"Para ti, que llegaste de repente y cambiaste el argumento de esta historia y el de mi vida."
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miércoles

I

Un abrazo.
A veces todo lo que necesitas es eso, lo más fácil y sencillo del mundo: un abrazo. Muchas veces con  el simple gesto rodear a alguien con tus brazos puedes ayudar a curar muchas cosas.
Un abrazo habla por sí sólo. En un abrazo transmites tus sentimientos. Con un abrazo curas. Con un abrazo quieres. Con un abrazo consuelas. Con un abrazo apoyas. Con un abrazo amas.
Esas ocasiones en las que sientes que el mundo se viene encima, que parece que todo a tu alrededor se viene abajo. En esas ocasiones en las que estás roto por dentro. Ese momento en el que necesitas alguien que recoja los pedazos restantes y te ayude a recomponerlos.

A veces, simplemente, con un abrazo, ese gesto de acercarte a alguien, estrecharle entre tus brazos… Ese gesto es más poderoso que mil palabras y actos juntos.

viernes


Es difícil expresar cómo me siento. Pero más que difícil, es doloroso. Por que duele, y mucho. Está escondido en algún lugar, bien al fondo, donde apenas puedo verlo. Pero sí lo noto. Noto como araña, como corta, como quiere salir. Lo noto cada vez que cierro los ojos. Cada vez que quiero dejar de pensar. Y duele, duele muchísimo. Y no te puedes imaginar lo difícil que es. Lo difícil que es intentar olvidar todo ese dolor, no sabes cuanto me duele cada vez que intento borrarlo de mi cabeza y, sobre todo, borrarlo de mi corazón. Y no me lo pones fácil.  Nada fácil. No puedo olvidar el dolor que me produce sentir todo esto cuando lo único que haces es aparecer una y otra vez para recordarme que ese sentimiento sigue ahí. Y duele. Duele mucho.

jueves


Todo empieza en el silencio. El origen de todo está en el silencio. En ese momento en el que no escuchas más que tu respiración, más que el latido de tu corazón, el temblor de tus manos. El silencio es el comienzo de todo.

Al silencio le sigue un movimiento, un pequeño y mínimo movimiento. Un gesto, un roce, una caricia, un parpadeo, un susurro… Un detalle que, al cabo del tiempo, sólo tú recuerdas.

Tras ese primero movimiento, viene la expresión. Llega la sonrisa. La sonrisa de una persona. La sonrisa de esa persona. La sonrisa de una persona es su firma, es su sello, es su identidad. La sonrisa de una persona nunca cambia. A veces es una sonrisa feliz, otras una sonrisa de resignación, otras una sonrisa de fingir. Pero esa sonrisa, es la firma de que una persona será siempre ella misma.

Tras la sonrisa, llegan las palabras. Nunca son las mismas. Van desde un saludo hasta un nombre. Y siempre acompañadas de un contacto. Un apretón de manos. Un rápido abrazo. Un par de besos en la mejilla. Empieza el peligro.

Después del silencio, después del movimiento, y después de la sonrisa, ya lo sabes. Quizás no estás seguro. Quizás lo estás. Quizás lo sientes. Quizás lo empiezas a sentir. Pero, en ese silencio, en ese movimiento, en esa sonrisa, está el origen. En todo esto está el origen del primer amor.

“Eres una genio, por eso te quiero”

Tres años. Han pasado ya tres años. Tres años desde aquella tarde en la que tuve el valor de, por primera vez en mi vida, abrirle mi corazón a una persona y decirle que estaba enamorada de él.

“Se nota que vamos a ser reyes del mundo”

Tres años desde aquellas conversaciones que me hacían creer que podíamos llegar a ser algo, tres años desde aquellas tardes de miércoles de risas y abrazos.

“Ahora tenemos que ser novios, ya que somos la pareja perfecta”

Tres años desde aquellas confidencias entre tú y yo, aquellas que sólo nosotros sabíamos y que no compartíamos con nadie más.

“Ojalá pudiera disfrutar de tu compañía todos los días”

Tres años ya. Tres años eternos y dolorosos. Tres años rogando que algún día te dieses cuenta de que me querías. Tres años deseando encontrarme contigo por casualidad. Tres años arrepintiéndome de haberte contado lo que sentía. Tres años en los que, ni un solo día, he sido capaz de olvidarme de ti.

martes


"… ¿cómo es ella?

