Buenos días... Y por si no volvemos a vernos: buenos días, buenas tardes y buenas noches

domingo


¿Cuántas veces has querido capturar un momento? ¿Cuántas veces has imaginado que, mientras aquello sucedía, sonaba una canción de fondo? ¿Cuántas veces has creído ser la protagonista de la historia de amor más preciosa jamás contada?

Supongo que lo has imaginado tantas veces como yo. Tantas veces que no te llegan las manos para contar los momentos, tantas veces que te sobran recuerdos en la cabeza, tantas veces que, por cada una que la recuerdas, se te cae un pedazo de aquel corazón que intentaste recomponer. Si has deseado tanto como yo detener ese momentos en el que no existe nada más, que no hay nada alrededor, que nadie puede interrumpirte, que nadie puedo pararlo, y que nunca acabará… Entonces entenderás perfectamente cuanto duele recordar ese momento. Cuanto duele saber que se acabó, que duró apenas un segundo, que el mundo no se detuvo, que ninguna canción sonaba, que a nadie le importaba salvo a ti.

Si entiendes esto tan bien como yo, es que has querido a alguien tan fuerte que  te has olvidado de querer al resto, tan fuerte que te has olvidado de ti misma, tan fuerte que te ha cegado ese sentimiento. Y tan fuerte que, pase el tiempo que pase, seguirás guardando ese segundo.

sábado



La Mala Suerte es el resultado de noches en vela, ideas en papeles rotos, comeduras de cabeza, y seis meses de desesperación. Es el primero de, espero muchos.

miércoles


Prométeme una cosa: que pase el tiempo que pase, nunca olvidarás cada párrafo que te he dedicado. Porque cada palabra de lo que he escrito ha sido siempre para ti. De una manera u otra, siempre iba para ti. Siempre buscaba que en ti despertase algún sentimiento, ya fuera de enfado o de alegría. Siempre he querido que al leer cada linea, pensases en mí. Y sé que lo has hecho, y sé que lo leerás y te volverás a enfadar. Pero quiero que me prometas que en algún lugar guardarás este secreto que te he regalado. Porque cada letra, cada palabra, cada frase, cada párrafo, son para ti. Y lo seguirán siendo mientras la única forma que mi corazón tenga para expresarse sea escribir.

Y yo prometo guardar bajo llave ese secreto que solo tu y yo sabemos. Prometo no decirlo nunca, a nadie, bajo ningún concepto, pase el tiempo que pase, que estuve enamorada de ti y que tú, sin importarte las consecuencias, me rompiste el corazón. Yo también te lo prometo.

sábado


Hay un momento en la vida en el que te das cuenta de que te falta algo. Por más amigos que te quieran, familia que te apoyen, sigues sintiendo que te falta algo. Sigue sintiendo que el lugar que en tu corazón debería ocupar esa persona hecha para ti no está. Esa persona que haga que tus días más grises se vuelvan azules. Esa persona que cuando sólo te salgan lágrimas, sea capaz de arrancarte una sonrisa. Esa persona que haga lo que sea por ti, y que aunque sea pasar cinco minutos a tu lado sacrificará lo que sea. Esa persona que espera por ti el tiempo que haga falta. Esa persona que en las noches más frías y solas se acuesta a tu lado y te abraza.

A mí me seguirá faltando una persona así en el corazón.

