"Para ti, que llegaste de repente y cambiaste el argumento de esta historia y el de mi vida."
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sábado

Estábamos los dos juntos, en una habitación, tumbados el uno al lado del otro, abrazados. Yo escondía mi cabeza en su pecho y el me acariciaba el pelo. Debíamos llevar así horas. Pero, ¿qué importaba? Cuando estaba con él los días se convertían en segundos. No hablábamos, sólo nos mirábamos, nos acariciábamos, nos besábamos… Las sensaciones más maravillosas del mundo. Y el me susurraba al oído, con esa voz tan dulce que tenía. Y yo me sonrojaba, y me reía, y volvía a besarle, azorada pero feliz, más feliz de lo que nunca había sido. Rogaba para que aquel momento no terminase nunca, para que pudiésemos quedarnos así toda la vida, que ojalá siempre me quisiese tanto como yo a él, que no se apartara de mí, que me ayudara como mi mejor amigo, y me protegiera. Y cuando me miró a los ojos, esbozó esa sonrisa, y me besó, cerré los ojos, dejándome llevar, queriéndole más que nunca, agarrando fuertemente su mano, y deseando que todo aquello fuera real.

Cuando me desperté supe que nada de lo que había soñado era real. Todo un sueño, un sueño maravilloso y fantástico, una fantasía, la mía, que nunca se haría realidad.

jueves

¿Sabes qué es lo que quiero? Quiero alguien que esté a mi lado hasta cuando nadie sea capaz de estarlo, que me entienda incluso cuando yo no me entiendo, que por las mañanas, al levantarme, me diga lo guapa que estoy. Alguien con quien compartir la pasta de dientes, alguien que me mire, que se eche mucha colonia, que sea alegre y divertido, que sepa contar los días de la semana con los dedos de los pies y no con los de la mano; alguien que al acostarse me dé las buenas noches, alguien que cuente las estrellas por mí. Alguien que teclee muy rápido, que huela a lluvia y a quien le guste el chocolate tanto como a mí, que se ría cuando me ponga celosa, que me preste sus camisas, que use gafas de sol. Alguien a quien le gusten las películas de terror, alguien que me bese bajo la lluvia y me refugie bajo su paraguas, alguien que compre una botella de fanta para compartir, que me escriba cartas en color rojo, que use gorros, alguien que adore a los perros tanto como yo, que duerma en calzoncillos, que no se depile las piernas, que le guste leer. Alguien que en las noches de tormenta me abrace muy fuerte, alguien que escuche la música de los 70, alguien que se siente en el sofá con una manta, alguien que se lave 5 veces al día los dientes, alguien que me lea un cuento antes de irme a dormir, alguien que cuando me ponga histérica me grite, que juegue a la consola, que lleve una pulsera y que use boxers. Alguien que en los días que estoy fea me diga que estoy preciosa, alguien con quien viajar a Londres, alguien que me eche crema solar, que le gusten los polos de fresa. Alguien que llore conmigo, que me sonría, que me grite, que me cante, que me componga una canción, alguien que me provoque fiebre. Alguien que unte la tostada con mantequilla y mermelada, y luego me la deje morder, alguien que use sudaderas anchas, alguien a quien le guste el color verde, que fume, que le guste la historia, que sepa hablar italiano. Alguien que se quede dormido viendo los programas del corazón, alguien que compre el periódico todos los domingos, que le guste el vodka con limón, que esté guapísimo con esmoquin. Alguien que tenga miedo al fuego, que le guste el campo, que masque chicles de menta, alguien a quien le guste caminar por la playa, los niños pequeños y las pizzas. Alguien con quien compartir secretos, alguien que de vez en cuando me llame ‘’princesa’’, alguien que llore, que toque el piano, que tenga la voz grave y se le note la nuez. Alguien que beba el agua a morro de la botella, alguien que odie el pescado, que use calcetines de colores, que me mire a los ojos, que se bañe con mucha espuma, que le guste la fotografía. Alguien que tenga las manos bonitas, que me de besos de esquimal, alguien que cierre los ojos y siga viendo. Alguien que sea olvidadizo, torpe y no tenga vergüenza a cantar en público. Alguien a quien le gusten los besos en la oreja y que le susurren al oído, a quien le guste la filosofía y que entienda a Platón, alguien que sepa hacer tartas. Alguien que cada día me haga saber que me quiere.