El sonrió y me miró fijamente a los ojos.

- La verdad es que es preciosa. Y es más preciosa aún cuando la conoces. Creo que lo que más me gusta de ella es esa carita que tiene. Siempre está sonriendo, creo que sólo una vez la vi seria. Y me encanta como siempre se limpia las gafas porque tiene una pequeña manchita, o lo guapa que está cuando lleva el pelo suelto, sobre todo cuando le da el sol porque entonces parece dorado. Y me encanta como huele. Siempre que estoy cerca de ella puedo oler su perfume, y aunque es muy dulce, en su piel queda perfecto, y te sientes atraído por ese perfume, y se te queda grabado. Y aunque no tiene un cuerpo perfecto, creo que ni me he fijado en eso, porque es una persona tan increíble y especial que es imposible no sonreír cuando estás a su lado. Y me encanta porque es muy vergonzosa, y se sonroja por cualquier cosa. Y adora a su perra, y le encanta sacarle fotos. Pero creo que lo que más me gusta de ella es como me hace sentir, porque cuando está a mi lado siento que quiero ser mejor persona, por mi, por ella, que quiero ser el hombre que esté a su lado cuando más lo necesite, que me encantaría despertarme a su lado el resto de mi vida, que me muero de ganas de hacer el amor con ella desde hoy y para siempre, que cuando pienso en ella siempre sonrío y cuando la miro, y ella me devuelve la mirada, parece que el mundo se vuelve un sitio mejor, sólo porque ella me ha mirado de la misma manera en la que tú me estás mirando ahora. Con esos ojos achinados y oscuros, como siempre me miras, y después sonríes, y lo único que quiero es besarte, y abrazarte, y no soltarte la mano nunca, y que te des cuenta de lo mucho que me gustas, de lo increíble que eres, y de cuanto te quiero.

Noté como me había sonrojado, y rápidamente aparté la mirada. Y él estiró la mano sobre la mesa. Y entonces yo alargué la mía, y me la apretó cariñosamente. Y le miré a los ojos. Y supe que todo iba a salir bien."

sábado


Hay un momento en la vida en el que te das cuenta de que te falta algo. Por más amigos que te quieran, familia que te apoyen, sigues sintiendo que te falta algo. Sigue sintiendo que el lugar que en tu corazón debería ocupar esa persona hecha para ti no está. Esa persona que haga que tus días más grises se vuelvan azules. Esa persona que cuando sólo te salgan lágrimas, sea capaz de arrancarte una sonrisa. Esa persona que haga lo que sea por ti, y que aunque sea pasar cinco minutos a tu lado sacrificará lo que sea. Esa persona que espera por ti el tiempo que haga falta. Esa persona que en las noches más frías y solas se acuesta a tu lado y te abraza.

A mí me seguirá faltando una persona así en el corazón.

viernes

Cuando se hizo de noche, y empezó la fiesta, las risas, la bebida, la música, casi me había olvidado de todo. Había olvidado el dolor, las lágrimas, las palabras feas, las negaciones. Sólo me importaba el momento, disfrutar, olvidarme de él. Y supongo que hubo alguien que tuvo mucho que ver. Cuando se acercó a mi y me agarró la mano no pude evitar sentir miedo. Miedo de volver a sufrir, miedo de que me hiciesen daño otra vez, miedo al rechazo, miedo a las lágrimas, miedo a sentir que nunca nadie me iba a querer.

- Qué guapa estás.

Y qué bonito sonó. Le apreté la mano y me acerqué a él, abrazándole. Y qué bien sentó. Que bonito cuando el me acaricio el pelo, acerco su mejilla a la mía, cuando olí su perfume, y me embriagó, cuando me susurró al oído que se alegraba de verme, cuando noté como acercaba su boca a la mía y, tan tímido como de costumbre, me besaba. Y fue la sensación más bonita que había sentido en mucho tiempo.

