano- supo que había vuelto a enamorarse de Noah Taylor Calhoun, o que quizá, sólo quizá, nunca había dejado de quererlo.


martes

Él. Ojos azules. Jadeos. Besos. Sonrisas. Manos que suben. Pantalones desabrochados. Y sólo ellos dos, sólos, nadie más.
Por fin, después de un año, ha conseguido lo que más ansiaba: tenerlo para ella sola. Él la besa, una y otra vez, con ganas, con pasión, con necesidad. Ella se abandona, se deja amar, se entrega a él. Nunca había sido tan feliz.
La noche se va haciendo más y más profunda, hasta que finalmente, él se duerme. La luz de la luna ilumina tenuemente la habitación. Ella se incorpora y lo observa. ¡Qué feliz es!. Y cuanto lo quiere, más que a nadie. Sonríe y se acurruca a su lado, abrazándolo con fuerza, sintiendo su presencia hasta que se duerme.
Comienza a amanecer; el sol filtra sus rayos por la ventana, dotando a la habitación de luz natural. Ella entreabre los ojos y mira a su lado. Pero no hay nadie. Se incorpora rápidamente y palpa la cama. “¿Dónde está?¿dónde se ha metido?”.
Se levanta de la cama y comienza a vestirse cuando él entra en la habitación. Vestido con unos vaqueros cortos, sin camiseta, sus rizos castaños despeinados y con un brick de leche en la mano. La mira fijamente, con sus ojos azules. Y ella siente que se muere de amor, y se levanta, dispuesta a besarle con todas las ganas y la pasión posible.
Pero él se aparta. Un paso hacia atrás. Una mirada interrogante.
-¿Qué haces?
-Darte los buenos días… -murmura ella.
-Ya, pues no quiero tus buenos días. Y vístete anda, que tengo que ir a clase-responde él saliendo por la puerta.
Y allí se queda ella, sola, destrozada, las lágrimas asomando en sus ojos, la cara descompuesta. Pero no va a quedar así. Le sigue hasta la cocina.
-Pero, ¿tú de qué vas? Me llamas ayer, me dices que me necesitas, que tienes que verme, que me echas de menos… Y yo vengo, y tú… tú me besas y me abrazas, y otra vez me repites que necesitas que esté contigo, y… lo de anoche… -nota como las lágrimas quieren escapar de sus ojos.
Él la mira fríamente. Sus ojos azules clavados en ella.
-Lo de anoche fue sólo un polvo. No hay nada más. Tú no significas nada para mí. Simplemente tenía ganas de acostarme con alguien, y sabía que tú acudirías corriendo.
Y ella le cree, le cree por que le mira a los ojos, y ve que allí no hay rastro de aquel supuesto amor que anoche había, sólo ve indiferencia. Y no puede aguantarlo, y rompe a llorar. Le grita, le insulta, le golpea… Cae al suelo, débil, siente un fuerte dolor en el pecho. No puede soportarlo. Todo lo que había ocurrido anoche para ella había sido algo mágico. Pero estaba equivocada. Había sido todo una mentira. Había creído ser alguien importante para él. Pero sólo era una más, una estúpida chica dentro de su gran colección de mentiras.

sábado

Él. Otra vez él. Siempre él. Hacía tanto tiempo que no escuchaba su voz… Aquella voz que tantas veces me había hecho sonreír, aquella voz que me hacía temblar, querer dejarlo todo, dejarme llevar por su voz, oír un “te quiero” pronunciado por aquella voz… Una voz que, una vez más, me hizo recordarle. Alto y esbelto, tan guapo como lo recordaba, sus divertidos rizos castaños que el sol teñía de dorado, aquella sonrisa, con una hilera de dientes blancos, perfectamente ordenados, y sus ojos… aquellos ojos azules en los que tantas veces me había perdido y en los que me volvería a perder. He recordado cuanto le he querido (incluso cuanto le quiero), he recordado todos los momentos que compartimos, risas, confidencias, abrazos, un vínculo tan especial para mí… y una vez más, sus ojos azules. Los ojos que más he querido en mi corta vida, los ojos azules más preciosos que nunca he conocido, los ojos azules que por los que más lágrimas he derramado.