martes

¿Qué siginifica "me gustas"?. Porque estoy intranquila. Da escalofríos. Ríe. ¡Eso son ganas! ¡Soy feliz! ¿Un sueño...? Parece que no teme a nada. Lo supe por primera vez. Lo sé. Quiero estar siempre contigo. ¡Tonto! ¡Ah! ¿Qué voy a hacer? ¡Es insoportable! ¿Aunque me traiciones? Maravilloso. ¡Yo no soy así! Se lo diré. Quiero escapar. No puedo dormir. ¡Me gustas mucho! ¡A ponerse las pilas! Está alegre... No servirá de nada. Soy yo la que quiere llorar. No hay quién entienda a los chicos. ¿Mona? No es lógico. ¡Ja, ja, ja!¿En serio? ¡Confío en ti! ¡Fíjate en ti misma! ¡¿Y te consideras una mujer?!

¿Hay algún sentimiento que no hayas experimentado?

lunes

Quiero que me hagas una promesa: quiero que, por una vez, me mires con esos ojos azules y me escuches, aunque sólo sea por esta vez, sólo una vez en toda tu vida quiero que te quedes a mi lado para oírme decir porque te quiero.
Te quiero porque cada vez que me miras con tus ojos azules siento que podría perderme en ellos para siempre; te quiero porque con sólo verte feliz, yo lo seré siempre; te quiero porque me rechazaste; te quiero desde hace un año, y soy tan idiota que creo que algún día vas a volver; te quiero por todo esto y más, porque tú eres mis ojos azules, eres mi guinda en un pastel, mi leche con cola-cao, mis suspiros y mis sueños. Y no soy capaz de dejar de querer a esos ojos azules, no puedo.

martes

Él. Ojos azules. Jadeos. Besos. Sonrisas. Manos que suben. Pantalones desabrochados. Y sólo ellos dos, sólos, nadie más.
Por fin, después de un año, ha conseguido lo que más ansiaba: tenerlo para ella sola. Él la besa, una y otra vez, con ganas, con pasión, con necesidad. Ella se abandona, se deja amar, se entrega a él. Nunca había sido tan feliz.
La noche se va haciendo más y más profunda, hasta que finalmente, él se duerme. La luz de la luna ilumina tenuemente la habitación. Ella se incorpora y lo observa. ¡Qué feliz es!. Y cuanto lo quiere, más que a nadie. Sonríe y se acurruca a su lado, abrazándolo con fuerza, sintiendo su presencia hasta que se duerme.
Comienza a amanecer; el sol filtra sus rayos por la ventana, dotando a la habitación de luz natural. Ella entreabre los ojos y mira a su lado. Pero no hay nadie. Se incorpora rápidamente y palpa la cama. “¿Dónde está?¿dónde se ha metido?”.
Se levanta de la cama y comienza a vestirse cuando él entra en la habitación. Vestido con unos vaqueros cortos, sin camiseta, sus rizos castaños despeinados y con un brick de leche en la mano. La mira fijamente, con sus ojos azules. Y ella siente que se muere de amor, y se levanta, dispuesta a besarle con todas las ganas y la pasión posible.
Pero él se aparta. Un paso hacia atrás. Una mirada interrogante.
-¿Qué haces?
-Darte los buenos días… -murmura ella.
-Ya, pues no quiero tus buenos días. Y vístete anda, que tengo que ir a clase-responde él saliendo por la puerta.
Y allí se queda ella, sola, destrozada, las lágrimas asomando en sus ojos, la cara descompuesta. Pero no va a quedar así. Le sigue hasta la cocina.
-Pero, ¿tú de qué vas? Me llamas ayer, me dices que me necesitas, que tienes que verme, que me echas de menos… Y yo vengo, y tú… tú me besas y me abrazas, y otra vez me repites que necesitas que esté contigo, y… lo de anoche… -nota como las lágrimas quieren escapar de sus ojos.
Él la mira fríamente. Sus ojos azules clavados en ella.
-Lo de anoche fue sólo un polvo. No hay nada más. Tú no significas nada para mí. Simplemente tenía ganas de acostarme con alguien, y sabía que tú acudirías corriendo.
Y ella le cree, le cree por que le mira a los ojos, y ve que allí no hay rastro de aquel supuesto amor que anoche había, sólo ve indiferencia. Y no puede aguantarlo, y rompe a llorar. Le grita, le insulta, le golpea… Cae al suelo, débil, siente un fuerte dolor en el pecho. No puede soportarlo. Todo lo que había ocurrido anoche para ella había sido algo mágico. Pero estaba equivocada. Había sido todo una mentira. Había creído ser alguien importante para él. Pero sólo era una más, una estúpida chica dentro de su gran colección de mentiras.