miércoles

¿Sabes a que me recuerdas? A una canción. A una de esas canciones que se te quedan marcadas para siempre, y aunque pases 20 años sin escucharla sigues acordándote de la letra. Una de esas canciones con teclas de piano sonando lentamente pero que poco a poco van cogiendo impulso para acabar siendo apoteósicas. Esas en la que cada palabra es más bonita que la anterior y las oraciones más complejas no suponen ningún problema. Una de esas canciones tristes y bonitas a la vez, una de esas canciones con historia, a veces mejores, a veces peores, pero una de esas canciones que siempre recuerdas. Eres como la canción que sale la primera en aleatorio, y que por más que repitas una y otra vez, aparece siempre la primera para que no la olvides. Esa que hace que se te empañen los ojos, que hacen que tu pelo se ponga de punta y que el corazón acelere el ritmo. Eres una de esas canciones que encuentras sólo una vez en la vida.

sábado

“Eres mi sensación favorita”

Porque siento que cuando estás cerca, lo imposible se vuelve posible. Porque no importa que la mayor parte del tiempo nos enfademos, gritemos e insultemos, por que lo más bonito son las reconciliaciones, que bien lo sabemos nosotros. Porque oigo tus pasos y mi corazón sigue su ritmo, y empieza a latir cada vez más rápido, a medida que te acercas corriendo hacia mí, para taparme los ojos y, como un niño pequeño, preguntar: “¿Quién soy?”. Porque descubrir un lunar nuevo es como encontrarse con otro planeta en la Vía Lactea: el mayor descubrimiento del mundo. Porque puedo contar una y mil veces tus pestañas, y olvidar cuantas son para, la mañana siguiente, acurrucarme a tu lado y volver a contarlas. Porque me encanta ese olor a tabaco y a café que tienes, que son dos cosas que odio, pero que en ti se vuelven los mejores olores de este jodido mundo. Porque me guiñas un ojo, y siempre es el mismo, y sólo lo haces conmigo, y no sabes como me gusta que seas tan chulito. Porque me dijiste que te gustaba la cerveza, y yo te dije que la odiaba, y prometiste dejar de beberla para que tu boca no supiera a nada. Porque subimos juntos a Notre Damme y contamos las gárgolas que allí vivían, y te reíste y me dijiste que eran infinitas, como el tiempo que querías pasar conmigo. Porque estás guapísimo despeinado, pero prefieres ir engominado, que me da igual, mientras sigas dejándote ese brillo tan especial. Porque nos despedimos, y oíste como lloraba, porque te acercaste a mi y me abrazaste y me prometiste que no iba a pasar nada. Porque te creí, y lo sigo creyendo. Y porque me dices que pase lo que pase, lo nuestro no fue un cuento.

Estábamos los dos juntos, en una habitación, tumbados el uno al lado del otro, abrazados. Yo escondía mi cabeza en su pecho y el me acariciaba el pelo. Debíamos llevar así horas. Pero, ¿qué importaba? Cuando estaba con él los días se convertían en segundos. No hablábamos, sólo nos mirábamos, nos acariciábamos, nos besábamos… Las sensaciones más maravillosas del mundo. Y el me susurraba al oído, con esa voz tan dulce que tenía. Y yo me sonrojaba, y me reía, y volvía a besarle, azorada pero feliz, más feliz de lo que nunca había sido. Rogaba para que aquel momento no terminase nunca, para que pudiésemos quedarnos así toda la vida, que ojalá siempre me quisiese tanto como yo a él, que no se apartara de mí, que me ayudara como mi mejor amigo, y me protegiera. Y cuando me miró a los ojos, esbozó esa sonrisa, y me besó, cerré los ojos, dejándome llevar, queriéndole más que nunca, agarrando fuertemente su mano, y deseando que todo aquello fuera real.

Cuando me desperté supe que nada de lo que había soñado era real. Todo un sueño, un sueño maravilloso y fantástico, una fantasía, la mía, que nunca se haría realidad.

Era de noche ya y hacía frío, mucho frío. Ese frío de invierno, que te congela hasta la punta de los dedos, que te hace temblar y desear beberte una taza de chocolate caliente. Pero no temblaba por eso. Sentada en aquel banco, mientras las hojas de los árboles querían decirme algo pensaba en él. Y en todo lo que había pasado. O en lo que no había pasado. En lo que nunca pasaría. Definitivamente pensaba en él. Y cada vez que lo hacía, ese frío invernal se metía dentro de mí y me hace estremecerme, ponía mis pelos de punta y hacía que tuviera más ganas de encerrarme en mi habitación y no volver a salir nunca. Pero estaba allí, a miles de quilómetros de mi casa, frente a su casa, perdida en la gran ciudad, con poco dinero en el bolsillo y demasiadas esperanzas en el corazón. Aquello había sido una locura. Una de tantas ,claro, pero no me iba a echar atrás, no ahora. Busqué su nombre en la agenda del móvil y llamé. Vi como se encendía una luz en la casa. Mi corazón dio un vuelco.

