"Para ti, que llegaste de repente y cambiaste el argumento de esta historia y el de mi vida."
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jueves


¿Sabéis lo que pasa cuando alguien os rompe el corazón?


Esa sensación, esa horrible sensación. Creía que era inexplicable. O quizás lo es. Porque no sientes nada. Sientes que se acaba el mundo, que se te cierran los ojos, tu cuerpo se debilita, tu cabeza deja de pensar. ¿Y qué siente tu corazón? Nada. Siente nada. O quizás siente algo. Dolor. Está roto. En miles de millones de pedazos, y cada uno de ellos se rompe en otros miles de millones. Y no sientes nada más que vacío. Un horrible e infinito vacío. Y a veces crees que deja de latir, quizás porque él también quiere cerrar los ojos y no pensar en nada. Y te da miedo que si él decide irse, tú te vayas con él. Y te tumbas en tu cama, e intentas dejar la mente en blanco, pero algo te lo impide. Y recuerdas todos y cada uno de los momentos que ahora te rompen el corazón. Los recuerdas, los más bonitos, los más felices, los primeros, los últimos, los más tristes, los que querrías olvidar, los enfados… Todo eso se pone en tu contra. Y te araña dentro. Para que no lo olvides. Y se queda dentro de ti. Y cada vez que escuchas su nombre, sientes como uno de esos diminutos pedazos decide volver a romperse otra vez, y lo único que quieres es borrar todos los recuerdos, quieres olvidar todo, hacer como si nunca hubiera pasado. Pero no puedes. Y nunca podrás. Porque pase el tiempo que pase, nunca olvidarás a la primera persona que te rompió el corazón en miles de millones de pedazos.

viernes


Ya no puedo más. Estoy harta. Estoy cansada.  Estoy harta de irme a dormir cada noche y soñar contigo. Estoy cansada de despertarme cada mañana con la angustia de saber que nunca te voy a volver a ver.

No dejo de soñar contigo y con esos ojos azules. No dejo de acordarme de ti, cada día, a cada hora. Te juro que lo he intentado, lo he intentado de todas las formas posibles, pero no puedo. No puedo sacarte de mi cabeza. Y tampoco de mi corazón. Te quiero. Te quiero desde hace tres años, y te sigo queriendo a pesar de que sé que nunca me querrás. Y me siento una imbécil, una maldita imbécil que sigue soñando que apareces otra vez en mi vida, como el primer día que te vi, con aquella sonrisa, con aquellos ojos. Porque sigo creyendo que no eres la primera persona que me rompió el corazón. Porque te sigo queriendo, y me odio cada día por sentir lo que siento.

Y te pido perdón. Perdón por todo lo que he dicho, porque lo único que he querido desde aquel verano, es oírte decir que tú también me querías. Y me odio cada día porque sé que nunca sentirás lo mismo que yo. Y estoy harta, y cansada. Y estoy triste. Y se me vuelve a romper el corazón como el día que te dije que era tuya, y tú te fuiste para siempre.

sábado


Ella sólo piensa en él. Él hace años que la ha olvidado. Ella hace años que sólo piensa en él.  Él hace años que no recuerda ni como se conocieron. Ella sale la calle y piensa “Ojalá nos cruzásemos”. Él sale a la calle y piensa en que se ha olvidado el tabaco. Ella se arregla, se viste, y se maquilla, todo para él. Él se pone un chándal y unas deportivas, y piensa que es otro día. Ella sueña todas las noches con él. Él sueña con todas las chicas menos con ella. Ella cada noche se imagina que hace el amor con él. Él cada noche hace el amor con una distinta. Ella piensa en él. Él nunca pensó en ella. Ella recuerda su nombre, su apellido, su número de teléfono. Él no recuerda ni que la conoce. Ella llora por él. Él la hace llorar. Ella se enfada, grita, intenta sacárselo de la cabeza. Él cada vez se olvida más y más. Ella llora cada vez que piensa él. Él nunca ha soltado una lágrima.

