"Para ti, que llegaste de repente y cambiaste el argumento de esta historia y el de mi vida."
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sábado

Era de noche ya y hacía frío, mucho frío. Ese frío de invierno, que te congela hasta la punta de los dedos, que te hace temblar y desear beberte una taza de chocolate caliente. Pero no temblaba por eso. Sentada en aquel banco, mientras las hojas de los árboles querían decirme algo pensaba en él. Y en todo lo que había pasado. O en lo que no había pasado. En lo que nunca pasaría. Definitivamente pensaba en él. Y cada vez que lo hacía, ese frío invernal se metía dentro de mí y me hace estremecerme, ponía mis pelos de punta y hacía que tuviera más ganas de encerrarme en mi habitación y no volver a salir nunca. Pero estaba allí, a miles de quilómetros de mi casa, frente a su casa, perdida en la gran ciudad, con poco dinero en el bolsillo y demasiadas esperanzas en el corazón. Aquello había sido una locura. Una de tantas ,claro, pero no me iba a echar atrás, no ahora. Busqué su nombre en la agenda del móvil y llamé. Vi como se encendía una luz en la casa. Mi corazón dio un vuelco.

- ¿Diga?

Contestó al teléfono como lo recordaba. Tan natural, tan espontáneo, con aquella simpatía natural y con aquella voz tan dulce. Me quedé callada al otro lado, sin saber qué decir.

- ¿Hola? ¿Hay alguien?

No sabía qué decir, qué hacer. Cómo reaccionaría él, cómo lo haría yo…

- Si esto es una broma no tiene ninguna gracia, así que voy a colgar…

- ¡No cuelgues!

Reaccioné sin pensar. Y ya no había vuelta atrás.

- ¿Quién es? –noté la inquietud en su voz.

- Soy yo. –esperaba que reconociese mi voz.

Se hizo el silencio al otro lado del auricular. Oí el jadeo de un risa y entonces noté como volvía al teléfono.

- Perdona, es que no escuchaba nada y me he enfadado un poco. ¿Cómo es que me llamas por teléfono? Habría sido mejor hablar por chat.

- No puedo usar el chat. No estoy en casa. Y necesitaba decirte algo muy importante.

- ¡Eh, no me digas que al final vas a venir! ¡Será genial, quiero enseñarte toda la ciudad!

- Ya estoy aquí.

Mi voz sonó asustada, pero segura. En el momento en que lo dije quise volver a atrás, pero sabía que ya era imposible. Tenía que decírselo. Era ahora o nunca.

- ¿Quieres decir aquí en la ciudad? ¡Cómo no me lo habías dicho! ¿Hace mucho que llegaste? ¡Oh, estoy deseando verte!

- Mira por la ventana.

- ¿Qué mire por la ventana? ¿Qué quieres decir…?

Su frase quedó inconclusa cuando me vio en la calle. Su cara de sorpresa no era mayor que la mía de asustada.

- Por favor, no cuelgues, y no salgas, sólo quiero decirte algo y me iré.

Vi su expresión de sorpresa se iba haciendo mayor pero aún así asintió y no dijo nada.

- Cuando nos despedimos en verano y volvimos a nuestras casas, noté como si me faltase algo. Me sentía extraña no levantándome todos los días y desayunar contigo, o no acostarme sin que antes me dieras las buenas noches. Han sido tres meses muy raros. Pero sobre todo ha sido así porque no te dije algo muy importante y es algo que no se puede quedar dentro de mí, porque me está destrozando día a día.
> Desde el primer día que te conocí me pareciste alguien increíble. No sólo porque seas divertido o inteligente, sino por tu manera de ver el mundo, de entenderlo. Nunca había conocido a alguien como tú y eso me atrajo de una manera que no puedo explicar. Y en esas semanas que vivimos juntos me fui acostumbrando a ti. A ver tu sonrisa a todas horas, a escuchar tu risa, a tus abrazos, a escuchar canciones juntos… Fue lo mejor de ese viaje, te lo juro, y doy gracias al día que decidí hacerlo. Pero no es por esto por lo que he soportado dos horas de viaje y miles de quilómetros. Es porque quería decirte que, si me he sentido así durante estos meses, ha sido porque tú no has estado a mi lado, porque he echado de menos cada día tu sonrisa, tu perfume, tus ojos, tu pelo. He echado de menos escuchar tu voz, que parece que se ha convertido en mi sonido favorito. Te echado tanto de menos que ahora que te lo he dicho no sé qué hacer o cómo mirarte a la cara, no sé si quedarme aquí o dar media vuelta y echar a correr. No sé si vas a reirte de mí o a llamarte loca. No sé si querrás seguir hablándome o no. Sólo sé que te quiero, y que te he querido durante estos tres meses y que he deseado cada día que tú también me quisieras.

Me quedé sin aliento y noté como se me formaba un nudo en la garganta. No era capaz de mirarle. No quería ver la burla en su cara, la sensación de haber hecho el rídiculo. Colgué el teléfono y di media vuelta. De repente noté como sobre mí empezaba a llover, y pensé en la ironía del momento, de cómo el cielo lloraba en mi lugar. Entonces note una mano agarrándome, haciéndome dar la vuelta y le vi delante de mi, tan guapo como lo recordaba, empapado por la lluvia y mirándome con aquellos ojos que tanto había echado de menos. Y de repente me besó, después de tres meses de noches en vela, de lágrimas y de dolor, me besó y me sentí la persona más feliz del mundo.

