"Para ti, que llegaste de repente y cambiaste el argumento de esta historia y el de mi vida."
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viernes


Es difícil expresar cómo me siento. Pero más que difícil, es doloroso. Por que duele, y mucho. Está escondido en algún lugar, bien al fondo, donde apenas puedo verlo. Pero sí lo noto. Noto como araña, como corta, como quiere salir. Lo noto cada vez que cierro los ojos. Cada vez que quiero dejar de pensar. Y duele, duele muchísimo. Y no te puedes imaginar lo difícil que es. Lo difícil que es intentar olvidar todo ese dolor, no sabes cuanto me duele cada vez que intento borrarlo de mi cabeza y, sobre todo, borrarlo de mi corazón. Y no me lo pones fácil.  Nada fácil. No puedo olvidar el dolor que me produce sentir todo esto cuando lo único que haces es aparecer una y otra vez para recordarme que ese sentimiento sigue ahí. Y duele. Duele mucho.

jueves


Todo empieza en el silencio. El origen de todo está en el silencio. En ese momento en el que no escuchas más que tu respiración, más que el latido de tu corazón, el temblor de tus manos. El silencio es el comienzo de todo.

Al silencio le sigue un movimiento, un pequeño y mínimo movimiento. Un gesto, un roce, una caricia, un parpadeo, un susurro… Un detalle que, al cabo del tiempo, sólo tú recuerdas.

Tras ese primero movimiento, viene la expresión. Llega la sonrisa. La sonrisa de una persona. La sonrisa de esa persona. La sonrisa de una persona es su firma, es su sello, es su identidad. La sonrisa de una persona nunca cambia. A veces es una sonrisa feliz, otras una sonrisa de resignación, otras una sonrisa de fingir. Pero esa sonrisa, es la firma de que una persona será siempre ella misma.

Tras la sonrisa, llegan las palabras. Nunca son las mismas. Van desde un saludo hasta un nombre. Y siempre acompañadas de un contacto. Un apretón de manos. Un rápido abrazo. Un par de besos en la mejilla. Empieza el peligro.

Después del silencio, después del movimiento, y después de la sonrisa, ya lo sabes. Quizás no estás seguro. Quizás lo estás. Quizás lo sientes. Quizás lo empiezas a sentir. Pero, en ese silencio, en ese movimiento, en esa sonrisa, está el origen. En todo esto está el origen del primer amor.

viernes


Ya no puedo más. Estoy harta. Estoy cansada.  Estoy harta de irme a dormir cada noche y soñar contigo. Estoy cansada de despertarme cada mañana con la angustia de saber que nunca te voy a volver a ver.

No dejo de soñar contigo y con esos ojos azules. No dejo de acordarme de ti, cada día, a cada hora. Te juro que lo he intentado, lo he intentado de todas las formas posibles, pero no puedo. No puedo sacarte de mi cabeza. Y tampoco de mi corazón. Te quiero. Te quiero desde hace tres años, y te sigo queriendo a pesar de que sé que nunca me querrás. Y me siento una imbécil, una maldita imbécil que sigue soñando que apareces otra vez en mi vida, como el primer día que te vi, con aquella sonrisa, con aquellos ojos. Porque sigo creyendo que no eres la primera persona que me rompió el corazón. Porque te sigo queriendo, y me odio cada día por sentir lo que siento.

Y te pido perdón. Perdón por todo lo que he dicho, porque lo único que he querido desde aquel verano, es oírte decir que tú también me querías. Y me odio cada día porque sé que nunca sentirás lo mismo que yo. Y estoy harta, y cansada. Y estoy triste. Y se me vuelve a romper el corazón como el día que te dije que era tuya, y tú te fuiste para siempre.

La noche se fue haciendo más y más oscura y más y más fría. Notaba mis dedos completamente congelados y mi nariz estaba roja del frío. Pero seguía allí esperando. Durante horas. Una, dos, tres… Y seguían pasando, y seguía esperando.  Notaba como me iba quedando más y más fría, y como se me iban cerrando los ojos. Notaba que las fuerzas se me iban y lo único que deseaba en aquel momento era llorar y dormir. Llorar toda la noche, dormida, soñando, despierta… Pero tenía que esperar. Aún podía llegar. Esperé una hora más, y otra, y otra… Y cuando me di cuenta de que no iba a venir, intenté levantarme, y noté mi cuerpo muy débil, no tenía apenas fuerza en las piernas. Me apoyé en el banco en el que estaba sentada y contuve las lágrimas.

-  ¿Cuánto tiempo llevas esperando?

Escuché su voz y me sobresalté. Levanté la cabeza y allí estaba, sentado a mi lado, con las manos metidas en los bolsillos, mirándome con una sonrisa pícara. Le lancé una mirada furiosa e intenté levantarme, pero estaba completamente congelada, y tuve que sentarme en la esquina del banco, dándole la espalda, intentando recuperar las fuerzas.