Ella le quiere desde hace años. Y él hace años que decidió que nunca iba a quererla.

miércoles

Había ensayado aquella situación millones de veces en mi cabeza. Y en todas yo salía ganando. Pero después de dos años, había olvidado lo débil que me volvía cuando él me miraba con esos ojos azules. Estaba más alto, incluso parecía ya un adulto, se había cortado el pelo, de forma que ya no le caía en bucles a ambos lados de la cara, estaba moreno, y sonreía. Pero había algo que no había cambiado: sus ojos. Eran tal y como los recordaba. Azules y pequeños, con forma de avellana, con sus largas pestañas y brillando de aquella forma tan especial. Y allí estaba yo, de la manera que nunca hubiera deseado que me viera: sola, con chándal, gafas y un moño mal hecho. Cuando le vi torcer la esquina, mi corazón se olvidó de latir durante unos segundos. Unos segundos en los que ambos nos miramos, entre sorprendidos y contentos, unos segundos en los que, todos aquellos recuerdos empezaron a volver a mi cabeza en tropel, a toda prisa, queriendo recordarme que seguían escondidos en algún lugar de mi corazón. Y cuando estuvimos el uno frente al otro, nada de aquello importó. No dijimos nada, y él siguió caminando, rozando su brazo contra el mío, haciendo que cada fibra de mi cuerpo temblase, dejando que aquel perfume me embriagase, dejándome paralizada, sin saber qué hacer o decir. Pero siguió caminando, no paró, no dijo nada, ninguna palabra que pudiera hacernos pensar que volveríamos a mirarnos como en aquellas tardes de verano, ninguna señal que me hiciese pensar que en aquellos ojos azules aún había un brillo que era para mí. Y caminó, sin parar, dejándome allí, sola, con el corazón hecho pedazos, con las lágrimas cayendo de mis ojos y rodando por mis mejillas, y con aquel sentimiento aún latente. Y me maldije a mí misma por no haber aprendido a dejar de quererle.

lunes

El chico de los ojos azules ya no tiene cara. El chico de los ojos azules cerró hace tiempo los ojos. El chico de los ojos azules ya nunca habla. El chico de los ojos azules ha olvidado su nombre. El chico de los ojos azules ya no sonríe, ni se enfada, ni está triste. El chico de los ojos azules ha borrado su memoria. El chico de los ojos azules se ha hecho invisible. El chico de los ojos azules ya no anda por las calles. El chico de los ojos azules... Tenía los ojos más bonitos del mundo. Pero el chico de los ojos azules ya no quiere oír, ni ver, ni tocar... Hace tiempo que no se pasea a mi lado, hace tiempo que no me habla en sueños, hace tiempo que no usa su perfume.

La verdad, es que hace tiempo que el chico de los ojos azules ya no está en mi c o r a z ó n.

sábado

Los primeros rayos de sol me despertaron. Abrí los ojos lentamente y parpadeé al tiempo que recordaba que hacía allí. Miré a mi derecha y allí estaba él. Su pecho desnudo se tornó de un color tostado con la luz del sol, sus bucles parecían más dorados que nunca; su expresión era tranquila, en paz, y en sus labios se dibujaba una pequeña sonrisa. Me acurruqué a su lado y cerré los ojos, aspirando su olor, intentando recordarlo. Él se revolvió en sueños y comenzó a despertarse. Yo cerré los ojos, por miedo a que él hiciera como si aquella noche no hubiera existido. Pero no fue así. Acercó su rostro al mío y me besó. Tan dulce como siempre. Permanecí con los ojos cerrados mientras el acariciaba mi torso desnudo. El contacto con su mano aceleró mi pulso.


- No te puedes imaginar el tiempo que llevaba esperando este momento - dijo al tiempo que se acurrucaba a mi lado y me arropaba con sus brazos.

> Ahora que estás dormida, ahora que no puedes escucharme... quiero decirte que te quiero. Te quiero de verdad. Como nunca he querido y querré a nadie. Pensar que no puedo estar contigo me duele, y la simple idea de perderte hace que yo pierda la cabeza. Cuando me dijiste que estabas enamorada de mí, me asusté. Me asusté de lo que sentí en aquel momento, de las ganas de abrazarte, de besarte, de las ganas que tenía de quedarme a tu lado para siempre. Fue demasiado para mí. Pero he sido tan cobarde que durante estos dos años no he tenido la valentía de levantar el teléfono y llamarte, y decirte que no importan los kilómetros, que no importa nadie ni nada, ni las diferencias, ni las similitudes, que lo único que en esta vida me importa eres tú. Y siento tanto haberte hecho tanto daño... lo siento mucho....