Y siguió lloviendo toda la noche, pero, si en aquel momento, el cielo lloraba, no eran lágrimas de tristeza, sino de alegría.

viernes

Esa mañana me desperté con un mal sabor de boca; había dormido mal, y cuando levanté las persianas llovía. Y eso fue el comienzo del peor día del resto de mi vida. Sonó el teléfono, me pareció más bien que el demonio llamaba a mi puerta. Levanté el auricular y sólo oí un llanto quebrado, desgarrador, una señal que me hizo darme cuenta de que todo había terminado.


Nunca más volvería a ver aquella sonrisa en su rostro, nunca más volvería a besar aquellas mejillas, a revolver aquel cabello azabache, nunca más volvería a tumbarme a su lado y a quedarme mirándola hasta que ella me enseñase la lengua o intentase tirarme del pelo.


En sólo veinticuatro horas mi vida había cambiado. Había pasado de tener un buen comienzo de año, con mi familia, mis amigos, una vida tranquila, sin más preocupaciones que los exámenes... a de repente encontrarme con que miles de corazones se morían de dolor.


Ese día me dormí abrazada a mi almohada, húmeda, completamente empapada por mis lágrimas, y esa noche soñé con ella, soñé que me despertaba saltando sobre mí, que se tiraba sobre mí y que, con esa sonrisa, se despedía de mí para siempre, dejando ese hueco en mi corazón y diciéndome con la mirada: "Estaré siempre contigo".

lunes

Mientras ataba la canoa, miró a Allie y contuvo la respiración. Estaba increíblemente hermosa, mirándolo con serenidad bajo la lluvia. No intentaba protegerse ni taparse, y vio el contorno de sus pechos a través de la tela del vestido ceñido a su cuerpo. El agua de la lluvia no era fría, pero de todos modos notó sus pezones erectos y protuberantes, duros como pedruscos. Sintió un hormigueo en la entrepierna y se apresuró a volverse de espaldas, avergonzado, murmurando para sí, agradecido de que la lluvia ahogara cualquier sonido. Cuando terminó y se levantó, Allie lo sorprendió cogiéndole la mano. A pesar del aguacero, no corrieron hacia la casa, y Noah fantaseó con pasar la noche con ella.
Allie pensaba en lo mismo. sintó la calidez de sus manos y las imaginó tocando su cuerpo, acariciándola entera, recreándose en su piel. La sola idea la hizo respirar hondo; sintió un hormigueo en los pezones y un calor nuevo entre las piernas.
Entonces comprendió que algo había cambiado desde su llegada. Aunque no podía precisar el momento en que había comenzado - el día anterior después de la cena, aquella misma tarde en la canoa, acaso cuando habían visto los cisnes o ahora, mientras caminaban cogidos de la mano- supo que había vuelto a enamorarse de Noah Taylor Calhoun, o que quizá, sólo quizá, nunca había dejado de quererlo.


martes

¿Conoces esa sensación de andar sólo por la calle mientras llueve a cántaros y sientes que no hay nadie a tu lado? Pues así es como me siento yo ahora. Estoy sola en la calle, y empieza a llover, cada vez más y con más fuerza. No tengo nada para taparme, así que dejo que la lluvia me moje. No apuro el paso, porque sé que tarde o temprano voy a llegar a mi destino. Mientras camino miles de sentimientos se me cruzan: tristeza, melancolía, soledad… Y ya no sé que me más hacer para evitarlo. Así que lo dejo estar. Dejo salir las lágrimas, y me paro, y comienzo a llorar. ¿Qué tengo de malo? ¿Qué he hecho? ¿Acaso he sido tan mala persona? ¿tan mal me he portado?. Son tantas las preguntas, y tantas las respuestas sin contestar, que no merece la pena malgastar el tiempo. Reanudo el camino, empapada de pies a cabeza. Comienzo a sentir frío, un frío aterrador que se extiende por todo mi cuerpo y que me hace temblar. Y otra vez esa horrible sensación de soledad. ¿Cuándo va a terminar?. Por fin llego al final, al final de ese camino. Y allí encuentro lo que durante todo este tiempo me ha estado atormentando. Tú. Tú con tu sonrisa, tú y tus ojos, tu pelo, tu forma de caminar, tu olor… Todo aquello que durante todo este tiempo he estado evitando, todo aquello que durante toda mi vida he buscado, ese sentimiento que anhelo con cada fibra de mi ser. Ese sentimiento que en estos momentos me está haciendo infeliz. Te veo a lo lejos y un calorcillo aparece en mi corazón. ¿Me verás? Y de ser así, ¿qué dirás? ¿te acercarás a saludarme? ¿me abrazarás?. Acelero el paso, y tú te alejas mientras me das la espalda. Entonces freno en seco, aún con el agua resbalándome por las mejillas, el pelo mojado cayéndome a ambos lados de la cara, y los ojos empañados de lágrimas. Era sólo un recuerdo. Un recuerdo de aquello que algún día fue, pero que hace tiempo que ya no es. Tu recuerdo. Y es que, aunque quiera, no me acuerdo de olvidarte.

miércoles

Me gusta el olor a lluvia, porque es como si estuvieras aquí, aunque en realidad no estas. Me gusta, porque me recuerda a ti.Tiene tu perfume. Y entonces cuando llueve, me gusta salir a la calle y empaparme de ti. El olor a lluvia me recuerda cuando te fuiste, y eso me hace sentir un poco mejor porque, sin quererlo, me recuerda que algún día viniste con la lluvia para quedarte. El olor a lluvia me gusta, y tal vez porque hace que sienta que te tengo al lado, o por lo menos bastante mas cerca. Entonces, cuando llueve me imagino que el olor a lluvia te va a hacer pensar en mi. Porque yo también tenía olor a lluvia en tus recuerdos. Y entonces me gusta cuando llueve. Porque creo que es el momento, en que tu y yo nos encontramos.