domingo

-Lo siento si te he incomodado -susurró-. A veces lo hago sin querer. Me refiero a que hablo con demasiada franqueza. Suelto todo lo que estoy pensando sin tener en cuenta cómo puedes afectar a los demás.
-No, no es eso -repliqué-. Sólo es que es la primera vez que alguien me dice una cosa así.
Casi me detuve allí, consciente de que si mantenía las palabras en mi interior, el momento mágico pasaría y podría salir airoso sin expresar mis verdaderos sentimientos.
-No sabes lo mucho que estos últimos días han significado para mí-empecé a decir-. Conocerte ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida. –Dudé, sabiendo que si me detenía en ese momento, ya nunca sería capaz de continuar-. Te quiero –susurré.
Siempre había imaginado que costaría mucho decir esas dos palabras juntas, pero no fue así. En toda mi vida no había estado tan seguro de mis sentimientos, y aunque esperaba que algún día pudiera oír de la boca de Savannah las mismas palabras dedicadas a mí, lo que más me importaba era saber que era yo el que había decidido amarla, sin ataduras ni ilusiones.
En la calle, la brisa empezaba a refrescar, y podía ver cómo los charcos de agua brillaban bajo la luz de la luna. Las nubes se habían empezado a disipar, y entre ellas, alguna estrella se atrevía a titilar tímidamente, como si quisiera conmemorar lo que acababa de admitir.
-¿Alguna vez te imaginaste algo así? –me preguntó-. ¿Tú y yo me refiero?
-No.
-Me da un poco de miedo.
Mi estómago dio un vuelco, y de pronto tuve la certeza de que ella no sentía lo mismo que yo.
-No tienes que decirme que me quieres -empecé a decir-. No lo he dicho por eso…
-Lo sé –me interrumpió-. No lo comprendes. No tengo miedo de lo que me acabas de decir. Tengo miedo porque yo quería confesarte lo mismo: te quiero, John.
Incluso ahora, todavía no estoy seguro de cómo sucedió. En un instante estábamos hablando, y al momento siguiente ella se inclinó hacia mí. Y cuando sus labios sellaron los míos, supe que podría vivir hasta cumplir los cien años y visitar todos los países del mundo, pero que nada se podría comparar con ese preciso instante, cuando, por primera vez, besé a la chica de mis sueños y supe que mi amor por ella nunca tendría fin.
“Para saber decir yo te amo, primero hay que saber decir yo”.
La base de lo que Ayn Rand denominaba egoísmo razonable. La necesidad de pensar de vez en cuando en uno mismo para conseguir el equilibrio personal. La necesidad de hacerte valer para que los demás te valoren. De tener la valentía de mostrar tus sentimientos sin juzgar y sin miedo a ser juzgado. De defender como de verdad es uno por encima de lo que piensen los demás. La necesidad de ser simplemente feliz, sin dar explicaciones a nadie, sean cuales sean las consecuencias.