(Últimamente, no dejo de pensar en tus ojos azules, lo siento.)

martes

Era guapo, guapísimo. Tenía el pelo de un rubio oscuro que el sol teñía de dorado, sus ojos eran grandes y azules, y su sonrisa... Pasamos un rato charlando, y ese rato se convirtió en días, y esos días en semanas. Y al cabo de dos semanas, nos despedimos, y nunca pude decirle, nunca fui capaz de mirarle a aquellos ojos azules y decirle que me moría de ganas de besarle, de abrazarle, me moría de ganas de perderme en aquellos ojos azules y no volver nunca más, decirle que le quería más que a nadie en este mundo, que iba a estar allí siempre, que nunca me iba a olvidar de él, que se había colado en mi corazón como nunca lo había hecho nadie, quería decirle que cada vez que él sonreía y sus ojos azules brillaban notaba unas mariposillas revoloteando en mi estómago, decirle que cada vez que me abrazaba deseaba no separarme de él nunca, y quedarnos los dos juntos para siempre. Fueron tantas las cosas que nunca le dije a aquellos ojos azules que he olvidado que nunca estaremos juntos.

lunes

"The greatest thing you'll ever learn is just to love and be loved in return"

domingo


Cuanto te habrá dolido acostumbrarte a mí,
a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan.
Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos
y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes.

Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote.
Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado.
Hasta te creo dueña del universo.
Te traeré de las montañas flores alegres, copihues,
avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos.

Quiero hacer contigo
lo que la primavera hace con los cerezos
.
-Lo siento si te he incomodado -susurró-. A veces lo hago sin querer. Me refiero a que hablo con demasiada franqueza. Suelto todo lo que estoy pensando sin tener en cuenta cómo puedes afectar a los demás.
-No, no es eso -repliqué-. Sólo es que es la primera vez que alguien me dice una cosa así.
Casi me detuve allí, consciente de que si mantenía las palabras en mi interior, el momento mágico pasaría y podría salir airoso sin expresar mis verdaderos sentimientos.
-No sabes lo mucho que estos últimos días han significado para mí-empecé a decir-. Conocerte ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida. –Dudé, sabiendo que si me detenía en ese momento, ya nunca sería capaz de continuar-. Te quiero –susurré.
Siempre había imaginado que costaría mucho decir esas dos palabras juntas, pero no fue así. En toda mi vida no había estado tan seguro de mis sentimientos, y aunque esperaba que algún día pudiera oír de la boca de Savannah las mismas palabras dedicadas a mí, lo que más me importaba era saber que era yo el que había decidido amarla, sin ataduras ni ilusiones.
En la calle, la brisa empezaba a refrescar, y podía ver cómo los charcos de agua brillaban bajo la luz de la luna. Las nubes se habían empezado a disipar, y entre ellas, alguna estrella se atrevía a titilar tímidamente, como si quisiera conmemorar lo que acababa de admitir.
-¿Alguna vez te imaginaste algo así? –me preguntó-. ¿Tú y yo me refiero?
-No.
-Me da un poco de miedo.
Mi estómago dio un vuelco, y de pronto tuve la certeza de que ella no sentía lo mismo que yo.
-No tienes que decirme que me quieres -empecé a decir-. No lo he dicho por eso…
-Lo sé –me interrumpió-. No lo comprendes. No tengo miedo de lo que me acabas de decir. Tengo miedo porque yo quería confesarte lo mismo: te quiero, John.
Incluso ahora, todavía no estoy seguro de cómo sucedió. En un instante estábamos hablando, y al momento siguiente ella se inclinó hacia mí. Y cuando sus labios sellaron los míos, supe que podría vivir hasta cumplir los cien años y visitar todos los países del mundo, pero que nada se podría comparar con ese preciso instante, cuando, por primera vez, besé a la chica de mis sueños y supe que mi amor por ella nunca tendría fin.

viernes

-¿Te quedarías conmigo?
- ¿Quedarme contigo? ¿Para qué? Míranos, ya estamos peleando.
- Pues eso es lo que hacemos. Peleamos. Tú me dices cuando soy un hijo de puta arrogante y yo te digo cuando eres una pesada insoportable. Lo cual eres 99% del tiempo. No me importa insultarte. Me lo devuelves al instante, y regresas a hacer la misma cagada.
- Entonces, ¿qué?
- Así que no será fácil, será difícil. Y tendremos que echarle ganas cada día, pero quiero hacerlo, porque te quiero. Quiero todo de ti, para siempre, tú y yo, cada día. ¿Harás algo por mí? ¿Por favor? Imagina tu vida dentro de 30 o 40 años . Si es ese tipo, pues, vete. Vete. Te perdí una vez, creo que lo podría hacer de nuevo si supiera que es lo que realmente quieres. Pero no tomes el camino más fácil.