Su voz se quebró y pude notar como las lágrimas secaban de sus ojos. Me besó en la frente y se quedó allí quieto, llorando en silencio, abrazado a mí. Poco a poco me fui acercando a su oído y, en voz muy baja le susurré.


- Ahora estás aquí y es lo único que importa.

jueves

¿Sabes qué es lo peor de todo esto?
El recuerdo. Duele. Duele muchísimo. Está dentro de mí, arañándome, saliendo a recordarme que siempre estará conmigo. Y me hace llorar. De rabia, de dolor. Por no haber sido la persona que tú decidiste querer, por no haber conseguido que tú me quisieras tal y como yo soy.
Lo siento tanto...

viernes

Te has ido. Al final, lo has hecho. Ni un mensaje, ni un “bueno, ya nos veremos”. Nada. Te has marchado, 500 km lejos de mí, y ahora sé que esto nunca debió empezar. Ahora sé que no ha valido la pena arriesgar por ti, que no ha servido de nada intentar mantenerme visible ante ti. Para ti, yo no he significado nada. ¿Y sabes qué es lo peor de todo?. Que duele, duele muchísimo. Al enterarme ni siquiera he reaccionado. Me he quedado parada, y de repente lo he entendido y todo se ha roto en mil pedazos. Pero ésta ha sido la última vez que lloro por ti, porque de ahora en adelante, tú no eres nadie para mí. Adiós, hasta nunca.



“Gracias por curarme de mi ridícula obsesión por el amor.”

lunes

Un año. Ya ha pasadoun año. Es increíble, ¿verdad?. Ha pasado un año desde el día en el que te conocí. Y te prometo que recuerdo ese día como si lo estuviese viviendo ahora mismo. Era por la mañana, y estábamos en la playa, haciendo las pruebas, de repente tú mencionaste lo fácil que parecía y comenzamos a hablar. Y te juro que, cuando, por primera vez, puse mi mirada en tus ojos azules, supe que ya nunca podría borrarlos de mi corazón. Puede que suene cursi, romántica o infantil, y seguramente esos sean los tres adjetivos que mejor me definan, pero es así, y no puedo evitarlo.
Durante todo este año he pensado en ti, he llorado por ti, me he reído contigo, he escrito sobre ti, me he acordado de ti, he soñado contigo... Y ha sido un tiempo que he perdido. Aún no soy tan valiente como para mirarte a esos ojos azules y decirte lo que te dije en Navidad, en un mensaje, simples palabras que no tuvieron valor alguno para ti. No he sido capaz de ponerme frente a ti y decirte que estoy enamorada de ti, que te quiero y que quiero pasar contigo el resto de mi vida. Suena antiguo y estúpido, lo sé, pero nunca me he considerado una persona moderna, que no cree en el amor y que prefiero coquetear con un tipo cada día. Para mí, el amor existe, y sé que todos tenemos una media naranja esperándonos en algún sitio.
Durante este año, durante estos 365 días he creído que tú eras esa persona especial, mi media naranja, pero hoy, un año después, me he dado cuenta de que no vale la pena seguir pensando en ti. Simplemente por que alguien que te ignora durante nueve meses no puede ser mi alma gemela, estoy segura.
Ojalá nunca te hubiera conocido, ojalá. No habría desperdiciado todo este tiempo pensando en que un año después, tus ojos azules brillarían por mí. Nunca más volveré a pensar en ti, ya no.
Adiós.


martes

Todo me recuerda a ti. Sigues aquí dentro, en algún lugar de mi corazón, quemándome, arañándome, expandiéndote… No sé qué hacer para sacarte de ahí. No puedo evitar caminar por la ciudad y verte en cada esquina, verte caminando hacia mí, tan guapo como siempre, tus rizos teñidos de dorado por el sol, tu preciosa y tímida sonrisa dibujada en tu cara, y tus ojos azules mirándome como si fueras mío. Cada esquina, cada edificio, cada árbol, cada paso que doy me recuerdan a ti. A ti y a esos malditos ojos azules que siguen clavados, mirándome, como aquella primera tarde de verano en la que cambiaste mi vida. No puedo olvidarte; no puedo, pero tampoco quiero.

