"Para ti, que llegaste de repente y cambiaste el argumento de esta historia y el de mi vida."
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martes

¿Conoces esa sensación de andar sólo por la calle mientras llueve a cántaros y sientes que no hay nadie a tu lado? Pues así es como me siento yo ahora. Estoy sola en la calle, y empieza a llover, cada vez más y con más fuerza. No tengo nada para taparme, así que dejo que la lluvia me moje. No apuro el paso, porque sé que tarde o temprano voy a llegar a mi destino. Mientras camino miles de sentimientos se me cruzan: tristeza, melancolía, soledad… Y ya no sé que me más hacer para evitarlo. Así que lo dejo estar. Dejo salir las lágrimas, y me paro, y comienzo a llorar. ¿Qué tengo de malo? ¿Qué he hecho? ¿Acaso he sido tan mala persona? ¿tan mal me he portado?. Son tantas las preguntas, y tantas las respuestas sin contestar, que no merece la pena malgastar el tiempo. Reanudo el camino, empapada de pies a cabeza. Comienzo a sentir frío, un frío aterrador que se extiende por todo mi cuerpo y que me hace temblar. Y otra vez esa horrible sensación de soledad. ¿Cuándo va a terminar?. Por fin llego al final, al final de ese camino. Y allí encuentro lo que durante todo este tiempo me ha estado atormentando. Tú. Tú con tu sonrisa, tú y tus ojos, tu pelo, tu forma de caminar, tu olor… Todo aquello que durante todo este tiempo he estado evitando, todo aquello que durante toda mi vida he buscado, ese sentimiento que anhelo con cada fibra de mi ser. Ese sentimiento que en estos momentos me está haciendo infeliz. Te veo a lo lejos y un calorcillo aparece en mi corazón. ¿Me verás? Y de ser así, ¿qué dirás? ¿te acercarás a saludarme? ¿me abrazarás?. Acelero el paso, y tú te alejas mientras me das la espalda. Entonces freno en seco, aún con el agua resbalándome por las mejillas, el pelo mojado cayéndome a ambos lados de la cara, y los ojos empañados de lágrimas. Era sólo un recuerdo. Un recuerdo de aquello que algún día fue, pero que hace tiempo que ya no es. Tu recuerdo. Y es que, aunque quiera, no me acuerdo de olvidarte.