lunes

Le coeur a ses raisons que la raison ne connait pas

Con un poco de suerte el próximo año estaré saliendo con alguna de estas tías. Pero por ahora déjame decirte, sin esperanza ni planes, sólo por qué es Navidad (y en Navidad dices la verdad), que para mí tú eres perfecta y que mi destrozado corazón te amará hasta que seas así.
Feliz Navidad.

domingo

Ayer estaba perdida en mi propia autodestrucción, con mucha droga y alcohol, que entraba por mi garganta sin cesar hasta que me perdía en la confusión de la misma noche y pregutándome en las mañanas al salir el sol: "¿Era yo aquella noche anterior?", al fin y al cabo daba lo mismo porque ni a mí ni a mi consciencia le importaba .
De vez en cuando sufro de ese exceso relativo, la verdad es rico sentirlo y vivirlo, en algún momento de la noche... Mandar todo a la mierda, todo con bebidas y poquito de droga para calmar las penas, los pesares y las angustias. Con la diferencia que ahora lo hago por placer, como cualquier otra cosa que se me de la gana; antes lo hacía contra mi misma y sin consecuencias. Porque alguien llego, alguien inesperado (como todos sus actos), para quedarse y protegerme, era como un príncipe azul, pero más despreocupado y más desinhibido .

Con el aprendí a amar y el aprendió a amar conmigo; eso ya no no lo cambio, él es mi heroína y adrenalina, mi alcohol y mi nicotina, cada vez que me besa me vuelve más adicta, no necesito rehabilitación, porque el me puede rehabilitar, dándome más y más adicciones... hasta ya no poder más.
“Para saber decir yo te amo, primero hay que saber decir yo”.
La base de lo que Ayn Rand denominaba egoísmo razonable. La necesidad de pensar de vez en cuando en uno mismo para conseguir el equilibrio personal. La necesidad de hacerte valer para que los demás te valoren. De tener la valentía de mostrar tus sentimientos sin juzgar y sin miedo a ser juzgado. De defender como de verdad es uno por encima de lo que piensen los demás. La necesidad de ser simplemente feliz, sin dar explicaciones a nadie, sean cuales sean las consecuencias.

martes

¿Conoces esa sensación de andar sólo por la calle mientras llueve a cántaros y sientes que no hay nadie a tu lado? Pues así es como me siento yo ahora. Estoy sola en la calle, y empieza a llover, cada vez más y con más fuerza. No tengo nada para taparme, así que dejo que la lluvia me moje. No apuro el paso, porque sé que tarde o temprano voy a llegar a mi destino. Mientras camino miles de sentimientos se me cruzan: tristeza, melancolía, soledad… Y ya no sé que me más hacer para evitarlo. Así que lo dejo estar. Dejo salir las lágrimas, y me paro, y comienzo a llorar. ¿Qué tengo de malo? ¿Qué he hecho? ¿Acaso he sido tan mala persona? ¿tan mal me he portado?. Son tantas las preguntas, y tantas las respuestas sin contestar, que no merece la pena malgastar el tiempo. Reanudo el camino, empapada de pies a cabeza. Comienzo a sentir frío, un frío aterrador que se extiende por todo mi cuerpo y que me hace temblar. Y otra vez esa horrible sensación de soledad. ¿Cuándo va a terminar?. Por fin llego al final, al final de ese camino. Y allí encuentro lo que durante todo este tiempo me ha estado atormentando. Tú. Tú con tu sonrisa, tú y tus ojos, tu pelo, tu forma de caminar, tu olor… Todo aquello que durante todo este tiempo he estado evitando, todo aquello que durante toda mi vida he buscado, ese sentimiento que anhelo con cada fibra de mi ser. Ese sentimiento que en estos momentos me está haciendo infeliz. Te veo a lo lejos y un calorcillo aparece en mi corazón. ¿Me verás? Y de ser así, ¿qué dirás? ¿te acercarás a saludarme? ¿me abrazarás?. Acelero el paso, y tú te alejas mientras me das la espalda. Entonces freno en seco, aún con el agua resbalándome por las mejillas, el pelo mojado cayéndome a ambos lados de la cara, y los ojos empañados de lágrimas. Era sólo un recuerdo. Un recuerdo de aquello que algún día fue, pero que hace tiempo que ya no es. Tu recuerdo. Y es que, aunque quiera, no me acuerdo de olvidarte.
- ¿Has extendido alguna vez los brazos y dado vueltas y vueltas muy muy rápido? Pues así es el amor; se te acelera el corazón, el mundo se te vuelve del revés, pero si no tienes cuidado, si no mantienes tus ojos fijos en algo inmóvil puedes perder el equilibrio y dejar de ver lo que ocurre con la gente a tu alrededor. No te das cuentas de que estas a punto de caer.

