"Para ti, que llegaste de repente y cambiaste el argumento de esta historia y el de mi vida."

sábado

- ¿Sabes? -me miró de soslayo, con esa mirada suya que tanto me gustaba-. En el fondo siempre lo he sabido, pero creo que me daba miedo admitirlo.

Alargó su mano y la apoyó sobre la mía. Le miré interrogante.

- ¿De qué hablas?

Sonrió. Como siempre, se me paró el corazón.

- ¿Recuerdas cuando las Navidades pasadas me dijiste lo que sentías por mí...? -dejó la pregunta en el aire.

Agaché la cabeza, sonrojándome. Claro que me acordaba, y era un recuerdo que me hacía muchísimo daño.

- En aquel momento pensé que no me importaba nada lo que tú sintieses, y así fue hasta que en verano, vi esas fotos que tenías con un tío... Quise pegarle una paliza.

Le miré, abriendo mucho los ojos.

- ¿Y eso por qué? Tú estabas con tu novia, ¿no? Y se supone que daba igual que yo estuviera enamorada de ti...

Se rió y sacudió la cabeza.

- Eso mismo pensé yo. Pero en aquel momento, me paré a pensar, en aquellas dos semanas que habíamos pasado juntos, todo lo que habíamos compartido... Y me di cuenta de que no quería perderte.

Se acercó a mí.

- Ahora lo sé, he tardado un año en darme cuenta, pero ahora sé que, pase lo que pase, quiero estar contigo. Y es por que te quiero.

Acercó su rostro al mío y, después de tanto tiempo, me besó. Y fue lo único que me importó, a pesar de que sabía que aquello era sólo un sueño y que, en cuanto nos separasemos, todo desaparecería, y nada de eso habría sido real.

- Feliz cumpleaños, con un par de meses de atraso -sonrió.

Y entonces, me desperté.

martes

Hoy es tu cumpleaños. Es tu día. El día en el que te haces mayor de edad, el día en el que sólo tú importas. El día en el que me gustaría estar a tu lado y poder tirarte de las orejas y felicitarte. Pero sé que es imposible, que estás muy lejos de aquí, y que lo más seguro es que no nos volvamos a ver. Así que, aquí está, mi pequeño regalo de cumpleaños: contarte porque eres tan especial para mí. Y supongo que debo empezar por el principio...

Fue hace ya un año, en verano. Era por la mañana, estábamos en la playa, haciendo unas pruebas cuando, por casualidad, comenzamos a hablar. Fue esa primera vez que vi tus ojos azules que supe lo importante que serías para mí.
Eras la persona con la que mejor me llevaba. Nos reíamos muchísimo, siempre con nuestras bromas. Doce días, solamente. Los mejores doce días de mi vida porque los pasé a tu lado.
Los días se me pasaban volando a tu lado, y cada vez que pensaba en volver a mi casa, notaba un fuerte dolor en el pecho. No quería que aquella amistad terminase nunca.
Intenté forjar una muralla dentro de mí, pero fuiste más fuerte que yo, y conseguiste colarte dentro de mi corazón.
Cuando me di cuenta de lo que estaba pasando, intenté borrarte de mi mente, sacarte de mi corazón, luché contra aquella que había empezado a nacer. Pero no pude remediarlo.
Imaginé tantas cosas... pero ninguna se hizo realidad. Tú y yo éramos sólo un producto de mi imaginación, nada más. Nunca llegaríamos a caminar juntos de la mano, nunca llegaríamos a besarnos, nunca llegaríamos a susurrarnos palabras cariñosas...
Día a día, me fui enamorando de ti. Sé que pensarás que soy rara, por que fue tan rápido todo, tan fugaz, que ni siquiera recuerdo cuando acepté el hecho de que lo único que quería era estar a tu lado.
Acabó el verano, y con ello, aquella amistad que en doce días me habían hecho enamorarme de un chico tan increíblemente especial como tú.
De repente, todo había acabado. Cada uno por su lado, cada uno su instituto, sus amigos, sus problemas...
Entonces me di cuenta de una cosa: no quería perderte. Y me arriesgué, por que tú me habías dicho "El que no arriesga no gana"; y yo me arriesgué, y perdí. Perdí tu amistad, perdí hablar contigo, perdí pasar aunque fueran cinco minutos a tu lado, perdí mirarte a esos ojos azules e imaginarme como tantas otras veces que tú sentías lo mismo por mí. Perdi mucho.
Sin embargo, un año después, no me arrepiento de nada. Hace un año tú no sabías nada, y hoy lo sabes todo. Pero para mí, lo más importante, es que tú seas feliz. Y si tú eres feliz con otra persona, a mi me da igual. Si eres feliz viviendo tan lejos a mi me da igual. Por que, lo único que he deseado durante este año, es que tú seas feliz.