viernes

Quiero decir que esta es la última vez que escribiré sobre esos ojos azules… Pero me engaño a mí misma. Me engaño porque cada vez que cierro los ojos, le veo mirándome, con sus ojos azules clavados en mí; unos ojos por los que daría mi vida. Me engaño porque no se puede olvidar a alguien que te ha hecho llorar tanto, no es tan fácil. Me engaño porque a pesar de saber que él ni se acuerda de mí, yo me sigo acordando de él, sigo pensando en él, sigo escribiendo sobre él. Y es por culpa de esos ojos azules que se han instalado en algún rincón de mi corazón.








(Es la última vez que escribo sobre tus ojos azules, ¿ te lo prometo?)

martes

Era guapo, guapísimo. Tenía el pelo de un rubio oscuro que el sol teñía de dorado, sus ojos eran grandes y azules, y su sonrisa... Pasamos un rato charlando, y ese rato se convirtió en días, y esos días en semanas. Y al cabo de dos semanas, nos despedimos, y nunca pude decirle, nunca fui capaz de mirarle a aquellos ojos azules y decirle que me moría de ganas de besarle, de abrazarle, me moría de ganas de perderme en aquellos ojos azules y no volver nunca más, decirle que le quería más que a nadie en este mundo, que iba a estar allí siempre, que nunca me iba a olvidar de él, que se había colado en mi corazón como nunca lo había hecho nadie, quería decirle que cada vez que él sonreía y sus ojos azules brillaban notaba unas mariposillas revoloteando en mi estómago, decirle que cada vez que me abrazaba deseaba no separarme de él nunca, y quedarnos los dos juntos para siempre. Fueron tantas las cosas que nunca le dije a aquellos ojos azules que he olvidado que nunca estaremos juntos.
¿Conoces esa sensación de andar sólo por la calle mientras llueve a cántaros y sientes que no hay nadie a tu lado? Pues así es como me siento yo ahora. Estoy sola en la calle, y empieza a llover, cada vez más y con más fuerza. No tengo nada para taparme, así que dejo que la lluvia me moje. No apuro el paso, porque sé que tarde o temprano voy a llegar a mi destino. Mientras camino miles de sentimientos se me cruzan: tristeza, melancolía, soledad… Y ya no sé que me más hacer para evitarlo. Así que lo dejo estar. Dejo salir las lágrimas, y me paro, y comienzo a llorar. ¿Qué tengo de malo? ¿Qué he hecho? ¿Acaso he sido tan mala persona? ¿tan mal me he portado?. Son tantas las preguntas, y tantas las respuestas sin contestar, que no merece la pena malgastar el tiempo. Reanudo el camino, empapada de pies a cabeza. Comienzo a sentir frío, un frío aterrador que se extiende por todo mi cuerpo y que me hace temblar. Y otra vez esa horrible sensación de soledad. ¿Cuándo va a terminar?. Por fin llego al final, al final de ese camino. Y allí encuentro lo que durante todo este tiempo me ha estado atormentando. Tú. Tú con tu sonrisa, tú y tus ojos, tu pelo, tu forma de caminar, tu olor… Todo aquello que durante todo este tiempo he estado evitando, todo aquello que durante toda mi vida he buscado, ese sentimiento que anhelo con cada fibra de mi ser. Ese sentimiento que en estos momentos me está haciendo infeliz. Te veo a lo lejos y un calorcillo aparece en mi corazón. ¿Me verás? Y de ser así, ¿qué dirás? ¿te acercarás a saludarme? ¿me abrazarás?. Acelero el paso, y tú te alejas mientras me das la espalda. Entonces freno en seco, aún con el agua resbalándome por las mejillas, el pelo mojado cayéndome a ambos lados de la cara, y los ojos empañados de lágrimas. Era sólo un recuerdo. Un recuerdo de aquello que algún día fue, pero que hace tiempo que ya no es. Tu recuerdo. Y es que, aunque quiera, no me acuerdo de olvidarte.