- No te pongas triste, yo nunca dejaré que te caigas.
— ¿A cuántos hombres has olvidado?
— A tantos como mujeres tú recuerdas.
— No te vayas.
— Pero si ni no me he movido.
— Dime algo bonito.
— Claro. ¿Qué deseas oir?
— Miénteme. Dime que me has esperado durante todos estos años
— Todos estos años te he esperado
— Y que habrías muerto si no hubiese venido
— Habría muerto si no hubieses venido
— Dime que me quieres como yo te quiero a tí
— Te quiero como tú me quieres a mi
— Gracias, muchísimas gracias.

domingo

Todo me recuerda a ti. Tu sombra sigue aquí. Cada paso que doy, cada historia de amor. Todo me recuerda a ti. Cuando me dicen: “¿Qué tal les va?”. ¿Cómo explicarles que ya no sé ni dónde estás? ¿Por qué me tienen que hablar de ti? ¿Cómo decirles que te quiero olvidar? Todo me recuerda a ti. Tu sombra sigue aquí. Cada paso que doy, cada historia de amor. Todo me recuerda a ti. Tú me enseñaste a comprender y aceptar que de amor nadie muere, que es fácil olvidar. Por eso quise refugiarme en él. Pero cierro los ojos y te siento en su piel. Todo me recuerda a ti. Tu sombra sigue aquí. Cada paso que doy, cada historia de amor. Todo me recuerda a ti. Jamás te perdonaré que no pueda arrancarte de mí. Jamás te perdonaré que no pueda volver a sentir. Todo me recuerda a ti. Tu sombra sigue aquí. Cada paso que doy, cada historia de amor. Todo me recuerda a ti. Cada paso que doy, cada historia de amor incluso el aire huele a ti.
-Casi todas las floristerías las tiran, a mi me gusta pensar que mañana alguien las verá flotando y se preguntará de donde vienen; ya sabes, el misterio y todo eso. Antes hacía ramos con ellas para probar nuevas ideas y los dejaba en una puerta al azar con una nota en la que ponía: "Alguien te quiere", luego pensé: “Y si se enteran de que ese alguien soy yo, ¿querrían que yo fuera el que les quisiera?”.

-A mí me gustaría.

sábado

Todos conocen el famoso cuento de la Bella y la Bestia: príncipe malote se convierte en monstruo, secuestra a chica tonta y guapa; chica tonta y guapa se enamora del feo príncipe, y éste recupera su belleza. Hasta ahí, ¡precioso! Pero...¿qué ocurre después? Pues el idiota del príncipe recuerda lo que es "ser guapo" y se le vuelve a subir a la cabeza. Así que se folla a Bella, a su prima, al ropero parlante y a Gastón. Porque las peores bestias se ocultan tras máscaras preciosas.

jueves

En lo alto, por encima de los demás, sobre la blanca columna del puente, un grafito domina al resto, imborrable. Está allí, sobre el frío mármol, azul como sus ojos, tan bonito como siempre lo deseó. Su corazón se acelera. Por un momento le parece que todos pueden oírla, que todos pueden leer aquella frase, justo como está haciendo ella en ese momento. Está allí, en lo alto, inalcanzable. Allí donde sólo llegan los enamorados:

Tú y yo... Tres metros sobre el cielo
Son tiempos difíciles para los soñadores.

