"Para ti, que llegaste de repente y cambiaste el argumento de esta historia y el de mi vida."

miércoles

Solamente una vez en la vida encontrarás a alguien que sea capaz de darle la vuelta a tu mundo. Le contarás cosas que no habías compartido con nadie, y escuchará todo, y estará dispuesta a más. Compartirás tus esperanzas de futuro, los sueños que nunca se cumplirán, las metas que no alcances y las desgracias que te ha dado la vida. Cuando algo maravilloso pase, no podrás esperar a contárselo, sabiendo que compartirá tu alegría. No se avergonzará de llorar cuando estés mal, o de reírse contigo cuando estés loco de alegría. Nunca te herirá tus sentimientos, ni te hará sentir que no eres suficiente, preferirá estar a tu lado y enseñarte las cosas que te hacen especial y maravilloso. Nunca habrá presión, celos o competición, sino una completa calma. Podrás ser tu mismo y no preocuparte de que pensará, pues te querrá por lo que eres. Las cosas que para la gente parezcan insignificantes como una nota, una canción o un paseo se convertirán en tesoros que guardarás en tu corazón para siempre. Los recuerdos de tu infancia volverán y te sentirás joven otra vez. Los colores parecerán más brillantes. Reírse será parte de la rutina diaria cuando antes era algo anormal o no existía. Una llamada o dos durante el día te ayudarán a superar una dura rutina de trabajo y harán que sonrías. En su presencia no habrá necesidad de hablar, y hallarás agradable el hecho de tenerle cerca. Las cosas que antes nunca te habían interesado se volverán fascinantes, porque sabrás que son importantes para esa persona tan especial para ti. Pensarás en ella en todo momento. Las cosas sencillas te recordarán a ella. Abrirás tu corazón sabiendo que hay una posibilidad de que se rompa algún día, y así, experimentarás un amor con lo que nunca habías soñado. Encontrarás que ser vulnerable es la única manera en la que tu corazón podrá permitirse sentirse realmente agradecido. Encontrarás la fuerza sabiendo que tienes un amigo verdadero y, posiblemente, un compañero del alma que te será leal hasta el final. La vida parecerá completamente diferente, excitante y maravillosa. Tu única esperanza y seguridad está en saber que forma parte de tu vida.

martes

Puede que no seas el primero, el último o el único. Pero si ya ha amado antes, puede que vuelva a hacerlo. Y si te quiere, ¿qué más importa? No es perfecta – tú tampoco lo eres- y puede que nunca seais perfectos el uno para el otro, pero si ella es capaz de hacerte reír, piénsatelo dos veces, y admite ser humano y cometer errores, abrázala y dale lo mejor de ti. Puede que no piense en ti cada segundo del día, pero te dará una parte de ella que sabe que puedes romper: su corazón. No la hieras, no intentes cambiarla, no la analices y no esperes más de lo que puede darte. Sonríe cuando te haga feliz, hazle saber que te vuelve loco, y échala de menos cuando ya no esté.

jueves

Acariciaba mi pelo lentamente, al tiempo que tarareaba nuestra canción. Cómo me gustaba aquella sensación. Sentía que mi cuerpo no estaba en la tierra, sino a miles de kilómetros por encima de ella. Sentía vibrar cada fibra de mi cuerpo a cada caricia que el me daba. Era mi sensación favorita. Y cuando se acercaba a mi oído, y con aquella preciosa voz me susurraba, oh, creía ser capaz de tocar el cielo con la punta de los dedos. Pero lo más bonito de todos eran sus besos. Los tiernos y vergonzosos en la mejilla, los dulces y románticos en los labios, o aquellos con los que conseguía hacer que me olvidara hasta de mi propio nombre. Y recuerdo perfectamente cada uno de sus besos. El primer beso, apasionado y reprimido durante tanto tiempo, y todos los que siguieron después. Cada uno diferente, cada uno mejor. Cada uno con más sentimiento que el anterior. Qué adicta me volví a aquellos labios, y cuánto echo de menos sentirlos sobre los míos.