Y ya está, se acabó. Esta es mi felicitación de cumpleaños. No es mucho, pero tampoco es nada. sólo quiero que sepas lo que has significado para mí. Gracias por hacerme entender tantas cosas.

Feliz cumpleaños, ojitos azules.
Abrí los ojos lentamente. Una luz blanca me cegó. Parpadeé un par de veces hasta que, por fin, me acostumbré. Estaba acostada en una cama que no conocía, en una habitación que tampoco conocía y a mi lado, sentado en una silla estaba él. Dormía profundamente. Sus brazos estaban sobre la cama, y su cabeza apoyada en ellos. Alargué mi mano para acariciarle el pelo. Se revolvió en sueños, pero no se despertó. Deslicé mi mano hasta apoyarla sobre su mejilla: tenía la piel muy fría. Le miré enternecida. ¿Cuánto tiempo debía de llevar a su lado?
Con cuidado le cogí la muñeca izquierda, en la que llevaba un reloj, y miré la fecha: lunes. Habíamos tenido el accidente el domingo por la mañana. Suspiré y me acomodé en la cama, sin soltar su mano.
Habíamos quedado para vernos, después de diez meses sin tener noticias el uno del otro. Cuando le vi al otro lado de la calle, no pensé en nada. Sólo pensé en él, en sus ojos azules, en su sonrisa, en sus rizos de color trigo, en su perfume… Crucé la calle, sin mirar si venía algún coche. Y lo único que recuerdo es el sonido de un claxon, sus ojos azules atemorizados y un fuerte golpe.
Examiné mi cuerpo, pero sólo encontré un par de moratones en las piernas y un corte en el brazo. ¡Qué suerte había tenido!.
De repente, alguien agarró mi mano. Giré la cabeza y le vi. Había despertado. Me miraba fijamente, con sus ojos azules empañados en lágrimas. No tuve tiempo de reaccionar; se tiró sobre mí y me besó. Nunca me había sentido así, tan viva, tan contenta, con tantas ganas de vivir. Eran aquellos besos suyos, no había duda.
Cuando nos separamos, él seguía llorando. Le miré fijamente. Tenía la cara muy pálida, blanca como el papel, unas ojeras muy marcadas y una expresión de dolor que me asustó. Me incorporé y le abracé. Él hundió su cabeza en mi pecho y comenzó a sollozar.
- Ey, estoy bien, ¿ves? No ha pasado nada, todo va a salir bien, estamos juntos, por fin –le dije cariñosamente.
Pero él no paraba de llorar. Y cada vez con más ganas, con más angustia, con más dolor. Le cogí el rostro con ambas manos y le obligué a mirarme. Pero de pronto, noté como si, entre mis manos, no hubiera nada más que aire, sólo era una sensación, sentía su piel en mis palmas, pero no lo podía tocar.
Sus ojos azules me miraron.
Lo siento, lo siento mucho… Lo hice para salvarte. Te vi allí, en medio de la carretera, ese camión enorme yendo hacia ti… Sólo quería protegerte y sin embargo… -su voz se quebró.
Y, de repente, lo entendí todo. Yo estaba sana y salva. Y lo estaba porque él había arriesgado su vida para salvar la mía.
Sentí como mi corazón se rompía en mil pedazos, e intenté retenerle a mi lado. Pero su imagen se iba difuminando cada vez más.
- Te quiero mucho –su voz sonó lejana, casi como el sonido del viento-. Adiós.
Y entonces, se fue. Ya no estaba a mi lado. Su imagen desapareció y sólo sentí en mis manos el rastro de su tacto, de su piel, de aquel perfume. Y cerré los ojos, y vi sus ojos azules mirándome. Y, entonces, me dormí para siempre, con aquella mirada del color del cielo a mi lado.