-¿Dónde has estado todos estos años?
-Intentando olvidarte, o perdonarte...
-¿Lo has logrado?
-No.
-¿Algún día lo lograras?
-No.
-¿Por qué?
-Olvidar a una de las personas mas importantes de tu vida es imposible, aunque ahora, según dicen, existen pastillas para olvidar... ¿Y perdonarte? ¿cómo? ¿cómo perdonas a alguien en la que tenias toda tu confianza depositada? ¡Me defraudaste!
-¿Pastillas? ¡¿Estás loca?! ¿Harías esa locura?
-Hice más locuras por ti... y sigo viva; empiezo a pensar que soy inmune.


miércoles


La miro. Me quedo en silencio. Después asiento y sonrío. Ella querría devolverme la sonrisa, pero otra oleada de dolor le hace cerrar los ojos. Esta vez, más rato. Le cojo la mano. Ella me la aprieta con fuerza, con una fuerza inesperada. Después suelta la presa y vuelve a abrir los ojos, y cansada, más cansada que antes, esboza una sonrisa.
- ¿No te importa lo que piense la gente sobre ti?
- ... No lo sé. Puede que hace algún tiempo sí, puesto que quería impresionar y destacar, pero creo que ya no.
- ¿Por qué?
- Por que yo soy como soy, y nada ni nadie lo va a cambiar. Yo voy a ser siempre la misma persona alegre, divertida, con ganas de sonreír siempre, con las mismas aificiones, con los mismos sueños, siempre voy a tener el mismo físico, por más dietas que haga, siempre voy a ser así. Me gusta tirarme durante toda la tarde en el sofá sabiendo que al día siguiente puedo volver a hacerlo o simplemente ver películas todo el día y, aunque sean estúpidas, llorar por que hay algo en ellas que me emociona. Me gusta el chocolate y el pan, sonreír y cantar desafinando, las pizzas y hacer rabiar a mi hermana. Soy así, no hay nadie escondido detrás de mí. No soy perfecta ni de lejos, más bien al contrario. No tengo un cuerpo perfecto, ni un pelo rubio y sedoso, no tengo los ojos azules, los tengo marrones y pequeños, tengo los pies planos y soy muy torpe, pero ¿y qué?. Yo soy así, y por más que la gente se empeñe en cambiarme, nunca lo van a hacer. Puede que esté gorda, que sea una vaga, que no sea guapa, claro que sí, pero yo estoy segura de quien soy, no finjo ser otra persona o imito a los demás. No, eso no va conmigo. Yo soy yo misma, con mis pros y mis contras. Pero soy yo. Y lo voy a ser siempre. Así que, no, no me importa lo que la gente piense sobre mí, por qué si tienen el valor de criticarme, de insultarme o de decir que tengo que cambiar, es que ellos tienen un problema consigo mismos, por qué no están seguros de nada.
Si, al fin y al cabo, todos somos diferentes, y eso es lo que nos hace especiales.
Me gusta el olor a lluvia, porque es como si estuvieras aquí, aunque en realidad no estas. Me gusta, porque me recuerda a ti.Tiene tu perfume. Y entonces cuando llueve, me gusta salir a la calle y empaparme de ti. El olor a lluvia me recuerda cuando te fuiste, y eso me hace sentir un poco mejor porque, sin quererlo, me recuerda que algún día viniste con la lluvia para quedarte. El olor a lluvia me gusta, y tal vez porque hace que sienta que te tengo al lado, o por lo menos bastante mas cerca. Entonces, cuando llueve me imagino que el olor a lluvia te va a hacer pensar en mi. Porque yo también tenía olor a lluvia en tus recuerdos. Y entonces me gusta cuando llueve. Porque creo que es el momento, en que tu y yo nos encontramos.

sábado

Allí está él, de espaldas. Noto como mi corazón se acelera. "Vamos, acércate a él". ¡Qué invisible soy para él!. Adelante un par de pasos; me escucha y se gira. Sus grandes ojos azules están empañados en lágrimas y sus mejillas humedecidas. ¿Por qué? Me mira con tristeza y entra en la habitación, coge un silla y se sienta en ella. De repente le veo tan frágil, tan solo, tan humano... Tengo ganas de abrazarle, de hacerle saber que estoy ahí, de hacerle sentir lo mismo que yo. Pero no soy capaz. Se tapa la cara con las manos y comienza a sollozar. Y al mismo tiempo, yo lloro por dentro por verle sufrir, por no ser capaz de ayudarle. Doy otro paso y me acerco más a él. Otro más, y otro, y otro, y otro... Finalmente me encuentro frente a él. Me agacho y mi cabeza queda a la altura de la suya, alargo mi brazo y con mi mano acaricio su pelo. Qué agradable. Él levanta la cabeza y, por primera vez, me ve, delante de él, a su lado, con él. Una sonrisa ilumina su cara y mis mejillas se tiñen de un ligero rubor.