- Sólo cinco meses, no pasa nada. Puedo esperar cinco más.

Lo dije dolida, porque era como me sentía. Dolida. Enfadada. Triste. Él se acercó a mi y apoyó su espalda contra la mía.

-  Pensaba que habíamos quedado hace unas horas. – dijo en tono divertido.

Pero todo aquello no tenía ninguna gracia. No para mí. Estaba harta de él, de sus juegos sin sentido, de sus indirectas, de sus tonterías de niño pequeño. No iba a volver a la adolescencia por un chico. No otra vez. Me levanté bruscamente y caminé unos pasos hasta que mis piernas, congeladas, me obligaron a parar. Las lágrimas empezaron a salir de mis ojos. Intenté mantener el equilibrio, pero apenas tenía fuerzas. Debía haber una temperatura bajo cero, y llevaba demasiadas horas soportándola. No fui capaz de aguantar y caí al suelo, de rodillas. Empecé a llorar, cada vez más y más. No podía parar. No era capaz. Me dolían las piernas, las manos, la cabeza… y sobre todo me dolía el corazón. No podía soportarlo más, no quería soportarlo más.

De repente, noté como un brazo me rodeaba y como apoyaba mi cuerpo sobre alguien. Levanté la cabeza y ahí estaba él.

- Eres tan tonta. No tenías porque esperarme. Yo nunca te pedí nada, no creo ni siquiera que insinuase nada… - no terminó la frase.

- Tú lo has dicho – dije mientras me secaba las lágrimas- soy tonta, y por eso lo he hecho.

Entornó los ojos y me miró. Me miró de una manera que nunca lo había hecho. De una forma que hizo que se me parase el corazón, que hizo que cada fibra de mi cuerpo temblase, que me hizo tener unas ganas terribles de echar a correr.

-  Me alegro tanto de que me hayas esperado.

Acercó su cara lentamente a la mía y apoyó su frente contra la mía. Podía notar su cara también congelada, sus mejillas húmedas, podía notar lo nervioso que estaba.

- Te quiero. Te quiero tanto. Te quiero desde hace más de cinco meses. Lo he sabido desde hace mucho, pero soy un tonto, yo sí que lo soy, un tonto y un cobarde, que no ha tenido el valor de decirte lo que siento por miedo a lo que pudiese pasar. Pero quiero que lo sepas. Quiero que sepas que te quiero como nunca he querido a nadie. Y que voy a estar aquí siempre. Sujetándote, apoyándote, ayudándote. Aunque tú no me necesites.

No me había dado cuenta de que había empezado a llorar otra vez hasta que él acercó sus labios a los míos y me besó. Y en ese momento supe que yo también le había querido desde hace mucho tiempo.

jueves


“Eres una genio, por eso te quiero”

Tres años. Han pasado ya tres años. Tres años desde aquella tarde en la que tuve el valor de, por primera vez en mi vida, abrirle mi corazón a una persona y decirle que estaba enamorada de él.

“Se nota que vamos a ser reyes del mundo”

Tres años desde aquellas conversaciones que me hacían creer que podíamos llegar a ser algo, tres años desde aquellas tardes de miércoles de risas y abrazos.

“Ahora tenemos que ser novios, ya que somos la pareja perfecta”

Tres años desde aquellas confidencias entre tú y yo, aquellas que sólo nosotros sabíamos y que no compartíamos con nadie más.

“Ojalá pudiera disfrutar de tu compañía todos los días”

Tres años ya. Tres años eternos y dolorosos. Tres años rogando que algún día te dieses cuenta de que me querías. Tres años deseando encontrarme contigo por casualidad. Tres años arrepintiéndome de haberte contado lo que sentía. Tres años en los que, ni un solo día, he sido capaz de olvidarme de ti.

sábado


“Puf, es una pregunta difícil. Si quieres que te diga la verdad, si tu amistad con ál es muy importante no deberías intentarlo y arriesgarte a que salga mal, pero si es un amigo normalito, inténtalo, total el ‘no’ siempre lo tienes. El que no arriesga no gana.”