miércoles

Adiós. La palabra con más dolor, más pena, más sufrimiento que nunca nadie te puede decir. Adiós. Yo no quiero decir adiós a nadie, por que decirlo supondría que esas personas desaparecerían de mi vida, y yo no quiero que eso pase. Quiero decir adiós al pasado, decir adiós a lo malo, a lo que nunca fue. Y con este adiós, me quería despedir también de la ciudad en la que vivo. No me duele decirle adiós, es una decisión que tenía que haber tomado hace dos años, pero supongo que fui demasiado cobarde. Pero ahora me he dado cuenta, tengo que hacerlo. Tengo que decirle adiós a Vigo, la ciudad en la que llevo viviendo diez años, no la ciudad que me vio nacer, que fue Coruña, y que siempre la llevaré en el corazón como una de mis ciudades favoritas. Pero Vigo no. Vigo ha sido mi infierno personal desde los nueve años. En Vigo me han maltratado durante meses, impidiéndome así acostumbrarme a mi primer año lejos de mi vida, Vigo me ha traido todas las despedidas más dolorosas de mi vida, Vigo me ha traído los peores momentos vividos con mi padre, Vigo me ha traído el primer amor, pero también el más doloroso. Son recuerdos, ya pasados, pero que guardaré bajo llave dentro de mí. Porque ha llegado el momento de decirle adiós a una ciudad que durante diez años, lo único que ha hecho ha sido traerme dolor. Y por eso, pase lo que pase, de ahora en adelante, espero que decir adiós, suponga el comienzo de algo nuevo y feliz para mí. Adiós Vigo.

jueves

¿Quieres saber qué me gusta de ti? Que me rechazaste, que eres delicado, que estás asustado, que eres guapo, que estás fuera, que me provocas ternura, que me excitas, que estás igual de atrapado que yo...




AzulOscuroCasiNegro (2006), de Daniel Sánchez Arévalo

miércoles

De repente me han entrado ganas de llorar. Y no sé porqué. Me he puesto triste de repente, de repente me he sentido sola, como si no hubiera nadie a mi lado, como si nadie estuviera conmigo, como si me hubiera quedado sola. Y de repente he recordado los peores momentos de mi vida, toda la gente que he querido y que ya no está, a la que está y me ha decepcionado, y de él, me he acordado de él, de aquel puto momento en el que decidí echarlo todo a perder, en el que decidí decirle que le quería, aún sabiendo que yo no significaba nada para él. Y de repente sólo tengo ganas de meterme en mi cama y dormir, durante días y días, sin que nadie me moleste, sin que nadie me despierte. Y deseo que cuando mi despierte mi vida empiece de cero, sin pensamientos tristes, sin recuerdos feos, sin personas que se han ido. Lo único que, en estos momentos necesito, es alguien que me abrace y me diga que todo va a estar bien.

viernes

Cuando se hizo de noche, y empezó la fiesta, las risas, la bebida, la música, casi me había olvidado de todo. Había olvidado el dolor, las lágrimas, las palabras feas, las negaciones. Sólo me importaba el momento, disfrutar, olvidarme de él. Y supongo que hubo alguien que tuvo mucho que ver. Cuando se acercó a mi y me agarró la mano no pude evitar sentir miedo. Miedo de volver a sufrir, miedo de que me hiciesen daño otra vez, miedo al rechazo, miedo a las lágrimas, miedo a sentir que nunca nadie me iba a querer.

- Qué guapa estás.

Y qué bonito sonó. Le apreté la mano y me acerqué a él, abrazándole. Y qué bien sentó. Que bonito cuando el me acaricio el pelo, acerco su mejilla a la mía, cuando olí su perfume, y me embriagó, cuando me susurró al oído que se alegraba de verme, cuando noté como acercaba su boca a la mía y, tan tímido como de costumbre, me besaba. Y fue la sensación más bonita que había sentido en mucho tiempo.

martes

Por primera vez en mi vida me encontraba en esa situación. Y no sabía qué hacer. Era algo nuevo para mí. Ahora era yo la que podía acabar con todo, la que podía hacerle daño, la que podía irle rompiendo el corazón en miles de pedacitos sin ninguna pena. Pero no estaba segura de si aquello era lo que quería. Quizás porque ni yo misma estaba segura de lo que sentía.