-¿Qué te pasa? -le pregunto.

Él me sonríe y llora. Y se ríe. Y llora.

-Es que... nunca pensé... que por fin te iba a encontrar. Llevaba tanto tiempo imaginándote, soñando contigo... que pensé que nunca ibas a aparecer... Y por fin ahora estás aquí...

Me coge las manos suavemente y me las besa.

-Estoy aquí. Estoy aquí. No me pienso ir.

Lo tranquilizo y él se acerca a mi. Puedo oler su perfume, sus labios rosados están a unos centímetros de los míos, y sus ojos clavados sobre mí.

- No te dejaré escapar. Nunca.

Y con ternura, me besa. Así de sencillo, así de simple es el amor, una mirada, un gesto, una caricia, un abrazo, un beso... No hace falta mucho, sólo que sen dos, dos y el amor, ese amor que surja de los dos, tan travieso y curioso.

Los soñadores son las personas más afortunadas del mundo.


jueves

-¿Quieres saber cuál es mi problema? Que estoy asustada, que tengo miedo, siempre lo he tenido. Miedo a que me pase algo, miedo a perder a las personas a las que quiero, miedo a tropezar y hacerme daño, miedo a decepcionar a alguien, miedo a fallarle a alguien, miedo a no ser fuerte, miedo a enamorarme, miedo a llorar, miedo a reír, miedo a equivocarme, miedo a no elegir bien, miedo a que un día el mundo se acabe y no haya hecho todo lo que tenía que hacer.
-Y ahora, ¿de qué tienes miedo?
-Tengo miedo de que nunca me quieras cómo yo te quiero, miedo de que te vayas y nunca te vuelva a ver, miedo a decirte esto y tú me tomes por una niña, miedo a que me rechaces, miedo a mirarte a los ojos, miedo a que me sueltes la mano y todo se me venga abajo.
-No te preocupes, yo nunca te soltaré la mano.


-Hola, ¿qué haces aquí?
-Necesito saber porque me quieres.
-¿Por qué te quiero?
-Quiero fiarme de ti cuando dices esas palabras; es posible que si sé porqué no vuelva a asustarme que tú me las digas o decirlas yo.
-Vale. Si quieres hablar de porque...
-Tiene que ver con mi madre y sus matrimonios.
-¿Lo ves? Es por eso. Porque me gusta que me interrumpas, que es... ¡siempre, por cierto! Te quiero porque no pides perdón por ser tal como eres: preciosa, lista, ¡sexy como nadie!
-¡Dan vas a sonrojarme!
-¡Otra razón! No sabes como influyes en mí, y tampoco sabes que te ríes como una niña pequeña, justo así. Y te quiero porque puedes estar conmigo y también ser amiga de alguien como Blair.
-Hago lo que puedo...
-Ya lo sé, y no es fácil. Pero nunca la abandonas, y eso habla de lo increíble que eres.
-Tú también lo eres, por ser capaz de decir todas esas cosas. Eres una delicia. Y te quiero... ¡pero tengo que irme!
-¿Qué, qué pasa esta vez?
-Una de las razones por las que me quieres.

miércoles

-¿Me quieres?
-Sí.
-Dime algo que lo desmuestre, haz algo por mí.
-Todas las mañanas al despertar, tu eres quien se me viene a la cabeza.
-¿Nada más?
-Supongo que lo demás lo notas...
-¿Que debo notar?
-Que a pesar del tiempo sigo temblando con cada beso.