sábado

Cuantas veces hemos deseado borrar un día, un instante, un momento, hasta un año de nuestras vidas, borrarlo todo y vaciar nuestra memoria. Cuantas veces deseamos volver a ser niños, vivir todo de nuevo, recuperar lo que se fue o dejar que el tiempo ponga las cosas en su lugar. Algunos simplemente no esperan nada del tiempo. Da lo mismo regresar o avanzar, simplemente renuncian a que el tiempo continúe su paso y se marchan con lágrimas y un largo adiós. Si deseáramos en algún momento perder completamente la memoria y plegarnos a la frase "comenzar de nuevo"... ¿cuántas cosas nos perderíamos? Perderíamos el calor del primer beso y la sensación de aquel amanecer que fue perfecto. La nostalgia por amores pasados y la inocencia con la que nos entregamos a lo desconocido esa primera vez. Quedarían atrás los amigos que iban a ser eternos, las cartas que nos hicieron llorar, la primera o última vez que vimos a un gran amor, los brazos más cálidos, el día que pensábamos que se iba a caer el mundo, el dolor más hermoso, la sonrisa más esperanzadora, el nacimiento del sentimiento más puro. ¿En realidad comenzamos una vida nueva o matamos otra llena de bellos recuerdos? Dejamos una vida y un presente que nos da infinitas oportunidades para soñar con un futuro perfecto que no existe o un pedazo de cielo donde no sabemos que nos espera.

miércoles

Cada vez que escuchaba esa canción las lágrimas inundaban mis ojos. Aquella canción que me arañaba el corazón, que me ponía los pelos de punta y que tantas veces habíamos escuchado, uno al lado del otro, dejándonos invadir por la letra y pensando que ocurriría. Cada vez que cerraba los ojos podía verle a mi lado, tan guapo como la primera vez que le conocí, haciendo que mis mejillas se tornasen rosas por la vergüenza, haciendo que mi corazón latiese a mil por hora, haciéndome sentir tan especial. Podía recordar todos los lunares de su cara, el número y el lugar exacto donde se encontraban. Sentía sus ojos mirándome, brillando como cuando uno está perdidamente enamorado. Incluso recordaba como pronunciaba mi nombre, con ese desparpajo y la gravedad de su voz. Era el sonido más bonito del mundo. Y tenía aquel perfume grabado en mi mente, como cuando se sentaba a mi lado, se apoyaba sobre mi, y aquel olor me embargaba y me hacía pensar en él.

Cada vez que escuchaba aquella canción notaba un pinchazo en el estómago: el sentimiento de saber que, probablemente, nunca le volvería a ver.

jueves

Podríamos empezar por mirarnos a los ojos durante horas, te juro que me encanta perderme en ellos y no encontrar el camino de vuelta. O si lo prefieres podría dibujar en mi mente una y mil veces tu cara, que me la conozco de memoria. Aunque, para serte sincera, preferiría cogerte la mano y no soltarla nunca, para así poder sentir el contacto de tu piel y saber que va a estar siempre ahí.


viernes

La primera vez que fui sola al cine sentía vergüenza. Veía a las parejas comprar su entrada, a los grupos de amigos riendo y comiendo palomitas; parecía que todo el mundo me miraba. La verdad es que ya lo he superado, siempre he sido una persona solitaria. Pero cuando apagan las luces y hay una escena que me emociona y lloro o una en la que me parto de risa, tengo la manía de mirar a mi lado, y una vez tras otra, siempre me encuentro el mismo paisaje desolador: un asiento vacío. Lo cierto es que si no compartes esos momentos , parece que no los hayas vivido.

