Es difícil expresar cómo me siento. Pero más que difícil, es
doloroso. Por que duele, y mucho. Está escondido en algún lugar, bien al fondo,
donde apenas puedo verlo. Pero sí lo noto. Noto como araña, como corta, como
quiere salir. Lo noto cada vez que cierro los ojos. Cada vez que quiero dejar
de pensar. Y duele, duele muchísimo. Y no te puedes imaginar lo difícil que es.
Lo difícil que es intentar olvidar todo ese dolor, no sabes cuanto me duele
cada vez que intento borrarlo de mi cabeza y, sobre todo, borrarlo de mi
corazón. Y no me lo pones fácil. Nada
fácil. No puedo olvidar el dolor que me produce sentir todo esto cuando lo
único que haces es aparecer una y otra vez para recordarme que ese sentimiento
sigue ahí. Y duele. Duele mucho.
"Para ti, que llegaste de repente y cambiaste el argumento de esta historia y el de mi vida."
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viernes
domingo
Quilómetros que matan
No lo entiendo. De verdad que no puedo entenderlo. Explícamelo. Ayúdame a entender por qué lo haces. Explícame como, durante cinco meses, estando a 1186 quilómetros de distancia, en diferentes zonas horarias, en diferentes países, te comportas conmigo como si fueras la mejor persona de este mundo. Apoyándome, ayudándome, haciéndome reír, contándome secretos… Y vuelves, después de todo, y te comportas como si fuéramos dos extraños. Te juro que no lo entiendo. Y lo peor es lo mucho que me duele tu comportamiento. No sabes el daño que me haces que me ignores, que no me hables, que actúes conmigo como si no nos conociéramos, que no me preguntes “Oye, ¿cómo va todo?”. De verdad, no lo entiendo.
No entiendo como 1186 quilómetros eran mejor que vivir a 500 metros el uno del otro. No entiendo por qué. Y no sé si quiero entenderlo. No sé si quiero oír explicaciones, o excusas, o lo que sea. Lo único que entiendo es que, como siempre, al final yo soy la que sale perdiendo. Y eso me duele más que nada.
miércoles
Tiempo.
Más tiempo.
Es lo que necesitaba. Sólo un poco más. Quizás otros 145 días.
Incluso menos. O más. Pero no mucho más. Sólo necesitaba tiempo. Tiempo para
pensar. Tiempo para ordenar mi cabeza. Tiempo para entender lo que me pasaba.
Tiempo para recomponer mi corazón. Era lo que necesitaba. Y cuando pensé que
podía olvidar que algo dentro de mí me grita “ve por él”, apareces de nuevo.
Aparecer de nuevo y de la forma menos indicada. Apareces por sorpresa, sin
avisarme, sin darme tiempo a aclarar mis ideas, a pensar una respuesta, una solución.
No me has dado el tiempo suficiente para poder olvidarte. Y aún encima, haces
eso. Volver como si nada. Como si nos hubiéramos visto hace unas horas. Como si
las cosas no hubieran cambiado en 145 días. Como si no me hubiera pasado 145
días esperando que volvieses. Como si no hubiese pensado 145 noche en ti. Como
si esos 145 días en los que tú cambiaste no me hubieran cambiado.
Sólo necesitaba otros 145 días más para sacarte de mi
cabeza. Pero sobre todo, necesitaba otros 145 días para sacarte de mi corazón.
Y ahora ya es demasiado tarde.
domingo
¿Cómo lo haces? Dime: ¿cómo lo consigues?
¿Cómo es posible que en un momento me sienta la persona más
miserable del mundo y al momento, cuando tú apareces, me sienta la más feliz
del mundo? Dime: ¿cómo eres capaz de borrar de mi cabeza todo lo malo que me ha
pasado? ¿cómo es posible que cuanto estoy contigo, cuando hablo contigo, cuando
te miro, sólo sienta felicidad? Me dan miedo esos sentimientos. Me dan mucho
miedo. Ya lo he sentido antes. Era igual, era exactamente lo mismo. Una sóla
palabra conseguía sacarme una sonrisa, conseguía que todas mis preocupaciones
se esfumasen.
Eres la única persona que consigue curar las heridas de mi
corazón, la única en la que confío que puedo abrirle mi corazón y no me lo hará
pedazos, la única persona que quiero tener a mi lado todo el rato, la única
persona que, desde hace mucho tiempo, se coló en mi corazón.
¿Cómo lo has hecho?
viernes
La noche se fue haciendo más y más
oscura y más y más fría. Notaba mis dedos completamente congelados y mi nariz
estaba roja del frío. Pero seguía allí esperando. Durante horas. Una, dos,
tres… Y seguían pasando, y seguía esperando.
Notaba como me iba quedando más y más fría, y como se me iban cerrando
los ojos. Notaba que las fuerzas se me iban y lo único que deseaba en aquel
momento era llorar y dormir. Llorar toda la noche, dormida, soñando, despierta…
Pero tenía que esperar. Aún podía llegar. Esperé una hora más, y otra, y otra…
Y cuando me di cuenta de que no iba a venir, intenté levantarme, y noté mi
cuerpo muy débil, no tenía apenas fuerza en las piernas. Me apoyé en el banco
en el que estaba sentada y contuve las lágrimas.
- ¿Cuánto
tiempo llevas esperando?
Escuché su voz y me sobresalté.