martes

Dicen que los amores de verano son pasajeros, pero a veces lo que empieza como una aventura puede llevar a algo más serio. Un simple viaje a la playa puede ser todo lo que hace falta para despejar la cabeza, abrir el corazón y escribir un nuevo final para una vieja historia. Aquellos que se queman con el calor sólo quieren olvidar y volver a empezar. Mientras que otros quieren que cada instante dure eternamente. Pero estamos de acuerdo en una cosa: el bronceado desaparece, los fuegos artificiales se apagan y todos acabamos hartos de la arena en los zapatos, pero el final del verano es el inicio de una nueva temporada, así que nos sorprendemos a nosotros mismos mirando al futuro.

sábado

Hace noches tuve un sueño maravilloso. No recuerdo que ocurría, pero si me acuerdo de algo: tú estabas en él. Estabas guapísimo. Sentado la arena de una playa, descalzo, con los ojos cerrados mientras el sol te iluminaba la cara. Sonreías. De pronto, algo te llamaba la atención. Te levantabas y, poco a poco, me fui dando cuenta de que te acercabas hacia mí. Me empezaba a poner nerviosa, intentaba irme, pero tú me retenías. “No te vayas” me dijiste. “Nunca lo he hecho” respondí. Y otra vez: tú, tu sonrisa, tu pelo, tus ojos; simplemente tú. Fue extraño, porque cerré los ojos y me dormí a tu lado, recostada sobre tu pecho, abrazándote, esperando que cuando despertase, todo hubiera sido real. Pero no, desperté, y tú no estabas, sólo encontré un espacio vacío, no había nadie, nunca lo ha habido. No puedo acostumbrarme a estar sin ti. Nunca podré.
Allí está ella, sentada como de costumbre, con las piernas recogidas, abrazadas. La cabeza apoyada sobre las rodillas y el pelo, cayéndole por ambos lados de la cara. Está sola en al habitación, no hay nada ni nadie junto a ella. Doy un paso, y ella se gira para mirarme. Cuando mis ojos se encuentran con los suyos, me sorprende el abanico de sentimientos que se acaba de abrir ante mí. ¿Cómo una persona que, exteriormente, es divertida, alegre y segura de sí misma, puede parecer de repente tan frágil, tan infeliz? Sus ojos están enrojecidos, como si hubiera estado llorando, sus mejillas húmedas, aún con el rastro de las últimas lágrimas, y en sus labios, no está ni tan siquiera la sombra de esa sonrisa suya. Me pregunto, ¿qué es eso que la hace sentirse tan desgraciada? ¿Qué es lo que la atormenta? ¿Cómo puedo yo ayudarla? La respuesta no la conozco. De repente ella se levanta, y me doy cuenta, de lo pequeña que parece, de cómo sus brazos y sus piernas están temblando, y de cómo de sus ojos, comienzan a caer unas pequeñas lágrimas. Intento acercarme a ella, pero es como si me repeliese, como si no quisiera que alguien la abrazase. Entonces me doy cuenta, de lo que ocurre, me doy cuenta de que ella, esa persona que siempre creí que era fuerte y feliz, no es más que una niña que busca tener un motivo para seguir sonriendo, que busca con ansia esa felicidad. Y, cómo si nunca hubiera ocurrido, vuelvo a estar dentro. Y me veo a mí misma, sóla, en esa habitación, sin nadie a mi lado, y me doy cuenta de lo débil que soy, de lo infeliz y desgraciada que me siento. Y la única solución que me queda, es levantarme cada día, y sonreír, aunque por dentro no sea así. A veces es mejor ocultar cómo te sientes en realidad antes que enfrentarte a un mundo que espera a que te sientas débil para echarse encima de ti.

jueves

-Siento profundamente que, sin querer, haya podido hacerte daño...
-Y Annie dijo que hay quien piensa que George Harrison quizá no podía escribir una canción, pero luego escribió "Here Comes The Sun" y dijo que es una de las mejores canciones del albúm "Abbey Road".
-George siempre fue mi Beatle favorito.
-Sí...
-Te aseguro que te quiero como en la canción.