viernes

Te has ido. Al final, lo has hecho. Ni un mensaje, ni un “bueno, ya nos veremos”. Nada. Te has marchado, 500 km lejos de mí, y ahora sé que esto nunca debió empezar. Ahora sé que no ha valido la pena arriesgar por ti, que no ha servido de nada intentar mantenerme visible ante ti. Para ti, yo no he significado nada. ¿Y sabes qué es lo peor de todo?. Que duele, duele muchísimo. Al enterarme ni siquiera he reaccionado. Me he quedado parada, y de repente lo he entendido y todo se ha roto en mil pedazos. Pero ésta ha sido la última vez que lloro por ti, porque de ahora en adelante, tú no eres nadie para mí. Adiós, hasta nunca.



“Gracias por curarme de mi ridícula obsesión por el amor.”

miércoles

- Espera, ¿de verdad piensas lo que has dicho?
- Sí. Cuando tu tío me echó yo...
- ¡¿Qué?! ¿Que te echó? ¿No llegasteis a...?
- ¿Por qué te sonríes?
- ¡Porque no pasó nada!¡Todo esto es por nada!
- No, no es por nada, no lo hice, ¡pero lo habría hecho!
> Quiero lo que tienen Dorota y Vanya: amor de verdad. Amor puro y simple.
- Te aburrirías a los cinco minutos.
- Mejor aburrida que avergonzada de mi misma.
> Haría cualquier cosa por ti, pero ¿y si eso es malo?. Nunca pensé que fuera posible querer demasiado a alguien pero puede que sí. No me gusta en lo que me he convertido.
- Espera, Blair, no me dejes tirado, tenemos que llegar hasta el final.
- Éste es el final, Chuck.

jueves

¿Sabes qué es lo que quiero? Quiero alguien que esté a mi lado hasta cuando nadie sea capaz de estarlo, que me entienda incluso cuando yo no me entiendo, que por las mañanas, al levantarme, me diga lo guapa que estoy. Alguien con quien compartir la pasta de dientes, alguien que me mire, que se eche mucha colonia, que sea alegre y divertido, que sepa contar los días de la semana con los dedos de los pies y no con los de la mano; alguien que al acostarse me dé las buenas noches, alguien que cuente las estrellas por mí. Alguien que teclee muy rápido, que huela a lluvia y a quien le guste el chocolate tanto como a mí, que se ría cuando me ponga celosa, que me preste sus camisas, que use gafas de sol. Alguien a quien le gusten las películas de terror, alguien que me bese bajo la lluvia y me refugie bajo su paraguas, alguien que compre una botella de fanta para compartir, que me escriba cartas en color rojo, que use gorros, alguien que adore a los perros tanto como yo, que duerma en calzoncillos, que no se depile las piernas, que le guste leer. Alguien que en las noches de tormenta me abrace muy fuerte, alguien que escuche la música de los 70, alguien que se siente en el sofá con una manta, alguien que se lave 5 veces al día los dientes, alguien que me lea un cuento antes de irme a dormir, alguien que cuando me ponga histérica me grite, que juegue a la consola, que lleve una pulsera y que use boxers. Alguien que en los días que estoy fea me diga que estoy preciosa, alguien con quien viajar a Londres, alguien que me eche crema solar, que le gusten los polos de fresa. Alguien que llore conmigo, que me sonría, que me grite, que me cante, que me componga una canción, alguien que me provoque fiebre. Alguien que unte la tostada con mantequilla y mermelada, y luego me la deje morder, alguien que use sudaderas anchas, alguien a quien le guste el color verde, que fume, que le guste la historia, que sepa hablar italiano. Alguien que se quede dormido viendo los programas del corazón, alguien que compre el periódico todos los domingos, que le guste el vodka con limón, que esté guapísimo con esmoquin. Alguien que tenga miedo al fuego, que le guste el campo, que masque chicles de menta, alguien a quien le guste caminar por la playa, los niños pequeños y las pizzas. Alguien con quien compartir secretos, alguien que de vez en cuando me llame ‘’princesa’’, alguien que llore, que toque el piano, que tenga la voz grave y se le note la nuez. Alguien que beba el agua a morro de la botella, alguien que odie el pescado, que use calcetines de colores, que me mire a los ojos, que se bañe con mucha espuma, que le guste la fotografía. Alguien que tenga las manos bonitas, que me de besos de esquimal, alguien que cierre los ojos y siga viendo. Alguien que sea olvidadizo, torpe y no tenga vergüenza a cantar en público. Alguien a quien le gusten los besos en la oreja y que le susurren al oído, a quien le guste la filosofía y que entienda a Platón, alguien que sepa hacer tartas. Alguien que cada día me haga saber que me quiere.