- ¿Diga?

Contestó al teléfono como lo recordaba. Tan natural, tan espontáneo, con aquella simpatía natural y con aquella voz tan dulce. Me quedé callada al otro lado, sin saber qué decir.

- ¿Hola? ¿Hay alguien?

No sabía qué decir, qué hacer. Cómo reaccionaría él, cómo lo haría yo…

- Si esto es una broma no tiene ninguna gracia, así que voy a colgar…

- ¡No cuelgues!

Reaccioné sin pensar. Y ya no había vuelta atrás.

- ¿Quién es? –noté la inquietud en su voz.

- Soy yo. –esperaba que reconociese mi voz.

Se hizo el silencio al otro lado del auricular. Oí el jadeo de un risa y entonces noté como volvía al teléfono.

- Perdona, es que no escuchaba nada y me he enfadado un poco. ¿Cómo es que me llamas por teléfono? Habría sido mejor hablar por chat.

- No puedo usar el chat. No estoy en casa. Y necesitaba decirte algo muy importante.

- ¡Eh, no me digas que al final vas a venir! ¡Será genial, quiero enseñarte toda la ciudad!

- Ya estoy aquí.

Mi voz sonó asustada, pero segura. En el momento en que lo dije quise volver a atrás, pero sabía que ya era imposible. Tenía que decírselo. Era ahora o nunca.

- ¿Quieres decir aquí en la ciudad? ¡Cómo no me lo habías dicho! ¿Hace mucho que llegaste? ¡Oh, estoy deseando verte!

- Mira por la ventana.

- ¿Qué mire por la ventana? ¿Qué quieres decir…?

Su frase quedó inconclusa cuando me vio en la calle. Su cara de sorpresa no era mayor que la mía de asustada.

- Por favor, no cuelgues, y no salgas, sólo quiero decirte algo y me iré.

Vi su expresión de sorpresa se iba haciendo mayor pero aún así asintió y no dijo nada.

- Cuando nos despedimos en verano y volvimos a nuestras casas, noté como si me faltase algo. Me sentía extraña no levantándome todos los días y desayunar contigo, o no acostarme sin que antes me dieras las buenas noches. Han sido tres meses muy raros. Pero sobre todo ha sido así porque no te dije algo muy importante y es algo que no se puede quedar dentro de mí, porque me está destrozando día a día.
> Desde el primer día que te conocí me pareciste alguien increíble. No sólo porque seas divertido o inteligente, sino por tu manera de ver el mundo, de entenderlo. Nunca había conocido a alguien como tú y eso me atrajo de una manera que no puedo explicar. Y en esas semanas que vivimos juntos me fui acostumbrando a ti. A ver tu sonrisa a todas horas, a escuchar tu risa, a tus abrazos, a escuchar canciones juntos… Fue lo mejor de ese viaje, te lo juro, y doy gracias al día que decidí hacerlo. Pero no es por esto por lo que he soportado dos horas de viaje y miles de quilómetros. Es porque quería decirte que, si me he sentido así durante estos meses, ha sido porque tú no has estado a mi lado, porque he echado de menos cada día tu sonrisa, tu perfume, tus ojos, tu pelo. He echado de menos escuchar tu voz, que parece que se ha convertido en mi sonido favorito. Te echado tanto de menos que ahora que te lo he dicho no sé qué hacer o cómo mirarte a la cara, no sé si quedarme aquí o dar media vuelta y echar a correr. No sé si vas a reirte de mí o a llamarte loca. No sé si querrás seguir hablándome o no. Sólo sé que te quiero, y que te he querido durante estos tres meses y que he deseado cada día que tú también me quisieras.