miércoles

Había ensayado aquella situación millones de veces en mi cabeza. Y en todas yo salía ganando. Pero después de dos años, había olvidado lo débil que me volvía cuando él me miraba con esos ojos azules. Estaba más alto, incluso parecía ya un adulto, se había cortado el pelo, de forma que ya no le caía en bucles a ambos lados de la cara, estaba moreno, y sonreía. Pero había algo que no había cambiado: sus ojos. Eran tal y como los recordaba. Azules y pequeños, con forma de avellana, con sus largas pestañas y brillando de aquella forma tan especial. Y allí estaba yo, de la manera que nunca hubiera deseado que me viera: sola, con chándal, gafas y un moño mal hecho. Cuando le vi torcer la esquina, mi corazón se olvidó de latir durante unos segundos. Unos segundos en los que ambos nos miramos, entre sorprendidos y contentos, unos segundos en los que, todos aquellos recuerdos empezaron a volver a mi cabeza en tropel, a toda prisa, queriendo recordarme que seguían escondidos en algún lugar de mi corazón. Y cuando estuvimos el uno frente al otro, nada de aquello importó. No dijimos nada, y él siguió caminando, rozando su brazo contra el mío, haciendo que cada fibra de mi cuerpo temblase, dejando que aquel perfume me embriagase, dejándome paralizada, sin saber qué hacer o decir. Pero siguió caminando, no paró, no dijo nada, ninguna palabra que pudiera hacernos pensar que volveríamos a mirarnos como en aquellas tardes de verano, ninguna señal que me hiciese pensar que en aquellos ojos azules aún había un brillo que era para mí. Y caminó, sin parar, dejándome allí, sola, con el corazón hecho pedazos, con las lágrimas cayendo de mis ojos y rodando por mis mejillas, y con aquel sentimiento aún latente. Y me maldije a mí misma por no haber aprendido a dejar de quererle.

Querida Nonna,

Llevaba tiempo pensando en cómo empezar esta carta, buscando alguna manera especial y distinta que la distinguiera de las demás. Pero no la he encontrado. Así que simplemente me limitaré a contarte todo lo que está pasando.

Hace ya dos semanas que te fuiste, catorce días, catorce noches en las que al cerrar los ojos no hacía más que acordarme de el último día que te vi sin saber que ya nunca más volverías a reñirme, a corregirme, a reirte conmigo… Y aún no me acostumbro. Y sé que era lo mejor, por que tú no merecías seguir sufriendo, no merecías llevar una vida basada en médicos y preocupaciones. Pero soy egoísta, y me gustaría tanto que siguieras con nosotros.

Por que, después de pasar estos 19 años juntas, aún no sé como decirte adiós. Y quizás es porque no quiero aceptar el hecho de que, cuando entre en tu casa, no estarás sentada en tu butaca, con tu mantón echado sobre los hombros esperando recibir un beso. Y me duele, me duele mucho, pensar en todo lo que ya no vas a ver, las cosas que te vas a perder, las Navidades que no vamos a compartir, los primeros pasos de Vera, los cincuenta de Edi… Has compartido toda mi vida, eras un motor dentro de ella, y ahora mi energía no es capaz de recuperarse.

Y quiero decirte gracias, gracias por todo. Gracias por toda la sabiduría que me has dado, que nunca nadie llegará a superar; gracias por todas tus historias, por compartir tus recuerdos conmigo, fueran tristes o alegres; gracias por haber sido una abuela distinta, porque eras discreta, y siempre me guardabas los secretos. Pero sobre todo, gracias por lo que me has enseñado, gracias porque, gracias a ti, he aprendido algo que nunca olvidaré, y es las ganas de luchar. Tú has luchado toda tu vida contra todo, sabiendo que si lo hacías, conseguirías lo que querías. Y eso es lo más valioso que yo me llevo de ti, Nonna.

Así que, ahora, estés donde estés, allí arriba, espero que estés observándonos, y que te des cuenta el hueco que has dejado, y que nunca nadie sustituirá, y que nos cuides a todos, y que algún día, vengas, y te despidas, pero no con un “adiós”, sino con un “hasta luego”. Por que si dijera adiós, sería como borrar todos aquellos recuerdos que me has dado. Así que sólo cerraré los ojos y me acordaré de que compartiste algo conmigo, y que, aunque de una forma, no pueda, yo te estaré abrazando todas las noches, dándote un beso antes de irme a dormir, y, una vez más, agradeciéndote todo lo que has hecho por mi.

Te quiero muchísimo, y te echo mucho de menos,

Irene

sábado

Cuando a veces las hojas de papel y el lápiz con el que solías escribir dejan de ser útiles, es mejor explicar con tu propia voz la verdad que tanto tiempo habías escondido.