Ese fue tu consejo, esas fueron tus palabras cuando yo, estúpida, y creyéndome tu amiga, te pedí ayuda. Y aún a riesgo de equivocarme, de meter la pata, de joderlo todo, de perder tu amistad, me arriesgué. Y no sabes cuanto me arrepiento. Me arrepiento desde ese 20 de diciembre de 2009 de haberte dicho que te quería, me arrepiento de no haberme mordido la lengua, me arrepiento de haber sido valiente por una jodida vez en mi vida, me arrepiento de haberte abierto mi corazón, me arrepiento una y otra vez, y pido una y otra vez volver a ese 20 de diciembre de hace 3 años y borrar ese mensaje, pensar fríamente, y seguir escondiendo aquello que necesitaba gritarte. Han pasado tres años, y me sigo arrepintiendo. Y soy patética, ¿sabes por qué? Por que en estos años, cada día me he arrepentido de haberte hecho caso, me he arrepentido de haber arriesgado y no haber ganado. Pero sobre todo me he arrepentido de no ser capaz de olvidarte en tres años.

martes


"… ¿cómo es ella?

El sonrió y me miró fijamente a los ojos.

- La verdad es que es preciosa. Y es más preciosa aún cuando la conoces. Creo que lo que más me gusta de ella es esa carita que tiene. Siempre está sonriendo, creo que sólo una vez la vi seria. Y me encanta como siempre se limpia las gafas porque tiene una pequeña manchita, o lo guapa que está cuando lleva el pelo suelto, sobre todo cuando le da el sol porque entonces parece dorado. Y me encanta como huele. Siempre que estoy cerca de ella puedo oler su perfume, y aunque es muy dulce, en su piel queda perfecto, y te sientes atraído por ese perfume, y se te queda grabado. Y aunque no tiene un cuerpo perfecto, creo que ni me he fijado en eso, porque es una persona tan increíble y especial que es imposible no sonreír cuando estás a su lado. Y me encanta porque es muy vergonzosa, y se sonroja por cualquier cosa. Y adora a su perra, y le encanta sacarle fotos. Pero creo que lo que más me gusta de ella es como me hace sentir, porque cuando está a mi lado siento que quiero ser mejor persona, por mi, por ella, que quiero ser el hombre que esté a su lado cuando más lo necesite, que me encantaría despertarme a su lado el resto de mi vida, que me muero de ganas de hacer el amor con ella desde hoy y para siempre, que cuando pienso en ella siempre sonrío y cuando la miro, y ella me devuelve la mirada, parece que el mundo se vuelve un sitio mejor, sólo porque ella me ha mirado de la misma manera en la que tú me estás mirando ahora. Con esos ojos achinados y oscuros, como siempre me miras, y después sonríes, y lo único que quiero es besarte, y abrazarte, y no soltarte la mano nunca, y que te des cuenta de lo mucho que me gustas, de lo increíble que eres, y de cuanto te quiero.

Noté como me había sonrojado, y rápidamente aparté la mirada. Y él estiró la mano sobre la mesa. Y entonces yo alargué la mía, y me la apretó cariñosamente. Y le miré a los ojos. Y supe que todo iba a salir bien."

sábado


Hay un momento en la vida en el que te das cuenta de que te falta algo. Por más amigos que te quieran, familia que te apoyen, sigues sintiendo que te falta algo. Sigue sintiendo que el lugar que en tu corazón debería ocupar esa persona hecha para ti no está. Esa persona que haga que tus días más grises se vuelvan azules. Esa persona que cuando sólo te salgan lágrimas, sea capaz de arrancarte una sonrisa. Esa persona que haga lo que sea por ti, y que aunque sea pasar cinco minutos a tu lado sacrificará lo que sea. Esa persona que espera por ti el tiempo que haga falta. Esa persona que en las noches más frías y solas se acuesta a tu lado y te abraza.

A mí me seguirá faltando una persona así en el corazón.

jueves

¿Quieres saber qué me gusta de ti? Que me rechazaste, que eres delicado, que estás asustado, que eres guapo, que estás fuera, que me provocas ternura, que me excitas, que estás igual de atrapado que yo...




AzulOscuroCasiNegro (2006), de Daniel Sánchez Arévalo

viernes

Cuando se hizo de noche, y empezó la fiesta, las risas, la bebida, la música, casi me había olvidado de todo. Había olvidado el dolor, las lágrimas, las palabras feas, las negaciones. Sólo me importaba el momento, disfrutar, olvidarme de él. Y supongo que hubo alguien que tuvo mucho que ver. Cuando se acercó a mi y me agarró la mano no pude evitar sentir miedo. Miedo de volver a sufrir, miedo de que me hiciesen daño otra vez, miedo al rechazo, miedo a las lágrimas, miedo a sentir que nunca nadie me iba a querer.

- Qué guapa estás.

Y qué bonito sonó. Le apreté la mano y me acerqué a él, abrazándole. Y qué bien sentó. Que bonito cuando el me acaricio el pelo, acerco su mejilla a la mía, cuando olí su perfume, y me embriagó, cuando me susurró al oído que se alegraba de verme, cuando noté como acercaba su boca a la mía y, tan tímido como de costumbre, me besaba. Y fue la sensación más bonita que había sentido en mucho tiempo.