Miré el reloj: las cinco y cuarto. Habíamos quedado a las cuatro, y yo no me había atrevido a entrar en la cafetería. Pero él seguía allí, sentado en una mesa junto a la ventana, con su vaso lleno y mirando el reloj a cada minuto. Ni una llamada, ni un mensaje. De vez en cuando miraba por la ventana, miraba su teléfono…

Sabía que me estaba portando mal. Sabía que le estaba haciendo daño. Pero de alguna manera quería que pagase todo el daño que el me había hecho a mí. Pero yo no soy tan fuerte como él. Cogí el móvil y marqué su número. Vi como cogía el teléfono y se quedaba mirando a la pantalla. “No contestes, no contestes, no contestes…"

- ¿Dónde estás? –noté la ansiedad en su voz.

- Oye, perdona pero me he retrasado y no voy a poder ir, ¿que te parece si lo dejamos para cuando vuelvas?

Vi desde el otro lado de la calle como se levantaba y miraba al exterior. Y supe que me miraba a mí.

- No me hagas esto, por favor. No quieres hacerlo, no puedes hacerlo.

Tragué saliva y miré hacia la cafetería. Y por más que luchase, que me resistiese, que negase aquello, no pude evitar que mi corazón volviese a dar un vuelco al sentir aquella angustia en su voz.

- Lo siento, pero no quiero que vuelva a pasar, te perdí una vez, y no creo que fuera capaz de soportar perderte una segunda…

- No me vas a perder. Te lo juro.

Las lágrimas invadieron mis ojos y me di la vuelta, evitando que él me viera. Le oí respirar con angustia al otro lado del auricular.

- Escúchame, aunque sólo sea para que pueda decirte lo que quiero, ¿vale? Escúchame una vez y te prometo que desapareceré para siempre.

No fui capaz de contestar, y me quede en silencio, mientras dos lágrimas rodaban por mis mejillas.

- Estoy acabado, ya no sé que hacer, he intentado por todos los medios no sentir lo que siento, porque sé como va a acabar, porque sé que la jodí, la jodí y mucho, y porque sé que no me merezco a alguien como tú. Pero quiero que sepas, que te quiero. Y que aunque te duela decirlo tú también me quieres. Por más que te hagas la dura, e intentes fingir que lo que ha pasado no ha significado nada, sabes que me quieres, y que eso que algún día sentiste por mí sigue en alguna parte de tu corazón. Pero también quiero que sepas que no me importa, y que esperaré, esperaré a que estés preparada para afrontar tus sentimientos, como ya lo estuviste una vez, y cuando seas capaz, yo estaré aquí, porque te quiero, y porque estoy harto de que me duela.

Finalizó la llamada, pero no pude despegar el auricular de mi oído. Me quede quieta, en el mismo sitio, llorando, sintiendo como la muralla que había construido en torno a mi corazón se derrumbaba. Cuando noté unos brazos agarrandome por la cintura, no me hizo falta darme la vuelta.

- Estaré aquí mismo, siempre, a cualquier hora, cualquier día, pase lo que pase. No me voy a ir nunca más.

sábado

De las 1001 maneras que tenías para romperme el corazón elegiste la peor. Elegiste el momento perfecto, cuando estaba más vulnerable que nunca. Y lo hiciste bien. Primero me llenaste de sonrisas, de abrazos, de secretos, de caricias. Luego mentiste, mucho, jurando que me querías y que yo era la única en tu vida. Luego vino lo peor: yo te creí. Te creí y te juré que era tuya, que no existía hueco para nadie más en mi corazón, que tus besos eran los más bonitos del mundo, que tu voz era mi sonido favorito y que aquellos ojos me miraban sólo a mí. Y entonces decidiste romperme el corazón. Me dijiste que ya no significaba nada, que nunca habías sentido nada, que todo había sido una tontería, una aventura, algo pasajero, que todos los besos, las caricias, las miradas, las palabras, eran producto de mi imaginación. Y desapareciste. Y me dejaste sola, con el corazón roto en 1001 pedazos, porque lo hiciste de la peor forma que pudiste: me dejaste cuando en mi corazón era tu nombre el que estaba escrito.