El único que conseguía ponerme nerviosa a más de diez metros de distancia y el único que me hizo ver las cosas de otra manera. Aquél que un día cualquiera encendió mi chispa, no sé ni siquiera si le dio mucha importancia a como me sentía en ese momento, pero me da igual, porque sé que lo que viví fue real, y si fue mentira que nadie me diga la verdad, me da igual si has hecho sentir así a miles de niñas y si ahora mismo se lo haces sentir. Me da igual si he sido una más, porque sería una más en tu vida mil veces seguidas, ¿entiendes? Pero cuando seas tú el que se canse de princesas a las que para ellas solo eres uno más, entonces llámame, seguramente te esté esperando. ¿Porqué? Porque no quiero acostumbrarme más a que no estás, no quiero acostumbrare a oler mi ropa y que en ella no esté impregnado tu olor, a no escuchar tus pasos viniendo hacía mí, ni a no poder abrazarte. Puede que sí, que llegue el día que ya no escriba pensando en ti, y que ni siquiera te encuentre en las canciones. Puede que me acostumbre a la idea de que quizás no vuelva a verte en mi vida, ¿y sabes qué? eso no es lo que quiero.

lunes

Ha pasado mucho tiempo, ¿verdad? Tantos días, semanas, meses esperando y nada. He intentado no pensar en ti, he intentado olvidar tu cara, olvidar tu sonrisa, he intentado borrarte de mi cabeza, he intentado odiarte, e incluso he creído que lo había conseguido. No sé que tienes, no sé por qué, no sé cómo lo haces, pero no te vas de mi vida. Y sí, a pesar de los días, de las semanas y de los meses, pienso en ti como la primera vez, y mira que lo he intentado, te juro que lo he intentado, pero no soy capaz de sacarte de mi corazón. Lo siento.

domingo

Despierta, estás viva





(La sonrisa, ¡aquella sonrisa!; la mirada, sólo una mirada, la suya; los besos, ¡que besos!, sólo los suyos)

¿Quieres que te cuente una tontería? Llevo noches soñando conitgo. Hace tanto que sueño contigo...
Estamos los dos juntos, tu y yo, y nadie más. Tú me coges la mano y, cariñosamente, me acaricias el brazo. Yo me sonrojo y aparto la cabeza. Entonces tomas suavemente mi rostro y clavas tus ojos en los míos. Y de repente, entiendo muchas cosas, cosas que pensé que nunca iba a entender. Y el rubor inunda mis mejillas, y me rio, y aparto al mirada, cohibida. Entonces tú, me susurras al oído tantas cosas, con esa voz tuya, y yo te escucho, y al mismo tiempo inhalo tu olor, y cierro los ojos, disfrutando del momento. Por fin, tus labios componen una sonrisa, y lentamente, se van acercando a los míos. Yo estoy temblando de arriba abajo, mi corazón acelera el pulso, y cierro los ojos. Entonces, me besas, como nunca nadie lo había hecho, como nunca nadie lo hará, con tanta pasión y tanta dulzura a la vez. Y noto que me derrito por dentro, noto una alegría en el pecho y unas ganas incontenibles de dar saltos. Pero entonces todo acaba. Todo se vuelve oscuro. Y yo abro los ojos. Y tú no estás. Te has ido. A un lugar que yo no puedo llegar. ¿Ves? Es una tontería pensar que puedes estar enamorado de mí al igual que yo lo estoy de ti.
Ring-ring.
- ¿Diga?
- ¿Mamá? Hola, soy yo…
- Ah, hola hija. Qué estás, ¿viniendo para casa?
- Es que verás, buf, no te lo vas a creer… Bueno pues resulta que, el profesor de Geografía nos ha dicho que si queremos subir nota podemos hacer un trabajo que puede subirnos hasta un punto… o bueno no sé si es medio, bueno… el caso es que sube. Y también nos ha dicho que si nos estudiamos los mapas… ¿políticos? de Europa, África, América y Asia, bueno pues que también nos sube, pues otro punto, creo que dijo, no sé… Bueno, pues que como es mucho trabajo, y que además en casa no tenemos las enciclopedias con los mapas éstos ni nada, bueno pues que me voy a quedar en la biblioteca a estudiar los montes de… bueno, los países de los mapas éstos, y que también me quedaré a hacer el trabajo de… bueno, el trabajo de geografía, que bueno, como ya ves que no la llevo muy bien, bueno pues que creo que merece la pena sacrificar la tarde, ¿no?
- Claro cariño. Tú esmérate en hacerlo muy bien, ¿vale?
- ¡Vale, mami! ¡Un beso, hasta luego!
Pi-pi-pi.
- Qué, ¿quién era?
- La niña, que se ha enamorado