Me quedé sin aliento y noté como se me formaba un nudo en la garganta. No era capaz de mirarle. No quería ver la burla en su cara, la sensación de haber hecho el rídiculo. Colgué el teléfono y di media vuelta. De repente noté como sobre mí empezaba a llover, y pensé en la ironía del momento, de cómo el cielo lloraba en mi lugar. Entonces note una mano agarrándome, haciéndome dar la vuelta y le vi delante de mi, tan guapo como lo recordaba, empapado por la lluvia y mirándome con aquellos ojos que tanto había echado de menos. Y de repente me besó, después de tres meses de noches en vela, de lágrimas y de dolor, me besó y me sentí la persona más feliz del mundo.

Y siguió lloviendo toda la noche, pero, si en aquel momento, el cielo lloraba, no eran lágrimas de tristeza, sino de alegría.

Aquella noche le veía más guapo que nunca. Quizás era el saber que probablemente sería la última oportunidad que tendría de bailar con él, de tomar algo con él, coger un metro de madrugada. Pero esa noche deseaba más que nunca sentirlo a mi lado.

Todo empezó como siempre. Primero unas cervezas, luego unas copas, y cuando estábamos ya animados decidimos brindar por aquella experiencia maravillosa. Y luego bailamos. Todos juntos, en parejas, solos, de tres en tres, dando gritos, saltos, riendo, llorando… Y recuerdo ese momento en el que deseé morir, cuando le vi bailando con ella, tan cerca, con tanta química, riéndose, agarrando su cintura. Recuerdo cuando me di la vuelta, y cerré los ojos con fuerza, evitando que las lágrimas salieran de mis ojos. Recuerdo como bajé las escaleras hacia el baño y me escondí en uno de los retretes, y como lloré. Oh Dios mío. Sentí que no le importaba, que todo lo que creía que podía haber pasado habían sido imaginaciones mías. Y entonces oí unas voces al otro lado de mi puerta.

- No, para, estate quieta. Estás borracha, no te enteras de nada – al momento reconocí su voz, con aquel dulce acento.

- Venga, no digas tonterías, sé que lo estás deseando… ¿O me vas a decir que te has acercado a bailar conmigo por que sí? – dijo ella; su voz sonaba totalmente artificial.

- No seas tonta! He bailado contigo por que eres mi amiga, estamos celebrando nuestra última noche de fiesta y quería pasármelo bien, eso es todo. Y ahora vete arriba a tomar el aire.

Oí unos pasos que se alejaban. No abrí la puerta. Me quedé allí, sentada sobre el retrete, tragándome todo el dolor que sentía y conteniendo las lágrimas. De repente, llamó a mi puerta.

- ¿Eres tú?

Era él. Esa voz. No dije nada, me quedé quieta, esperando a que el se convenciera de allí no había nadie. Hasta que oí como suspiraba.

- Sé que estás ahí. Así que, si no quieres abrirme, tendré que hablarte a través de una puerta. –hubo un momento de silencio en el que seguí callada- De acuerdo. He visto tu cara hace un momento. Cuando estábamos bailando. Y te he visto irte, y he querido venir para saber que te pasaba. Y sólo espero que estés triste por que mañana nos volvemos a casa. –volvió a hacer una pausa- Pero, de todas formas, quiero decirte algo. Y es que para mí, la mejor experiencia ha sido conocer a alguien tan especial como tú.

Abrí los ojos de par en par y me acerqué a la puerta apoyando mi cabeza en ella, escuchando atentamente.

- Este tiempo me ha servido para conocerte mejor, y nunca pensé que en sólo tres semanas fuera capaz de llegar a importarme tanto una persona. Cada vez que tú sonreías sentía que yo también debía sonreir, cada vez que nos sentábamos juntos y compartíamos la música sentía como si en el mundo sólo existiéramos tu y yo, cada noche cuando te ibas a acostar y te despedías de mi deseaba que la noche fuera eterna y que pudiéramos dormir el uno al lado del otro. Y sé que es ridículo, por que nos separan países y quilómetros, pero sé que no quiero perderte, no por lo que creas que hayas visto, por que creas que no siento nada por ti, por que, te juro que, en este momento, haría lo que fuera para que no llegara mañana y tener que decirte adiós.

Y lo dijo tan seguro, tan sincero, con tanta dulzura, con la voz cargada de sentimiento que al abrir la puerta, sólo pude lanzarme a sus brazos, y hundir mi cabeza en su pecho, y besarle hasta que se acabara la noche, e inhalar su perfume, y reír y llorar hasta el final, y saber que, por una noche, él y yo estuvimos juntos.