"Para ti, que llegaste de repente y cambiaste el argumento de esta historia y el de mi vida."
Mostrando entradas con la etiqueta felicidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta felicidad. Mostrar todas las entradas

sábado

Los primeros rayos de sol me despertaron. Abrí los ojos lentamente y parpadeé al tiempo que recordaba que hacía allí. Miré a mi derecha y allí estaba él. Su pecho desnudo se tornó de un color tostado con la luz del sol, sus bucles parecían más dorados que nunca; su expresión era tranquila, en paz, y en sus labios se dibujaba una pequeña sonrisa. Me acurruqué a su lado y cerré los ojos, aspirando su olor, intentando recordarlo. Él se revolvió en sueños y comenzó a despertarse. Yo cerré los ojos, por miedo a que él hiciera como si aquella noche no hubiera existido. Pero no fue así. Acercó su rostro al mío y me besó. Tan dulce como siempre. Permanecí con los ojos cerrados mientras el acariciaba mi torso desnudo. El contacto con su mano aceleró mi pulso.


- No te puedes imaginar el tiempo que llevaba esperando este momento - dijo al tiempo que se acurrucaba a mi lado y me arropaba con sus brazos.

> Ahora que estás dormida, ahora que no puedes escucharme... quiero decirte que te quiero. Te quiero de verdad. Como nunca he querido y querré a nadie. Pensar que no puedo estar contigo me duele, y la simple idea de perderte hace que yo pierda la cabeza. Cuando me dijiste que estabas enamorada de mí, me asusté. Me asusté de lo que sentí en aquel momento, de las ganas de abrazarte, de besarte, de las ganas que tenía de quedarme a tu lado para siempre. Fue demasiado para mí. Pero he sido tan cobarde que durante estos dos años no he tenido la valentía de levantar el teléfono y llamarte, y decirte que no importan los kilómetros, que no importa nadie ni nada, ni las diferencias, ni las similitudes, que lo único que en esta vida me importa eres tú. Y siento tanto haberte hecho tanto daño... lo siento mucho....


Su voz se quebró y pude notar como las lágrimas secaban de sus ojos. Me besó en la frente y se quedó allí quieto, llorando en silencio, abrazado a mí. Poco a poco me fui acercando a su oído y, en voz muy baja le susurré.


- Ahora estás aquí y es lo único que importa.

domingo

Más rápido, más lento. Con calma, con fuerza. Arriba, abajo. No pares. Un beso, y otro, y y otro; infinitos. Una mirada. Una sonrisa. Y un abrazo. Manos que se cogen. Dos corazones latiendo enamorados.


Cuando la miró a los ojos supo que algo no iba bien.
- Dime, ¿qué te pasa?
Ella le miró y en sus ojos el pudo ver reflejado todo su miedo.
- ¿De qué tienes miedo? - le preguntó.
Ella se dio la vuelta pero él la abrazo y le beso la mejilla.
- Sabes que puedes contármelo...
Cuando ella se dio la vuelta, escondió la cabeza en su pecho. Él sonrió.
- ¿Quieres saber cuál es mi problema? -susurró ella.
- Por favor.
Tomó aire y le miro a los ojos.
- Que estoy asustada, que tengo miedo; siempre lo he tenido. Miedo a que me pase algo, miedo a perder a las personas a las que quiero, miedo a tropezar y hacerme daño, miedo a decepcionar a alguien, miedo a no ser fuerte, miedo a enamorarme, miedo a llorar, miedo a reír, miedo a equivocarme, miedo a no elegir bien, miedo a que un día el mundo se acabe y no haya hecho todo lo que tenía que hacer.
- Y ahora, ¿a qué tienes miedo?
- Tengo miedo a que nunca me quieras cómo yo te quiero, miedo a que te vayas y nunca te vuelva a ver, miedo a decirte esto y tú me tomes por una niña, miedo a que me rechaces, miedo a mirarte a los ojos, miedo a que me sueltes la mano y todo se esfume...
- No te preocupes; yo nunca te soltaré la mano.