domingo

Todo me recuerda a ti. Tu sombra sigue aquí. Cada paso que doy, cada historia de amor. Todo me recuerda a ti. Cuando me dicen: “¿Qué tal les va?”. ¿Cómo explicarles que ya no sé ni dónde estás? ¿Por qué me tienen que hablar de ti? ¿Cómo decirles que te quiero olvidar? Todo me recuerda a ti. Tu sombra sigue aquí. Cada paso que doy, cada historia de amor. Todo me recuerda a ti. Tú me enseñaste a comprender y aceptar que de amor nadie muere, que es fácil olvidar. Por eso quise refugiarme en él. Pero cierro los ojos y te siento en su piel. Todo me recuerda a ti. Tu sombra sigue aquí. Cada paso que doy, cada historia de amor. Todo me recuerda a ti. Jamás te perdonaré que no pueda arrancarte de mí. Jamás te perdonaré que no pueda volver a sentir. Todo me recuerda a ti. Tu sombra sigue aquí. Cada paso que doy, cada historia de amor. Todo me recuerda a ti. Cada paso que doy, cada historia de amor incluso el aire huele a ti.

jueves

-¿Dónde has estado todos estos años?
-Intentando olvidarte, o perdonarte...
-¿Lo has logrado?
-No.
-¿Algún día lo lograras?
-No.
-¿Por qué?
-Olvidar a una de las personas mas importantes de tu vida es imposible, aunque ahora, según dicen, existen pastillas para olvidar... ¿Y perdonarte? ¿cómo? ¿cómo perdonas a alguien en la que tenias toda tu confianza depositada? ¡Me defraudaste!
-¿Pastillas? ¡¿Estás loca?! ¿Harías esa locura?
-Hice más locuras por ti... y sigo viva; empiezo a pensar que soy inmune.


sábado

Hace noches tuve un sueño maravilloso. No recuerdo que ocurría, pero si me acuerdo de algo: tú estabas en él. Estabas guapísimo. Sentado la arena de una playa, descalzo, con los ojos cerrados mientras el sol te iluminaba la cara. Sonreías. De pronto, algo te llamaba la atención. Te levantabas y, poco a poco, me fui dando cuenta de que te acercabas hacia mí. Me empezaba a poner nerviosa, intentaba irme, pero tú me retenías. “No te vayas” me dijiste. “Nunca lo he hecho” respondí. Y otra vez: tú, tu sonrisa, tu pelo, tus ojos; simplemente tú. Fue extraño, porque cerré los ojos y me dormí a tu lado, recostada sobre tu pecho, abrazándote, esperando que cuando despertase, todo hubiera sido real. Pero no, desperté, y tú no estabas, sólo encontré un espacio vacío, no había nadie, nunca lo ha habido. No puedo acostumbrarme a estar sin ti. Nunca podré.

jueves

El único que conseguía ponerme nerviosa a más de diez metros de distancia y el único que me hizo ver las cosas de otra manera. Aquél que un día cualquiera encendió mi chispa, no sé ni siquiera si le dio mucha importancia a como me sentía en ese momento, pero me da igual, porque sé que lo que viví fue real, y si fue mentira que nadie me diga la verdad, me da igual si has hecho sentir así a miles de niñas y si ahora mismo se lo haces sentir. Me da igual si he sido una más, porque sería una más en tu vida mil veces seguidas, ¿entiendes? Pero cuando seas tú el que se canse de princesas a las que para ellas solo eres uno más, entonces llámame, seguramente te esté esperando. ¿Porqué? Porque no quiero acostumbrarme más a que no estás, no quiero acostumbrare a oler mi ropa y que en ella no esté impregnado tu olor, a no escuchar tus pasos viniendo hacía mí, ni a no poder abrazarte. Puede que sí, que llegue el día que ya no escriba pensando en ti, y que ni siquiera te encuentre en las canciones. Puede que me acostumbre a la idea de que quizás no vuelva a verte en mi vida, ¿y sabes qué? eso no es lo que quiero.