lunes

Un año. Ya ha pasadoun año. Es increíble, ¿verdad?. Ha pasado un año desde el día en el que te conocí. Y te prometo que recuerdo ese día como si lo estuviese viviendo ahora mismo. Era por la mañana, y estábamos en la playa, haciendo las pruebas, de repente tú mencionaste lo fácil que parecía y comenzamos a hablar. Y te juro que, cuando, por primera vez, puse mi mirada en tus ojos azules, supe que ya nunca podría borrarlos de mi corazón. Puede que suene cursi, romántica o infantil, y seguramente esos sean los tres adjetivos que mejor me definan, pero es así, y no puedo evitarlo.
Durante todo este año he pensado en ti, he llorado por ti, me he reído contigo, he escrito sobre ti, me he acordado de ti, he soñado contigo... Y ha sido un tiempo que he perdido. Aún no soy tan valiente como para mirarte a esos ojos azules y decirte lo que te dije en Navidad, en un mensaje, simples palabras que no tuvieron valor alguno para ti. No he sido capaz de ponerme frente a ti y decirte que estoy enamorada de ti, que te quiero y que quiero pasar contigo el resto de mi vida. Suena antiguo y estúpido, lo sé, pero nunca me he considerado una persona moderna, que no cree en el amor y que prefiero coquetear con un tipo cada día. Para mí, el amor existe, y sé que todos tenemos una media naranja esperándonos en algún sitio.
Durante este año, durante estos 365 días he creído que tú eras esa persona especial, mi media naranja, pero hoy, un año después, me he dado cuenta de que no vale la pena seguir pensando en ti. Simplemente por que alguien que te ignora durante nueve meses no puede ser mi alma gemela, estoy segura.
Ojalá nunca te hubiera conocido, ojalá. No habría desperdiciado todo este tiempo pensando en que un año después, tus ojos azules brillarían por mí. Nunca más volveré a pensar en ti, ya no.
Adiós.


viernes

Yo elegí quererte y todas las consecuencias que eso conlleva, elegí que tu fueses la persona que llenase mis días de sonrisas, elegí que tu olor era el que mejor le venía a mis sabanas, yo elegí que me comieras a besos, elegí también tu voz al otro lado del teléfono. Elegí llorar por ti de vez en cuando, elegí creerme tus verdades y creerme a medias tus mentiras. Elegí que no quería otros abrazos, que no quería otras manos agarradas a las mías, que no quería ver por la mañana otra cara que no fuese la tuya. Elegí nuestro mes del año y nuestro día del mes. Elegí que tú fueras mi locura y mi cordura, elegí llenar el silencio de la noche de nuestra risa. Elegí las idas y venidas, las despedidas. Elegí la impotencia, la incertidumbre. Elegí el miedo a fallar y los impulsos, elegí las miradas, elegí temblar, elegí hacerme adicta a sus palabras, al corte de tu voz. Elegí conservar intacto cada momento, y dejar huella de lo que algún día fue. Elegí que mi mayor hobby era verte dormir entre sabanas blancas, elegí no callarme nada, elegí darte todo, elegí hablar de nosotros cuando hablaba de ti, elegí ser fuerte y luchar por un solo motivo. Elegí darte todas mis oportunidades, elegí quedarme con tus manías, tus defectos y tus carencias. Elegí la pasión a gran escala, elegí estremecerme solo y únicamente con tus caricias, elegí no ponernos límite. Elegí el sabor agridulce de las discusiones que acababan en abrazo, elegí derrumbarme cuando ya no aguantaba más, elegí encontrarte en lugares donde nunca estarías, elegí seguir queriéndote aún enfadados. Elegí arriesgar y jugármela por ti. Y no me arrepiento de nada.

jueves

- Ojalá no nos hubiéramos conocido, nada de esto habría pasado...
- Pocahontas, mírame. Preferiría morir mañana que vivir cien años sin haberte conocido.

- Quiéreme, ¿capaz o incapaz?
- Capaz, por quererte iría hasta el mismísimo infierno