jueves

Noche cerrada. Miradas avergonzadas que se cruzaban. Dos corazones latiendo aceleradamente. Palabras que intentaban salir. Y por fin, él alzó sus ojos azules y me miró.
-Tenemos que hablar.
Lo soltó así. De repente. Sin ningún motivo. Después de no habernos visto en diez meses había tenido la “buena” suerte de encontrarme con él. Y había insistido en hablar conmigo. ¿De qué? Eso es algo que nunca entenderé.
Levanté la vista y le miré fijamente. Sus ojos azules despedían un brillo extraño… vergüenza. Sí, eso es lo único que veía.
-No sé de qué quieres hablar-quizás fui muy brusca, pero estaba enfadada, muy enfadada.
Él río nervioso y se acercó a mí. Tenía las manos escondidas en los bolsillos y se miraba a los pies. Estaba histérico.
-No me lo pongas más difícil, por favor- me miró una vez más con sus malditos ojos azules.
Aparté la mirada y me crucé de brazos. Me pareció ver como sonreía y dio otro paso hacia mí, al tiempo que, con sus manos, me hacía girar la cara.
-Es algo serio,- sus ojos azules se clavaron en los míos. No recordaba lo mucho que me gustaban…- así que mírame a los ojos por una vez.
Tragué saliva. Él resopló.
-Mira, ya sé que ha pasado mucho tiempo desde que tú…
-Diez meses –le interrumpí de forma cortante.
-Está bien, han pasado diez meses. Diez meses desde que la última vez que te vi, diez meses desde que me dijiste que estabas enamorada de mí, diez meses desde que cada mañana, al despertarme pienso en ti, en cómo estarás, en si me seguirás queriendo o me odiarás…
Seguía mirándome a los ojos mientras yo enrojecía.
-Lo siento. Lo siento muchísimo. Está bien, no me di cuenta de que al evitarte te hacía daño. Sólo pensé en mi mismo, pero ahora es distinto. Me he dado cuenta de muchas cosas durante todos estos meses.
“Eres un idiota, eres un idiota, un maldito y desgraciado idiota que me partió el corazón.” Me repetía a mi misma.
-Han pasado diez meses, sí. Y han sido los peores diez meses de mi vida porque tú no has estado a mi lado.
Levanté la cabeza y le miré. Y por fin, después de tanto tiempo, vi en sus ojos azules lo que había deseado ver hacía tiempo.
-Te quiero. Me ha costado entenderlo y, sobre todo, me ha costado decírtelo, pero es la pura verdad: estoy enamorado de ti.
Ahora era yo la que no sabía cómo reaccionar. Me quedé parada, perpleja, mirándole fijamente a los ojos, a aquellos ojitos azules que me miraban esperando una respuesta. Por dentro me sentía feliz, quería besarle, abrazarle y no separarme de él nunca más. Pero mi orgullo era más fuerte que todo aquello.
- ¿Y qué quieres decir con eso, eh? ¿Te crees que todo es tan fácil? ¿Qué ahora vienes y me dices “te quiero, estoy enamorado de ti” y yo me voy a tirar a tus brazos? Las cosas no son así.
Me di la vuelta, dispuesta a marcharme, pero él me agarró el brazo, reteniéndome.
-Por eso te quiero.
Le miré.
-Te quiero porque eres tú misma, porque eres más fuerte que todo esto; te quiero porque en estos momentos estás deseando besarme, y por tu maldito orgullo lo estás evitando a toda costa; te quiero porque, cuando te ríes, parece que una parte del mundo, aunque sea muy pequeña, es mejor. Te quiero porque eres pura magia, porque eres la mejor persona que he conocido nunca. Estoy loco por ti.
Por una vez sonó sincero. Me acerqué a él y le abracé, le abracé tan fuerte que parecía que nos quedaríamos así siempre. Nunca había imaginado que, por fin, aquellos ojos azules me iban a querer a mí. Y ahora eran míos, al fin, mis ojos azules estaban a mi lado.

lunes

Felicidad en estado puro, brutal, natural, volcánico, qué gozada, era lo mejor del mundo... Mejor que la droga, mejor que la heroína, mejor que la coca, chutes, porros, hachís, rallas, petas, hierba, marihuana, cannabis, canutos, anfetas, tripis, ácidos, lsd ,éxtasis... Mejor que el sexo, que una felación, que un 69, que una orgía, una paja, el sexo tántrico, el kamasutra, las bolas chinas... Mejor que la nocilla y los batidos de plátano... Mejor que la trilogía de George Lucas, que la serie completa de los Teleñecos, que el fin del Milenium... Mejor que los andares de Ally Mcbeal, Marilyn, la Pitufina, Lara Croft, Naomi Campbell y el lunar de Cindy Crawford... Mejor que el pequeño paso de Amstrong sobre la Luna, el Space Mountain, Papá Noel, la fortuna de Bill Gates, las malas experiencias cercanas a la muerte, la resurrección de Lázaro, todos los chutes de testosterona de Schwarzenegger, el colágeno de los labios de Pamela Anderson, mejor que los excesos de Morrinson... Mejor que la libertad... Mejor que la vida.



Jeux d'enfants