"Para ti, que llegaste de repente y cambiaste el argumento de esta historia y el de mi vida."
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jueves


Todo empieza en el silencio. El origen de todo está en el silencio. En ese momento en el que no escuchas más que tu respiración, más que el latido de tu corazón, el temblor de tus manos. El silencio es el comienzo de todo.

Al silencio le sigue un movimiento, un pequeño y mínimo movimiento. Un gesto, un roce, una caricia, un parpadeo, un susurro… Un detalle que, al cabo del tiempo, sólo tú recuerdas.

Tras ese primero movimiento, viene la expresión. Llega la sonrisa. La sonrisa de una persona. La sonrisa de esa persona. La sonrisa de una persona es su firma, es su sello, es su identidad. La sonrisa de una persona nunca cambia. A veces es una sonrisa feliz, otras una sonrisa de resignación, otras una sonrisa de fingir. Pero esa sonrisa, es la firma de que una persona será siempre ella misma.

Tras la sonrisa, llegan las palabras. Nunca son las mismas. Van desde un saludo hasta un nombre. Y siempre acompañadas de un contacto. Un apretón de manos. Un rápido abrazo. Un par de besos en la mejilla. Empieza el peligro.

Después del silencio, después del movimiento, y después de la sonrisa, ya lo sabes. Quizás no estás seguro. Quizás lo estás. Quizás lo sientes. Quizás lo empiezas a sentir. Pero, en ese silencio, en ese movimiento, en esa sonrisa, está el origen. En todo esto está el origen del primer amor.

miércoles


Tiempo.

Más tiempo.

Es lo que necesitaba. Sólo un poco más. Quizás otros 145 días. Incluso menos. O más. Pero no mucho más. Sólo necesitaba tiempo. Tiempo para pensar. Tiempo para ordenar mi cabeza. Tiempo para entender lo que me pasaba. Tiempo para recomponer mi corazón. Era lo que necesitaba. Y cuando pensé que podía olvidar que algo dentro de mí me grita “ve por él”, apareces de nuevo. Aparecer de nuevo y de la forma menos indicada. Apareces por sorpresa, sin avisarme, sin darme tiempo a aclarar mis ideas, a pensar una respuesta, una solución. No me has dado el tiempo suficiente para poder olvidarte. Y aún encima, haces eso. Volver como si nada. Como si nos hubiéramos visto hace unas horas. Como si las cosas no hubieran cambiado en 145 días. Como si no me hubiera pasado 145 días esperando que volvieses. Como si no hubiese pensado 145 noche en ti. Como si esos 145 días en los que tú cambiaste no me hubieran cambiado.

Sólo necesitaba otros 145 días más para sacarte de mi cabeza. Pero sobre todo, necesitaba otros 145 días para sacarte de mi corazón. Y ahora ya es demasiado tarde.

domingo


¿Cómo lo haces? Dime: ¿cómo lo consigues?

¿Cómo es posible que en un momento me sienta la persona más miserable del mundo y al momento, cuando tú apareces, me sienta la más feliz del mundo? Dime: ¿cómo eres capaz de borrar de mi cabeza todo lo malo que me ha pasado? ¿cómo es posible que cuanto estoy contigo, cuando hablo contigo, cuando te miro, sólo sienta felicidad? Me dan miedo esos sentimientos. Me dan mucho miedo. Ya lo he sentido antes. Era igual, era exactamente lo mismo. Una sóla palabra conseguía sacarme una sonrisa, conseguía que todas mis preocupaciones se esfumasen.

Eres la única persona que consigue curar las heridas de mi corazón, la única en la que confío que puedo abrirle mi corazón y no me lo hará pedazos, la única persona que quiero tener a mi lado todo el rato, la única persona que, desde hace mucho tiempo, se coló en mi corazón.

¿Cómo lo has hecho?

"Never let me go"


No la dejes ir. Nunca.
No la dejes sola cuando más te necesite, quédate a su lado siempre.
No le des la espalda nunca, porque ella nunca lo haría.
No dejes que se borre la sonrisa de tu cara, porque no sabes si la volverás a ver.
No la hagas llorar, por más que creas que se lo merece.
No vayas con otras, sólo para probarla, porque ya sabes que ella siempre será tuya.
No juegues con sus sentimientos un día sí y otro también, porque acabará rota.
No te olvides de besarla, de abrazarla, como ella hace contigo.
No dejes que el orgullo sea más fuerte que lo que sientes por ella.
No dejes que otros crean que puede ser suya, porque no lo es.
No le mientas, porque ella nunca lo ha hecho.
No te olvides nunca de que con ella te conviertes en mejor persona.
No la abandones en cualquier esquina en un día de lluvia.
No hagas que se enfade, que grite, porque sólo la harás infeliz.
Pero sobre todo, no te olvides de repetirle cada día que la quieres, y que siempre lo harás. Y nunca, nunca, nunca, la dejes ir.

viernes


Ya no puedo más. Estoy harta. Estoy cansada.  Estoy harta de irme a dormir cada noche y soñar contigo. Estoy cansada de despertarme cada mañana con la angustia de saber que nunca te voy a volver a ver.

No dejo de soñar contigo y con esos ojos azules. No dejo de acordarme de ti, cada día, a cada hora. Te juro que lo he intentado, lo he intentado de todas las formas posibles, pero no puedo. No puedo sacarte de mi cabeza. Y tampoco de mi corazón. Te quiero. Te quiero desde hace tres años, y te sigo queriendo a pesar de que sé que nunca me querrás. Y me siento una imbécil, una maldita imbécil que sigue soñando que apareces otra vez en mi vida, como el primer día que te vi, con aquella sonrisa, con aquellos ojos. Porque sigo creyendo que no eres la primera persona que me rompió el corazón. Porque te sigo queriendo, y me odio cada día por sentir lo que siento.

Y te pido perdón. Perdón por todo lo que he dicho, porque lo único que he querido desde aquel verano, es oírte decir que tú también me querías. Y me odio cada día porque sé que nunca sentirás lo mismo que yo. Y estoy harta, y cansada. Y estoy triste. Y se me vuelve a romper el corazón como el día que te dije que era tuya, y tú te fuiste para siempre.

jueves


“Eres una genio, por eso te quiero”

Tres años. Han pasado ya tres años. Tres años desde aquella tarde en la que tuve el valor de, por primera vez en mi vida, abrirle mi corazón a una persona y decirle que estaba enamorada de él.

“Se nota que vamos a ser reyes del mundo”

Tres años desde aquellas conversaciones que me hacían creer que podíamos llegar a ser algo, tres años desde aquellas tardes de miércoles de risas y abrazos.

“Ahora tenemos que ser novios, ya que somos la pareja perfecta”

Tres años desde aquellas confidencias entre tú y yo, aquellas que sólo nosotros sabíamos y que no compartíamos con nadie más.

“Ojalá pudiera disfrutar de tu compañía todos los días”

Tres años ya. Tres años eternos y dolorosos. Tres años rogando que algún día te dieses cuenta de que me querías. Tres años deseando encontrarme contigo por casualidad. Tres años arrepintiéndome de haberte contado lo que sentía. Tres años en los que, ni un solo día, he sido capaz de olvidarme de ti.