Levanté la cabeza y allí estaba, sentado a mi lado, con las manos metidas en
los bolsillos, mirándome con una sonrisa pícara. Le lancé una mirada furiosa e
intenté levantarme, pero estaba completamente congelada, y tuve que sentarme en
la esquina del banco, dándole la espalda, intentando recuperar las fuerzas.
- Sólo cinco meses, no pasa nada. Puedo esperar cinco más.
Lo dije dolida, porque era como me
sentía. Dolida. Enfadada. Triste. Él se acercó a mi y apoyó su espalda contra
la mía.
- Pensaba que habíamos quedado hace unas horas. – dijo en tono divertido.
- Pensaba que habíamos quedado hace unas horas. – dijo en tono divertido.
Pero todo aquello no tenía ninguna
gracia. No para mí. Estaba harta de él, de sus juegos sin sentido, de sus
indirectas, de sus tonterías de niño pequeño. No iba a volver a la adolescencia
por un chico. No otra vez. Me levanté bruscamente y caminé unos pasos hasta que
mis piernas, congeladas, me obligaron a parar. Las lágrimas empezaron a salir
de mis ojos. Intenté mantener el equilibrio, pero apenas tenía fuerzas. Debía
haber una temperatura bajo cero, y llevaba demasiadas horas soportándola. No
fui capaz de aguantar y caí al suelo, de rodillas. Empecé a llorar, cada vez
más y más. No podía parar. No era capaz. Me dolían las piernas, las manos, la
cabeza… y sobre todo me dolía el corazón. No podía soportarlo más, no quería
soportarlo más.
De repente, noté como un brazo me
rodeaba y como apoyaba mi cuerpo sobre alguien. Levanté la cabeza y ahí estaba
él.
- Eres tan tonta. No tenías porque esperarme. Yo nunca te pedí nada, no creo ni siquiera que insinuase nada… - no terminó la frase.
- Tú lo has dicho – dije mientras me secaba las lágrimas- soy tonta, y por eso lo he hecho.
- Eres tan tonta. No tenías porque esperarme. Yo nunca te pedí nada, no creo ni siquiera que insinuase nada… - no terminó la frase.
- Tú lo has dicho – dije mientras me secaba las lágrimas- soy tonta, y por eso lo he hecho.
Entornó los ojos y me miró. Me
miró de una manera que nunca lo había hecho. De una forma que hizo que se me
parase el corazón, que hizo que cada fibra de mi cuerpo temblase, que me hizo
tener unas ganas terribles de echar a correr.
- Me alegro tanto de que me hayas esperado.
- Me alegro tanto de que me hayas esperado.
Acercó su cara lentamente a la mía y apoyó su frente contra la mía. Podía notar su cara también congelada, sus mejillas húmedas, podía notar lo nervioso que estaba.
- Te quiero. Te quiero tanto. Te quiero desde hace más de cinco meses. Lo he sabido desde hace mucho, pero soy un tonto, yo sí que lo soy, un tonto y un cobarde, que no ha tenido el valor de decirte lo que siento por miedo a lo que pudiese pasar. Pero quiero que lo sepas. Quiero que sepas que te quiero como nunca he querido a nadie. Y que voy a estar aquí siempre. Sujetándote, apoyándote, ayudándote. Aunque tú no me necesites.
No me había dado cuenta de que
había empezado a llorar otra vez hasta que él acercó sus labios a los míos y me
besó. Y en ese momento supe que yo también le había querido desde hace mucho
tiempo.
martes
"… ¿cómo es ella?
El sonrió y me miró fijamente a
los ojos.
- La verdad es que es preciosa. Y
es más preciosa aún cuando la conoces. Creo que lo que más me gusta de ella es
esa carita que tiene. Siempre está sonriendo, creo que sólo una vez la vi
seria. Y me encanta como siempre se limpia las gafas porque tiene una pequeña
manchita, o lo guapa que está cuando lleva el pelo suelto, sobre todo cuando le
da el sol porque entonces parece dorado. Y me encanta como huele. Siempre que
estoy cerca de ella puedo oler su perfume, y aunque es muy dulce, en su piel
queda perfecto, y te sientes atraído por ese perfume, y se te queda grabado. Y
aunque no tiene un cuerpo perfecto, creo que ni me he fijado en eso, porque es
una persona tan increíble y especial que es imposible no sonreír cuando estás a
su lado. Y me encanta porque es muy vergonzosa, y se sonroja por cualquier
cosa. Y adora a su perra, y le encanta sacarle fotos. Pero creo que lo que más
me gusta de ella es como me hace sentir, porque cuando está a mi lado siento
que quiero ser mejor persona, por mi, por ella, que quiero ser el hombre que
esté a su lado cuando más lo necesite, que me encantaría despertarme a su lado
el resto de mi vida, que me muero de ganas de hacer el amor con ella desde hoy
y para siempre, que cuando pienso en ella siempre sonrío y cuando la miro, y
ella me devuelve la mirada, parece que el mundo se vuelve un sitio mejor, sólo
porque ella me ha mirado de la misma manera en la que tú me estás mirando
ahora. Con esos ojos achinados y oscuros, como siempre me miras, y después sonríes,
y lo único que quiero es besarte, y abrazarte, y no soltarte la mano nunca, y
que te des cuenta de lo mucho que me gustas, de lo increíble que eres, y de
cuanto te quiero.
Noté como me había sonrojado, y rápidamente aparté la mirada. Y él estiró la mano sobre la mesa. Y entonces yo alargué la mía, y me la apretó cariñosamente. Y le miré a los ojos. Y supe que todo iba a salir bien."
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